El Benny Moré y “Bonito y sabroso”

Natural de Caibarién

El Benny Moré y “Bonito y sabroso”

  • En medio de la multitud aparece el Benny con un bastón en la mano, avanzó hacia la tarima, lanzó el bastón al aire, y cuando volvió a sus manos la orquesta arrancó a tocar. Foto tomada de Telesur
    En medio de la multitud aparece el Benny con un bastón en la mano, avanzó hacia la tarima, lanzó el bastón al aire, y cuando volvió a sus manos la orquesta arrancó a tocar. Foto tomada de Telesur

Para Yudith, por supuesto

En la vida todo tiene su comienzo y su fin, tal y como funciona la vida misma, y hoy me levanté recordando la primera vez que oí cantar al Benny Moré.

Resulta que el colegio donde estudiaba la enseñanza primaria, el Colegio Presbiteriano de Caibarién, quedaba bastante lejos de la casa, algo así como unas diez cuadras.

Y a nosotros nos gustaba alcanzar la escuela subiendo por la calle Cuba. Y digo nosotros porque entonces tenía la encomienda de llevar y traer de la escuela a mi vecina y amiga de la infancia Merceditas, que vivía al lado de casa. Y siempre lo hacíamos por la calle Cuba por dos razones, una porque debíamos pasar por la farmacia de Bigote de Gato que siempre nos regalaba azúcar candy. Y otra porque en la fábrica de bizcochos de la esquina de la escuela nos llenaban un cartucho, (entonces no existían las bolsas plásticas contaminantes del medio ambiente), de recortería de bizcochos que devorábamos en el receso.

Pero aquel día volvía de la escuela sin Merceditas, y cuando cruzo por la intersección de Cuba y Agramonte, siento una radio, que con un volumen alto, anunciaba la presentación de un nuevo cantante cubano recién llegado de México, era el Benny Moré, y que interpretaría la pieza Bonito y sabroso.

Y por primera vez oí aquella voz y una letra de canción que decía: “pero que bonito y sabroso bailan el mambo las mejicanas, mueven la cintura y los hombros igualito que las cubanas”.

Me sentí atraído por aquel número y su intérprete.

Pero pasó el tiempo. Ya había triunfado la Revolución y empezaban a ocurrir las llamadas “pachangas” que se efectuaban luego de cerrar una cuadra de la ciudad, armar una tarima en uno de los portales, traer una orquesta, llenarse de público bailador, y consumir en unos ranchones donde vendían pan con minuta rebosada, o con bolitas de macabí, o empanadas con picadillo de res, y por supuesto, cerveza y ron.

Y aquella pachanga se celebraría en una cuadra de la calle Padre Valera casi llegando al Paseo de Martí, e iba a tocar la famosa Banda Gigante del Benny Moré. Pero eran las nueve y media d la noche y el Benny no llegaba. En la tarima los músicos disciplinados portaban sus instrumentos a la espera de la llegada del director. En eso, de en medio de la multitud, aparece el Benny con un bastón en la mano, avanzó hacia la tarima, lanzó el bastón al aire, y cuando volvió a sus manos la orquesta arrancó a tocar. Por supuesto que usted lo adivinó, tocaron “Bonito y sabroso”.

Fue la primera vez que vi al Banny “en vivo” y la última que lo oí tocar.