Un libro imprescindible

AYER Y HOY: MIRANDO A CUBA

Un libro imprescindible

  • Carlos Padrón Montoya (Santiago de Cuba, 1947) cuenta con prolongada y fructífera trayectoria en ese universo que ahora anda historiando. Foto: Cortesía del autor
    Carlos Padrón Montoya (Santiago de Cuba, 1947) cuenta con prolongada y fructífera trayectoria en ese universo que ahora anda historiando. Foto: Cortesía del autor

Este humilde emborronacuartillas no es, ni de lejos, un experto en dramaturgia. Tampoco —¡Dios me libre!—  un crítico que se mueva en torno al teatro.

Pero no necesito ejercer ninguno de esos dos honrosos desempeños para saber que la obra que entre mis manos tengo —y trata sobre el tema—  es tarea felizmente indispensable.

Para atreverme a sostener el anterior aserto, recurro a los rescoldos de mi memoria, ya mortecinos bajo las cenizas de los años. Acompáñenme.

Hace dos milenios y medio, Confucio dictaminaba: “Estudia el pasado, si quieres pronosticar el futuro”.

Más de veinte siglos atrás, el orador romano Cicerón legó estas palabras: “Quien desconoce lo sucedido antes de su nacimiento, será siempre como un párvulo”.

Mucho más cerca en el tiempo, el compositor ruso Igor Stravinsky dijo terminantemente: “Una tradición verdadera no es el testimonio de un pasado ya recorrido. Es una fuerza viva que anima e informa al presente”.

Ayer —como quien dice—  el escritor argentino Jorge Luis Borges delineaba este párrafo, tan poético como certero: "Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos".

Carlos Padrón, asumiendo una misión a la vez ciclópea y benedictina, estuvo años recolectando las borgianas astillitas de cristal triturado para componer un vitral portentoso: la historia de nuestras artes escénicas inaugurales: Lo que fuere sonará.[1]

El padre de la criatura

Carlos Padrón Montoya (Santiago de Cuba, 1947) cuenta con prolongada y fructífera trayectoria en ese universo que ahora anda historiando.

Su historial en la galaxia del arte resulta apabullante. Por eso, sólo escogeré algunos detalles conspicuos.

Licenciado en Historia. Actor, director, escritor, historiador. Estuvo entre los fundadores de Tele Rebelde, del grupo Calibán Teatro del Cabildo Teatral Santiago, de la Casa del Caribe. Tiene muy nutrida hoja clínica en el teatro, el cine, la  radio, la televisión.  Ha dirigido veinte espectáculos teatrales. Jurado en innumerables certámenes (¡hasta uno en Teherán!). Dictó conferencias sobre el teatro, el cine y la cultura cubanos en universidades e instituciones de Cuba, Venezuela, Estados Unidos e Italia. Ha impartido cursos de actuación, teoría teatral, dramaturgia, historia del teatro, panorama del teatro cubano, historia general de las civilizaciones, técnica de dirección de televisión, teoría y técnica del guión televisivo y cinematográfico.

Continuar sería… atolondrar al infeliz lector.

Sólo quiero dejar en acta mi predilección por dos de sus obras teatrales, dedicadas a un par de sus coterráneos santiagueros —a no dudar disímiles—, el general Antonio y La Lupe, en “El huracán y la palma” y “La gran tirana”, respectivamente.

Anótese también en la bitácora esa joyita de nuestra historiografía: Franceses en el suroriente de Cuba, donde aprendimos cómo los fugitivos de la aledaña isla aquí lo revolucionaron todo, lo mismo la agricultura y la música que las variantes para hacer el amor. [2]

Despedida, con un mensaje

Hermano Carlos: Tu reciente libro brinda un gratísimo recorrido, que nos lleva desde los areítos de nuestros indiecitos exterminados hasta Covarrubias, pasando por Carnestolendas y procesiones del Corpus Christi. Excelente ejercicio, pues ya lo dijo Arthur Miller: “El teatro no puede desaparecer, porque es el único arte donde la humanidad se enfrenta a sí misma”.

Persevera en tu empeño de que no se nos corroa de herrumbre la memoria.

 Sí: ¡continúa haciendo patria!

Notas:

[1] Ediciones Alarcos, La Habana, 2018, 2t. El título se remite al de la obra del andaluz Diego del Castillo, presentada en Cuba cuando transcurría 1811. Me confiesa Padrón que la doctora Olga Portuondo le aconsejó no escoger un título con tufo académico, sino más popular.

[2] Ediciones Unión, La Habana, 1997. 2da. edición: 2005.