Cosas que pasan

Cosas que pasan

  • ¿Quién dice que todo está perdido? Foto tomada de Internet
    ¿Quién dice que todo está perdido? Foto tomada de Internet

A veces absolutizamos las ideas, exageramos las circunstancias adversas, y hacemos una lectura ficticia de nuestra realidad.

En muchas ocasiones he oído decir que ahora mismo se han perdido valores, que la ética anda bailando en las nubes, y la solidaridad padece de somnolencia.

Hoy mismo me han ocurrido tres acontecimientos que, luego, al reflexionar sobre ellos, me han obligado a escribir esta crónica.

Hace par de días voy al cajero a ver si tenía dinero en mi tarjeta magnética, porque mis colaboraciones a dos periódicos digitales, este en que escribo es uno de ellos, me la pagan por tarjeta magnética religiosa, es decir, cuando Dios quiera; y por suerte, tenía dinero, es decir, un dinerito, que es lo que pagan. Saqué la platica muy contento y olvidé recoger la tarjeta magnética que se quedó dentro del cajero.

Salí dispuesto a comprar pan y a mitad del camino caí en la cuenta de que no había recogido la tarjeta. Salí disparado, casi corriendo, y cuando llegué había una señora sacando dinero. Le pregunté si no había encontrado una tarjeta dentro de la máquina y me dijo: Mire señor, aquí está su tarjeta. La había puesto a un costado de la máquina. Yo sabía que vendría a buscarla y ellos también, y se refirió a una buena cola que había. Le di mil gracias y salí más contento que Rico MacPato.

Otro asunto es más familiar. Resulta que una de mis hijas que reside en España está de vacaciones en La Habana, junto a mi nieto y su esposo. Y hoy en la mañana llama y me dice: Papá, ¿por qué no vienes a almorzar con nosotros? Mira, alquila un auto que te traiga y yo te lo pago. Mi hija es consciente de la precariedad con que vivimos los escritores hoy.

Entonces llamé a un amigo que se dedica a estas lides y estaba enfermo. Otro muchacho que también ejerce el mismo oficio no apareció, un tercero que un amigo me recomendó tampoco contestó; y me dije, vamos a los taxis amarillos, Llamé a la agencia y me hablaron de demora, y ya estaba atrasado en el tiempo. Salí entonces a la calle a ver si pasaba algo, un taxi amarillo vacío, un almendrón o la madre de los tomates con ruedas. Busqué una sombrita, porque la canícula está insoportable, y me puse a hacerle señas a cuantos carros pasaran. En eso para a mi lado un carro bastante nuevo, con una pareja dentro ya cargada en años, y el hombre me dice: Señor, ¿le pasa algo?

Mire, le dije, es que voy a Miramar, si me pudieran adelantar me harían un gran favor.

No señor, vivimos aquí cerca, pero pensamos que tenía algún problema, por eso nos detuvimos.

Han sido muy amables, les dije, pero no tengo dificultades, solo con el  transporte, les agradezco muchísimo. Y se fueron.

Luego de unos instantes se detiene un taxi amarillo. Mire, le dije, voy hasta Miramar, hasta donde está el Circo Nacional, ¿cuánto me sale el viaje? Para usted a cinco pesos, mire acá, y me enseñó unos grabados en metal, yo soy cristiano y quiero hacer una buena acción con usted. Y como yo me eduqué en colegios cristianos y conozco a profundidad la Biblia, tuvimos una amena conversación mientras duró el viaje.

Cuando llegamos me dijo: pídale a Dios todo lo que le haga falta, verá como todo se le va a resolver.

Gracias, le respondí, y cerré la puerta.

Y entonces ahora me pregunto como antes lo hizo Fito Paez, ¿quién dice que todo está perdido?