Historia poco conocida de Juan Formell (Parte I)

NOSTALGIA MUSICAL

Historia poco conocida de Juan Formell (Parte I)

  • Juan Formell. Foto tomada de Habana Radio
    Juan Formell. Foto tomada de Habana Radio

El 2 de agosto de 1942 nació Juan Climaco Formell (Juan  Formell), uno de los más connotados músicos, compositores y directores de orquesta de la segunda mitad del siglo XX. Formell fue un músico que hizo historia, mucha de esa historia es bien interesante, pero poco conocida, a estas alturas ya los mitos comienzan a aflorar.

En el 2015, Ediciones Cubanas de ARTEX, publicó un libro de este redactor y, ya que algunos aún no han podido obtener un ejemplar, aquí les ponemos a su disposición un adelanto de algunos datos que permanecieron secretos en la vida del gran músico.

Llegar a los caminos de la música no fue cosa simple para Juanito, en 1996, le cuenta al novelista Leonardo Padura Fuentes: “aquello era mi vocación verdadera y me costó mucho trabajo que mi padre me enseñara, pensaba que yo no tenía condiciones para la música. Por eso jamás pude asistir a un conservatorio ni a ninguna escuela de música y tuve que aprender la guitarra por mi cuenta, tocando de oído: porque a pesar de todo eso, yo iba a ser músico. En esta vocación influyó el medio en el que me desarrollé”.

Esa guitarrita de la que habla Juanito se la regaló su propia madre que resultaba para el niño como algo muy grande.

“Yo cosía ropa para la calle. Me di cuenta que a Juanito le gustaba la música y le compré una guitarrita que le dio mucha alegría, el padre consideraba que de la música no se podía vivir en aquellos tiempos. Después el niño tocaba en cualquier grupito de amigos”.

Juanito tocaba en descarguitas, estaba de moda el rock and roll de Elvis Presley. En esa etapa vivían en el municipio La Lisa, zona arrabalera de La Habana.

“En esa etapa vivíamos en la Lisa, yo estaba cursando el bachiller y teníamos que recorrer mi hermano y yo un largo trecho hasta el pre del Vedado que estaba en candela, catalogado como un foco revolucionario y la lucha contra el gobierno imperante era violenta y repercutía en las escuelas. Yo aproveché para convencer a mi papá de que me dejara cambiar el pre por la música. El viejo se dio cuenta de que lo mío no tenía remedio, que sentía verdadera pasión por la música y, ahí comenzó todo”.

Juan era un músico de pocas palabras, vivía muy ensimismado en la música, esa disciplina la adquiere, seguramente a través de su padre. El joven tenía una misión y estaba dispuesto a cumplirla como fuera. Vivió —al decir de un colega periodista David Sosa Delgado—, como un “jesuita” estudiando, aprendiendo y experimentando. Verdaderamente estaba signado por un destino musical.

Hay una etapa de joven en Juanito que es digna de contarse; sobre el año 1958 estuvo de músico ambulante, nada menos que en la catedral de la música popular: La Playa de Marianao, zona de cabaretuchos, frente a los clubs aristocráticos del litoral oeste de La Habana. En uno de esos cabaretuchos, en la Choricera, tocaba el legendario percusionista Chori, que fue muy elogiado por el mismísimo Marlon Brando.        

“Mi primer trabajo como músico fue en un septeto que formamos un grupo de amigos, y donde yo tocaba el bajo. Así nos íbamos por los bares a pasar el cepillo y a echar la noche tocando, y creo que esa experiencia me ayudó muchísimo, son los secretos de la música cubana, que tiene su mecánica, porque el septeto tiene sus claves específicas —una guitarra, el tres, el bajo y el ritmo— y como dicen los músicos hay que agarrarse de cualquier cosa. Y en eso estuve como un año”.

 “En realidad debuté haciendo “sopa” (música para comensales). En aquellos años, finales de los 50, lo más se hacían los sextetos y septetos que no estaban establecidos, que no tenían un nombre, era tocar donde pudiera.

Formamos un grupo entre amigos, así íbamos por los bares a pasar el cepillo y a echar la noche tocando, lo mismo en una fiesta, que en un baile, que en una esquina. Me puse cara a cara con algo muy serio: la música cubana. Teníamos que tocar como locos, aquellos montunos que no se acababan nunca. El septeto tiene sus claves específicas: una guitarra, el tres, el bajo y el ritmo. Y creo que esa experiencia me ayudó muchísimo, en eso estuve como un  año. La sopa daba para comer y, como dicen los músicos hay que agarrarse de cualquier cosa. Hasta que cambió la vida. Pero con orgullo se puede decir que Juan Formell, como músico, hizo sopa. Pero, si tú analizas la historia descubrirás que muchos de los grandes alguna vez pasaron o estuvieron en un septeto. No es nada complicado deducir que si yo había comenzado a tocar en sextetos y septetos el son debía fascinarme”.

Hay una etapa de juventud en que Juanito se encontraba un poco decepcionado. “Estaba un poco perdido, confundido, desesperanzado, fue uno de los momentos más difíciles de mi vida, contaba con solo 17 años, la etapa de la juventud que se encuentra como el que está en una tabla en el mar. Estaba súper despistado, una etapa muy difícil, no sabía qué hacer, no presentaba inquietudes, ni aspiraciones. Trabajaba como medio de subsistencia en fin, estaba achantado. Me puse a pensar que era joven, empecé a estudiar mucho”.

Pero, el destino estaba trazado, en noviembre de 1959 gana la plaza en la Banda de Concierto de la Policía. (Trabajo seguro y estable). En la Banda Orestes López (creador del mambo de Nuevo Ritmo), le enseñó todos los trucos habidos y por haber. Juan estudiaba muy temprano, aprendió la disciplina de su padre”.

Ese contacto con  buenos maestros como Odilio Urfé, el trombonista de Benny Moré Generoso Jiménez, fueron dando a Juanito un oficio, una pericia necesaria para los futuros planes musicales en los que se introduciría el joven guitarrista.

Existe una etapa de trabajo en centros nocturnos de Juanito que es poco conocida. Esa me la contó Guillermo González (Rubalcaba). Yo tenía un grupito, tocábamos en el club Barbarán, en la calle 26 frente al Zoológico. Allí cantaba Orlando Vallejo, Ricky Orlando, Centurión y una bailarina de tap estupenda llamada Natalia Rosa Alfonso “Naty”, que llegó a ser la primera esposa de Formell. Naty estudió el baile tap en los EE.UU. y también cantaba en mi grupo, toda una vedette, de la cual habla Santiago Alfonso con mucha admiración en un documental. Yo tengo una foto por ahí de esa etapa, voy a ver si te la consigo”.

“Eso fue en 1964 —me contó Naty—, cuando aquello, Juanito no tenía nada que ver conmigo, parece que dos cosas desiguales se atraen. Estuvo seis meses detrás de mí, me acompañaba todos los días desde el Barbarán hasta el fondo de Radio Progreso, en Hospital 168 entre Príncipe y Vapor. Había que caminar unos kilómetros. Hoy nadie vive ese romanticismo. Él me ofreció matrimonio y todo, mi abuelo se opuso —tú estás loca, me dijo—. Juan ganaba muy poco dinero, soplaba una crisis tremenda, aquel fue nuestro período especial, para qué contarte. Pero mi enamorado era dulce y cariñoso, entró suave, como una flauta llena de música y con el juego quedé en estado de mi primer hijo Juan Carlos. Del Barbarán salió para un grupito en Tropicana, también tocaba en el restaurante 1800. Por aquel entonces me enseñaba canciones en inglés, era un rockanrolero. Empezó a componer, hizo una titulada El camello, pero no se sentía seguro de entregárselas a nadie. Escribió otra que decía:

En bicicleta yo te conocí

De chiripa

Sé que salió este ritmo tan sabroso.

Con Naty, Juanito tuvo tres hijos: Juan Carlos, Samuel y Elisa. “Juan fue un buen esposo, muy casero, enfermo a la cocina, a los garbanzos, las frituras de maíz, las mariquitas y especialmente al arroz frito, que lo hacía hasta de madrugada. No era bebedor, ni cabaretero. Le gustaba el cine y era muy dormilón, como Pérez Prado”.

En una conferencia de prensa en La Tropical, el 17 de julio de 1997 reveló:

CABARET CARIBE: MADAME PA´CÁ

En 1966, salido de la jazz band Hermanos Avilés, de Holguín, un músico, orquestador y compositor del bolero Alma con alma, ranqueado como un gran guitarrista y compositor, llamado Juanito Márquez, inventa el ritmo Pa´cá (Arrímate pa´cá).

El productor Silvano Suárez concibe el espectáculo Madame Pa´cá, en el cabaret Caribe del hotel Habana Libre. La orquesta la dirigía Fernando Mulens, pero en esta producción trabajaron Juanito Márquez y Carlos Faxas.

Juan Formell comienza a tocar el bajo en esta producción estelar, “Juanito Márquez –dijo Formell- hizo todos los arreglos, yo consultaba con él que manejaba muy bien lo rítmico bailable. A mí me enseñó mucho ese señor de la música”

En conversación con Juanito Márquez en La Habana, “Formell venía ya concierto entrenamiento, ya estaba bien apertrechado para este trabajo. No era un soberano virtuoso, pero sabía lo que tenía que hacer. Era una persona muy correcta”.

“Formell”, me dijo Juanito Márquez en una conversación en La Habana. “Yo le indiqué a Juanito —amplía Carlos Faxas— que estudiara la música, le ofrecí los papeles para que entrenara en su casa, y le dije que conocía frases de los músicos de atril: “A papel aprendido, no hay mal músico”. Por otra parte, le ofrecí la oportunidad de que pudiera dar a conocer en el cabaret sus orquestaciones y composiciones. Él Tenía la idea de un ritmo nuevo, no sé si era El Demacrado o El Pocuete. Yo vi en él una luz larga, una gran intuición. Después llevamos el show a Santiago de Cuba y la cosa se fue diluyendo por el cierre de los cabarets en La Habana y cada uno tomó por su camino”.

REVÉ: CHANGUÍ-SHAKE

El show Madame Pa´cá, tuvo su fin, comienza una crisis de la vida nocturna en La Habana. Es en esta etapa del cabaret Caribe, Elio Revé conoce a Juanito, “yo visitaba el cabaret y, lo conocí y lo anoté como posible músico de mi orquesta”.

“Un día Juanito me dijo que iba a tocar en la orquesta Revé —cuenta su esposa Naty—, y yo le pregunté: -¿Qué es eso? Pero, a la larga tuvo que trabajar con la Revé porque se quedó sin trabajo y la situación se puso difícil”.

En el arte, el destino parece tener mucho más de lo que imaginamos. A Juan no le interesaban las orquestas charangas que ya habían pasado su mejor momento con el cha cha chá.

“Yo admiraba mucho a la orquesta Aragón, pero tenía la influencia de los combos del rock and roll y las orquestas jazz band –especifica Formell-. No estaba en mis planes una charanga como la Revé. Pero, asumí la dirección musical de la Revé para hacer tiempo y después pasar a otra cosa. Pero, el éxito llegó fuertemente con el experimento del Changuí-Shake, esa mezcla explosiva de changüí, pop electrónico y son. Entonces me percaté que yo tenía la mano pesada y, reflexioné. “! Espérate que yo tengo en la bola! ”. Son asuntos del destino, todo fue accidental como mismo hay vocación, existen las casualidades que te van llevando a donde quiere ese destino. Fue así como me hice adicto a las charangas que, después fui enriqueciendo con  el songo y con otros instrumentos como la batería, el bajo eléctrico y los trombones”.

En la Revé ya se encontraba César Pedroso y el cantante Miguel Ángel Rasalp “Lele”, “la llegada de Formell fue decisiva —puntualiza Pupy—, yo estaba de director musical y cedí el puesto a él. Las cosas fueron cambiando asombrosamente. Ensayábamos mientras hacíamos la gira por los campamentos agrícolas de la zona de Bayamo. Nos mantuvimos día y noche ensayando como una fiebre, cuatro meses montando ese nuevo repertorio”.

El flautista Orlando Canto me indica que “el repertorio le pertenecía a Revé, pero Juan ideó la canción Qué bolá, que bolón, Yuya Martínez (Changuí-68), Ay Yeyé, Te lo gastaste todo Revé, y el bombazo del año Changui-Shake, algo que metía miedo”.

Con la Revé, Formell logró la primera explosión de una charanga en la década de 1960, en Santiago de Cuba llegaron a tocar en la Ciudad Deportiva a lleno completo, “eso fue un día de las madres —especifica Aldo Lamas, uno de sus cantantes—, estábamos muy nerviosos”.

“Formell me mostró una serie de “moñas” en la orquesta —recordaba el Lele—, aquello me gustó, tenía tremenda onda, era algo nuevo y muy atrevido”. Con la Revé Formell logró la primera explosión de una charanga en la década de 1960, en Santiago de Cuba llegaron a tocar en la Ciudad Deportiva a lleno completo, “eso fue un día de las madres —dijo Aldo Lamas, uno de sus cantantes—, estábamos muy nerviosos”.

Se comenta que, mientras tocaban La Revé en los carnavales de Santiago de Cuba, Pasó por La Trocha, la conga del Cocoyé que todo lo arrastra y, al pasar, la gente se detuvo para escuchar la explosión de la Revé con Formell.

Por Guantánamo no querían fiestas si no tocaba la Revé con Juan Formell…Formell traía la verdad en la mano”.

(Continuará)