Nadie sabe lo bueno que tiene hasta que no lo pierde

Nadie sabe lo bueno que tiene hasta que no lo pierde

  • En Cuba la atención médica es gratuita, pero no ocurre lo mismo en otros países del mundo. Foto tomada de Escambray
    En Cuba la atención médica es gratuita, pero no ocurre lo mismo en otros países del mundo. Foto tomada de Escambray

Hace unos días, viendo en la tele la llegada de los médicos de Brasil, recordé un episodio desagradable que sufrí visitando el extranjero, busqué y encontré el documento que me hacía falta para escribir esta crónica.

Era el año 1989 y me encontraba participando en una Jornada Cultural Cubana en la ciudad de Vigo, Galicia, España. Estaba acompañado de muchos artistas, pero básicamente de mis íntimos amigos Norberto Codina y René Negrín, este último escultor que había ganado un concurso y creado una estatua de José Martí que debíamos instalar en Vigo.

Nosotros llegamos unos días antes que el resto de  la tropa, y cuando estuvimos todos nos hicieron una recepción en una instalación especialmente reservada para nosotros.

Al salir de la actividad artística, pasada la media noche, Norberto y yo, que compartíamos habitación, subimos en el elevador y no nos dimos cuenta que habíamos dejado la llave del cuarto en la carpeta del hotel. Norberto quiso que yo fuera a buscarla, y me senté en el suelo recostado a una pared,  y le dije medio en broma que o la buscaba él o me quedaba durmiendo en el suelo. Él bajó y cuando sentí que el ascensor subía intenté incorporarme, entonces sufrí un extraño vahído que permitió que cayera escaleras abajo. Al final me fracturé la clavícula derecha y me di un golpe muy grande en el ojo derecho.

Cuando Norberto subió me socorrió enseguida y mandó a buscar a un médico gallego amigo nuestro que vino al instante. Y ahí empezó la odisea. Resulta que no tenía seguro médico, cuando aquello no se exigía como ahora, y en varios hospitales y clínicas no me dieron asistencia. Al fin en el Hospital Provincial de Pontevedra me ingresaron, pero me exigieron cumplir el siguiente documento:

“Hospital Provincial de Pontevedra.

El abajo firmante, acompañante del enfermo Emilio Comas Paret, que con carácter urgente ingresa en el día de hoy en este centro, se compromete la documentación del mismo, en el Servicio de Admisión de este Centro, en el plazo de TRES DÍAS, de conformidad con lo que establecen los artículos 10 y 11 de la vigente Ordenanza para la percepción de Tasas en este hospital, quedando apercibido que de no cumplir el presente requerimiento se aplicarán las tarifas establecidas.

Pontevedra 8 de abril de 1989”.

Esto quería decir que debía pagar  la atención médica recibida, y de todos es conocido que en aquel entonces la mayoría de los cubanos viajábamos al exterior sin dinero, y solo percibíamos una pequeña cuota para pagar algunos gastos colaterales.

Recuerdo que una compañera de la Asociación de Amistad Cubano – Gallega que vino a verme me dijo del problema que había creado, pues no había plata para pagar, y le respondí que nunca había querido fracturarme la clavícula, que solamente había pasado.

Aquello me llenó más de angustia, porque ¿cómo podría resolver este entuerto?

A los tres días me dieron el alta y una enfermera, a quien nunca le caí bien, me dijo: dice el director que pase por su oficina.

Me vestí y salí caminando como el que va para la silla eléctrica. Pero es que la solidaridad funciona en todas partes, y en general lo gallegos y los cubanos tenemos muchas cosas en común que aún necesitan investigación y estudio, y cuando llego a la oficina del director este me manda a sentar, y con una sonrisa en la cara me dice: Mire, yo sé que Castro les ofrece la medicina gratis a los cubanos, pero aquí no es así, no obstante, yo no le coy a cobrar. Si usted recibe una cuenta nuestra, rómpala, que es para quedar bien con los accionistas. Váyase tranquilo y que le vaya bien.

Así pasaron las cosas y por eso aparecen los recuerdos.