Nada menos que el homagno en el escenario

AYER Y HOY: MIRANDO A CUBA

Nada menos que el homagno en el escenario

  • Para la grey menuda, una lección de democracia. Foto del autor
    Para la grey menuda, una lección de democracia. Foto del autor

Bebé, un niño simpático y travieso, prefiere jugar y sueña con ser el jinete de un ¿inalcanzable? caballo morado.

Su tío Don Pomposo es un ricachón sangrigordo y arrogante. 

Y Raúl, un huerfanito preterido, el pariente pobre de la familia.

Ahí están las esquinas con las cuales alguien armó un triángulo literario impecablemente perfecto.

La Compañía Okantomí  llevó a escena el estremecedor cuento, de José Martí, “Bebé y el señor Don Pomposo”.

Una puesta teatral llena de humor, poesía y música excelente, con preciosos muñecos y reconocidos actores. *   

Durante el enero próximo pasado, la vedadense Sala Llauradó nos estuvo entregando matutinos obsequios. Los creadores no eran gente de la que se sube a las tablas en pos del aplauso o del visto bueno de los críticos.

No. Hasta allá ascendían —y el verbo está adecuadamente usado— para desgarrarse al traspasarnos un mensaje  conmovedor.

Para este humilde emborronacuartillas fue una experiencia inédita. Y, enseguida, me explico.

En la primera fila de lunetas, me rodeaba una tribu de pequeñuelos. ¡Y yo los vi llorar a moco tendido! (¿Sería una competencia lacrimosa, que se entablaba entre ellos y este pobre gacetillero?).

Pero, queridas comadres, compadres dilectos, hablemos en serio.

Este incalificable team realizador –sobre y detrás de la escena--  nos hicieron legatarios de una ofrenda.

Sí, fueron intermediarios para que recibiéramos una lección inigualable.

Nos mostraron de cerca a El Apóstol, a El Maestro, a El Homagno, que se autollamaba abogado de los humildes, quien decidió echar su suerte con los pobres de la tierra  y quien aquí —con semejante puesta en escena—   nos volvió a regalar una clase magistral de democracia.

*Amanda Oropesa, Ana Rojas (La Mariposita), Elén Montero, Solángel Solano, Tomás Galo Hernández… Con Carlos Padrón, en actuación especial. Y con la mano tan dulce como experimentada de la dramaturga, compositora y directora, que es Marta Rirri Díaz Farré.

 (Hay un largo y, aunque muy meritorio, etcétera omitido, pero el estrangulador espacio periodístico me asfixia. Pienso en tantos chiquillos que subieron a escena y que son –sin abusar del cliché--   auténticas promesas).