Los boleristas estrellas

Nostalgia Musical

Los boleristas estrellas

  • Cuando llegaba Pepe Olmo, el Chino Maravilloso, con la orquesta Aragón a cualquier baile o fiesta, todo el mundo decía: “¡Ya está la Aragón!”. Foto tomada de Internet
    Cuando llegaba Pepe Olmo, el Chino Maravilloso, con la orquesta Aragón a cualquier baile o fiesta, todo el mundo decía: “¡Ya está la Aragón!”. Foto tomada de Internet

Los primeros intérpretes de boleros fueron los trovadores que cantaban sus canciones o los de sus colegas. Ya en la década de 1930 aparecen las grandes estrellas seguidas por multitudes. El primero divo es Pablo Quevedo (1908-1936, Unión de Reyes, Matanzas), que no dejó grabaciones, falleció a consecuencia de la tuberculosis.

 Le siguió Fernando Collazo (San Antonio de los Baños, La Habana, 1902-1939) que dejó grabaciones y triunfo a nivel internacional en París. Los veteranos siempre decían que Collazo fue el primer cantante con personalidad que manejaba un “cola de pato” (auto de luxe o de lujo). Ciertamente todos los cantantes se sobreentiende que tienen una personalidad, pero lo que esos veteranos quieren decir es que era un cantante con mito, con “aché”, con carisma, con gran popularidad. El cantante de San Antonio de los Baños, según cuenta Arcaño, era de armas tonar, sonaba y tronada, algo así como Pepe Olmo, cantante de la Aragón que lleva capítulo aparte. Collazo falleció trágica y misteriosamente de un tiro por arma de fuego.

De los primeros cantantes más contemporáneos que ya en 1936 había plantado bandera en Nueva York, fue Panchito Riset (1911-1988), quizás el primer cantante vitrolero de Cuba, con aquella voz temblorosa que parecía que le daba a sus interpretaciones un sentido de apremio y sinceridad creíble. Era la voz del amor angustiado: ¿Y quién no ha sentido angustias en el amor? (A. D. Ayala).

Le sigue en popularidad Alberto Ruiz (La Habana 1913-1978), creador de un estilo de interpretación al estilo feeling, rubateado, como un  crooners criollo, declamante.

Orlando Vallejo (La Habana 1919-1981), cantaba el bolero melódico, con ternura, voz aterciopelada, amable y afinado. Vallejo despega en la década de 1950, su voz marca una época.

Olga Guillot (Santiago de Cuba 1922-2010), creadora del bolero teatral, tremendista que siguió La Lupe, Blanca Rosa Gil y ahora Ivette Cepeda. Olguita despega en 1951, es llamada La Reina del Bolero.

Roberto Faz (Regla, La Habana 1914-1966), junto al Casino y después en 1956 con su propio conjunto llevó el bolero de baile en baile. Fue el que lanzó a la popularidad a Luis Marquetti (Deuda), y aquel boleros de 1961, Comprensión de Cristóbal Dobal, Cosas del alma de Pepé (acento en la é) Delgado.

Fernando Álvarez (Santiago de Cuba 1928-2002), Fernando causó sensación como bolerista solista. En 1956 sustituye a Roberto Faz en el conjunto Casino, pero en 1958 lo contrata la Gema y en 1959 causa sensación con  el disco Este es Fernando, con la orquesta Sabor de Cuba de Bebo Valdés. Rápidamente repite en 1960 donde canta tangos y fue un trancazo. Aquel bolerazo de Ernesto Duarte Ven aquí a la realidad (Bájate de esa nube), está entre los hit más duraderos del bolero de victrola.

Rolando Laserie (La Habana, 1923-1998). El guapo del bolero, llega temprano, en 1958, graba para la Gema el disco Sabor-Rolando Laserie, orquestado por Ernesto Duarte: Domitila, Qué es lo que pasa, Amalia Batista, Mentiras tuyas, Estás equivocada, Esta noche me emborracho.

José Tejedor (La Habana 1922-1991), graba en Radio Progreso el 20 de noviembre de 1959, contiene el disco: Pasión sin freno, El amor es triste, Con tu nombre en los labios, Ahora estamos en paz, Ansias prohibidas, Cenizas, No te burles, Ni quizás, ni que si, ni que no, Un  siglo de ausencia.

Blanca Rosa Gil (Perico, Matanzas, 1937, la Muñequita que canta, quizás la cantante femenina que más público masivamente conquistó en su tiempo. Su voz cristalina, la limpieza, nitidez, su vibrato especial, hizo que sus canciones mantengan la misma frescura, modernidad y autenticidad. En octubre de 1959 impacta con su primer disco La muñequita que canta; en 1960 Sombras, éxito de popularidad.

Orlando Contreras, el rey de las victrolas (Palma, Santiago de Cuba-1994). Su gran salto lo da en 1962 con el disco Este es Contreras, en ese disco coloca tremendos hit: Estoy desengañado, En un beso la vida, Muerto en vida, Amarga decepción, Por un puñado de oro, Por borracha, Donde tú iras, Nuevamente, No quisiera despertar, Sin egoísmo, Mi corazonada. El poeta Sigfredo Ariel dice que a Contreras se puede escuchar hasta en un  juego de béisbol.

Ñico Membiela, La voz del recuerdo (Zulueta, Las Villas 1913-1998). Nico llega tarde a la popularidad masiva, a sus 47 años, en 1960 con el disco Éxitos de Ñico Membiela, con boleros de humo y espuma: Contigo, Besos salvajes, Orgullo, Me robaste la vida, Trago amargo, Lo siento por ti, Dos cosas, Cuatro vidas, En las tinieblas.

Dejo para el final al símbolo de la música y la canción cubana, Benny Moré, que hay que darle de comer aparte. Benny fue la culminación de una era, fue el rey, el genio, lo máximo. Benny fue como elliederista” del bolero: un clásico popular ejemplar.

Como cantante especial menciono a Pepe Olmo, el Chino de la Aragón que fue la voz de melcocha, la voz más dulce de Cuba, como me dijo Felo Bacallao y Rafael Lay. Además de la presencia física de chino indiao, con su traje muy atildado y con los hombros caídos, que muchos imitaban al cantar. La historia de Pepe lleva un libro algo novelado, fue el ídolo de la Aragón y, tengo que decirlo, todos los jóvenes nos discutíamos para estrecharle la mano al divo y después decirlo en el barrio. Al final, lo imitábamos cuando —en hondo coloquio— tarareábamos los boleros de la Aragón. Cuando llegaba Pepe Olmo, el Chino Maravilloso, con la orquesta Aragón a cualquier baile o fiesta, todo el mundo decía: “¡Ya está la Aragón!”. Eso quería decir que el juego estaba ganado, que había baile seguro. Era como la sinfónica en miniatura (popular y masiva). Ponga los boleros de la Aragón que son cientos y cientos y escuche la voz de Olmo y va a recorrer una época de música inigualable y olvídese de los peces de colores.

Para terminar, recuerdo que muchos de los grandes boleristas eran mitos de la sabiduría popular (sin mito no hay cultura). Fueron galanes, ídolos de nuestros abuelos y padres, de todos nosotros los que vivimos en este pedazo de tierra; ellos nos ayudaron a buscar una pareja, nos ayudaron a vivir, nos ayudaron a inspirarnos a ser algo más en este mundo.

Sin ellos, la vida sería muy triste, la alegría de la música, de las canciones, de los boleros, es parte de la “cultura de salvación” que sostuvo la vida de los pueblos desde la prehistoria, desde aquellos “brujos”, “chamanes”, “griot”, “juglares” que cantaban en las cavernas, tribus, aldeas,  tabernas, plazas, parques, teatros, cafés, descargas bohemias. Ellos fueron, pasado el tiempo, embajadores de buena voluntad de los pueblos.