A veces miro mi vida

NATURAL DE CAIBARIEN

A veces miro mi vida

  • Así participé en la primera acción política por esta Revolución que aún hoy quiero y defiendo. Foto tomada de archivo
    Así participé en la primera acción política por esta Revolución que aún hoy quiero y defiendo. Foto tomada de archivo

No me gusta escribir sobre mi vida y la historia personal, porque como buen diría García Márquez “la vida no es la que uno ha vivido, sino la que uno recuerda, cómo la recuerda y cómo la escribe”, y si todo esto cae en el plano de la especulación y tiene que ver con el punto de vista de quién la cuenta, y como todos sabemos los recuerdos son veleidosos y aquellos que no nos conviene recordar, los olvidamos, pues prefiero no referirme a ellos en el plano personal.

No obstante, acabo de terminar una novela titulada “A mi manera” o “My wave” como diría Frank Sinatra, que un poco trato de reflejar mi vida, que realmente ha sido muy intensa para bien y para mal, aunque creo que más para bien que para mal, porque me considero un hombre con mucha suerte.

A pesar de esta introducción casi lapidaria, quiero contarles a mis lectores asiduos y también a los que no lo son, una breve anécdota en la cual fui un protagonista secundario y hasta terciario, porque creo que vale la pena hacerlo ahora,  y porque nunca he oído hablar de este acontecimiento en los medios.

Entonces tenía trece años. Mi familia era de origen muy humilde, pero tenía un tío, el reverendo Rogelio Paret, pastor bautista, que sin ser rico, tenía una posición más holgada que el resto de la familia y se convirtió en mi preceptor, costeándome, tanto a mi como a mi hermano, estudiar en buenos colegios privados.

Entonces estudiaba el primer año de bachillerato en uno de los considerados entonces mejores colegios de Cuba, me refiero al Colegio Presbiteriano La Progresiva de Cárdenas, provincia de Matanzas.

Si mal no recuerdo era el 14 de marzo de 1957. Un día antes había sido el asalto al Palacio Presidencial y la toma de Radio Reloj, así como la muerte de José Antonio Echevarría y una veintena de compañeros más miembros del Directorio Revolucionario. Y ese mismo día el cadáver de José Antonio llegaba a Cárdenas, y un grupo de dirigentes estudiantiles del Instituto de Segunda Enseñanza de Cárdenas vino hasta La Progresiva a organizar una gran manifestación, huelga estudiantil, y protesta por la muerte del líder de la FEU. No sé por qué razón participé en aquella reunión que organizó la huelga y lo demás, y no recuerdo si fue ese mismo día o el  16 de marzo que se efectuó el hecho. Yo participé activamente, más con mi vozarrón de siempre gritando consignas contra Batista y su dictadura que haciendo otra cosa, (recuérdese mis pequeños trece años). La policía nos rodeó, pero nunca nos reprimió, por la curiosa razón de que en el colegio estaban matriculados varios hijos de importantes personajes del batistato. Yo personalmente era muy amigo del hijo de Segundo Borges, que era el gobernador de la provincia de Las Villas,  y también era amigo de dos sobrinos de Blanco Rico, aquel personaje ajusticiado en La Habana en la cabaret Sans Soucí, y como todos éramos jóvenes, los guardias desconocían quién era quién, y por supuesto que nunca nos reprimieron aunque tirábamos hollejos de naranjas y piedras a las perseguidoras cuando pasaban por la escuela.

La manifestación se dio en los propios predios de La Progresiva, en una manzana que estaba preparada para hacer varios deportes. El escándalo fue tan grande que la dirección del colegio decidió suspender el curso, y cuando papá vino a buscarme, el director le propuso que no me trajera más cuando se reanudarán las clases, que me había distinguido tanto en la contienda que no podía asegurarme mi estancia de nuevo.

Así dejé de ser alumno de La Progresiva de Cárdenas y participé en la primera acción política por esta Revolución que aún hoy quiero y defiendo.