“Puerta” y “Llave”: dos enormes símbolos

AYER Y HOY: MIRANDO A CUBA

“Puerta” y “Llave”: dos enormes símbolos

  • Según Fito Páez: “Una llave por una llave y esa llave es mi amor; una llave por otra llave y esa llave es tu amor”. Foto tomada de internet
    Según Fito Páez: “Una llave por una llave y esa llave es mi amor; una llave por otra llave y esa llave es tu amor”. Foto tomada de internet

Sí, no caben dudas: esos dos términos, más que simples denominaciones que designan a un par de artefactos, han terminado siendo  tremendas metáforas, que en el idioma traslaticio adquieren una magnitud que le zumba el proverbial merequetén.

En las páginas de los pensadores abundan ambas entidades. “La educación y la cortesía abren todas las puertas”, nos dice el ensayista escocés Thomas Carlyle. “Las puertas de la sabiduría nunca están cerradas”, comentó Benjamin Franklin, político y científico estadounidense. “Sólo cerrando las puertas detrás de uno se abren ventanas hacia el porvenir” opina Françoise Sagan, la autora de Buenos días, tristeza.

 “Que el verso sea como una llave que abra mil puertas”, deseó Vicente Huidobro, escritor chileno, mientras Jalil Gibran, poeta y pintor libanés, dictaminaba: “El que comparte tus placeres, mas no tus penas, perderá las llaves de una de las siete puertas del Paraíso”. “El día que yo me vaya me llevo la llave de la despensa”, le dijo Isabel II a su hermana, quien aspiraba al trono.

Ambos términos también estarán presentes en el evangelio de  la sabiduría popular, en el refranero: “Arca cerrada con llave, lo que encierra no se sabe”; “Casa con dos puertas, mala es de guardar”; “A la muerte pelada no hay puerta cerrada”; “Ingenuo y muy majadero quien da la llave al ratero”; “Amistades que son ciertas tienen las puertas abiertas”…

Claro, “puerta” y “llave” también harían acto de presencia en esa vertiente cardinal donde nuestra alma se derrama: la cancionística.

Ahí tiene usted al yucateco Miguel Demetrio, desgarrado porque “La puerta se cerró detrás de ti / y así detrás de ti se fue mi amor…”.

O cuando el quisqueyano Juan Luis Guerra ruega: “Yo pido que me des solución / pues tienes la llave de mi corazón…”. 

O a Ana Belén y Víctor Manuel, homenajeando a la Puerta de Alcalá —una de las cinco entradas de Madrid, construida por Carlos III—,  que está “viendo pasar el tiempo”.

O cuando el santiaguero Maximiliano Sánchez, Bimbi, clama en medio de un chaparrón: “Ábreme la puerta, mi negra, que me estoy mojando…”.

Pero hay mucho más. El cantautor cubano  Rodolfo de la Fuente me trae a la memoria a Tata Alfonso interpretando “La llave de los roncos”; a la Orquesta del madrugueño Félix González en “Pacheco y la llave”; a la Orquesta del Teatro Payret en “Te pongo la llave; a Blanca Becerra en “La llave”; a Adolfo Colombo y “La puerta de mi bohío”; a Celia y la Sonora en “Por esa puerta”; a Pedro Luis Ferrer musicalizando los versos de Félix Pita Rodríguez, “Ronda de la puerta del enemigo”; a Machín en “La llave de mi puerta”.

Y, por último, estoy recordando a Fito Páez mientras declaraba: “Nadie puede ni debe vivir sin amor. Una llave por una llave y esa llave es mi amor; una llave por otra llave y esa llave es tu amor”.