Hablando de danzón con Eduardo Torres Cuevas (Festival Internacional Danzón Habana 2019)

NOSTALGIA MUSICAL

Hablando de danzón con Eduardo Torres Cuevas (Festival Internacional Danzón Habana 2019)

  • Torres Cuevas recuerda que en la década de 1940-1950, hubo un esplendor de las orquestas jazz band; pero el chachachá puso en el ambiente con mucha más fuerza las danzoneras. Foto tomada de Internet
    Torres Cuevas recuerda que en la década de 1940-1950, hubo un esplendor de las orquestas jazz band; pero el chachachá puso en el ambiente con mucha más fuerza las danzoneras. Foto tomada de Internet

El Festival Internacional Danzón Habana de la Uneac se celebró del 18 al 28 de abril, en el teatro Martí, América, Sociedad Caribeña de Cuba, Casa del Alba Cultural de La Habana, Salón Rosado Benny Moré de la Tropical, Círculo Social de Madruga y el Coloquio en el Centro Hispanoamericano de Cultura.
En el coloquio tuvimos el privilegio de escuchar una conferencia magistral del Dr. Eduardo Torres Cuevas, sobre el danzón.
Torres Cuevas es un amante y defensor de la música popular cubana, antes de su conferencia hablamos profusamente sobre diversos aspectos de la música y, en especial el danzón.
Lo primero que el maestro planteó es la necesidad de atender y difundir la música popular tradicional de fundación, empezando por el danzón. “No estamos haciendo un trabajo adecuado con nuestra cultura musical, por proteger el sonido de Cuba, el danzón tiene un largo recorrido de más de cien años”, sentenció Torres Cuevas.
Desde la década de 1970 el Ministro de Cultura Armando Hart se exponía que Cuba estaba en deuda con su música; es una larga deuda.
El conferencista Torres Cuevas demostró como la música y, sobre todo el danzón es un reflejo de las costumbres de la sociedad de aquellos tiempos. “En el danzón Central Constancia, la letra expone la manera de comportarse en aquella época y dice: “Me permite señorita”, qué significa ese texto tan galante. Es la psicología de una época, la relación trasmisor-receptor”.
“En el danzón La Gioconda, Jóvenes del Danubio –sigue exponiendo Torres Cuevas- hay un clásico de violín y piano. En la composición Osiris, de Enrique Jorrín, se introduce en la grabación de la orquesta Aragón, una interpretación de Pepe Olmo sobre la canción Bonita de Luis Alcaráz. Hay elementos del clasicismo en ese danzón y, al final una descarga. Las presentaciones en vivo eran muy distintas a lo que escuchamos en las grabaciones de tres minutos. En vivo las piezas podían tener once minutos o más. Se mezclaba todo: el danzón, el bolero y la descarga libre. Se adquiría con esas interpretaciones una sensibilidad musical, se escuchaba pura cultura. El danzón es eterno. Oír es cultura”.
Torres Cuevas recuerda que en la década de 1940-1950, hubo un esplendor de las orquestas jazz band; pero el chachachá puso en el ambiente con mucha más fuerza las danzoneras. “El gusto no se impone –continúa diciendo Torres Cuevas-, ¿qué discurso vamos a seguir con los jóvenes?, ¿Cómo vamos a trasmitir nuestra herencia a las nuevas generaciones? Ese es el desafío de las escuelas y de la cultura cubana. Esa es la misión que ellos tienen”.
Aunque las escuelas de música no ponen como tarea, como material de estudio esos coloquios en los que se exponen conferencias magistrales, esas ponencias podemos publicarlas y llevarlas a esas escuelas de música que, todavía están dando vueltas con las necesidades de aplicar en los estudios el conocimiento de los formatos instrumentales de Cuba y sus músicas de fundación. De esa cultura que queda para la historia y que no debe encerrarse en archivos de bibliotecas y libros viejos. Hay que reanimar las tradiciones que sostienen toda cultura. No es imponer, es simplemente integrar la música de todos los tiempos, de una manera o de otra.