Los esclavos esperaron la libertad con un gran rumbón

NOSTALGIA MUSICAL

Los esclavos esperaron la libertad con un gran rumbón

  • En la descripción que hace el esclavo Estaban Montejo al investigador y escritor Miguel Barnet dice: “Las fiestas del tambor empezaban a las doce del día”. Cubierta del libro Biografía de un cimarrón. Foto: Archivo UNEAC
    En la descripción que hace el esclavo Estaban Montejo al investigador y escritor Miguel Barnet dice: “Las fiestas del tambor empezaban a las doce del día”. Cubierta del libro Biografía de un cimarrón. Foto: Archivo UNEAC

Los esclavos negros africanos de Bayamo esperaron la libertad, el 10 de octubre en un gran rumbón, según revela el historiador de Bayamo Luis Fonseca.

“Los esclavos esa noche no durmieron, la tensión era muy fuerte, la libertad tiene un precio y se iba a pagar con la vida”

Esos esclavos venidos de África no eran todavía cubanos, pero la vuelta ya era casi imposible, Cuba era su nuevo país y la vida se defiende.

¿Cómo fue aquel rumbón?                   

“Si hablamos con propiedad musical, en 1868 aun no existía la rumba, según el musicólogo Alejo Carpentier, la cubanidad, la música criolla es muy relativa todavía, en la primera mitad del siglo XIX. Se debe más a inflexiones, a modalidades de interpretación, a malicias superficiales, que a una cuestión gráfica. No hay caso de creación de ritmos nuevos, hasta pasado 1850. Si existía una célula originaria, dibujada primero, luego modificada, y finalmente sustituida, en el transcurso de una evolución que puede seguirse paso a paso, durante más de un siglo y medio”.

Según el padre Labat describe una danza que reviste el preludio de lo que más adelante podría ser la rumba, “el más hábil canta una canción cuyo estribillo es coreado por todos los espectadores. Los bailarines están dispuestos en dos hileras; los hombres de un lado, las mujeresdel otro. Saltan giran sobre sí mismos, retroceden a compás, hasta que el ruido de los tambores los haga reunirse de nuevo. Parece como si se diese golpes de vientres, en realidad solo son sus muslos los que se topan. Se retiran en el acto dan vueltas con gestos absolutamente lascivos. De cuando en cuando se abrazan”.

Creo que no hay nada más parecido que lo que después devino en rumba cubana que hoy día sorprende a los espectadores de casi todo el mundo. Es lo más cercano a lo africano que todavía conservamos y que hoy ya es Patrimonio Cultural Intangible de Cuba y del mundo.

Volvamos a los inicios de aquellos tiempos lejanos de 1868, ¿cómo eran los barracones aquellos?

Rastreando la historia de la esclavitud, leemos la descripción que hace el esclavo Estaban Montejo al investigador y escritor Miguel Barnet: “Todos los esclavos Vivian en barracones, de piso de tierra. A los esclavos no les gustaba vivir en esas condiciones, porque la cerradera los asfixiaba. Los barracones eran grandes. En el Flor de Sagua vivían como doscientos esclavos de todos los colores. Era en forma de hileras que se miraban frente a frente por un portón en el medio de una de ellas y un cerrojo grueso que trancada a los esclavos por la noche:

Leamos la descripción de Esteban Montejo sobre la música que allí sonaba: “Yo no sé cómo los esclavos tenían tanta energía. Las fiestas del tambor empezaban a las doce del día. Con el sol empezaba la bulla y todo a revolverse. Era el único momento de alegría. El que más yo recuerdo es el toque de yuka. En la yuka se tocaban tres tambores: la caja, la mula y el cachimbo que era el más chiquito. Detrás se tocaba con dos palos en dos troncos de cedro ahuecados. Los propios esclavos los hacían y creo que le llamaban cata. La yuca se bailaba en pareja con movimientos fuertes. A veces deban vueltas como un pájaro y hasta parecía que iban a volar de lo rápido que se movían. Daban saltos con las manos en la cintura. Toda la gente cantaba para embullar a los bailadores. Las mujeres hacían un coro con palmadas”.  

Vean ustedes que ese toque de yuka era el mismo que Arsenio Rodríguez empleo en, aproximadamente en 1937, para sus experimentos musicales que devinieron en el ritmo “diablo” que el propio Arsenio decía que era el inicio del mambo.

Pues bien, en esos barracones había un ajiaco de negros de Ghana, Togo, Nigeria, Benin, Camerun, Guinea Ecuatorial, Burkina Faso, Togo, Zaire, Congo, Angola. Las tribus eran Ewe, Fon, Ibo, Iyo, Jausa, Bacongo, Ibibio, Ekoi, Kuba, Pepei, Kisi, Yolofe, Nupe, yoruba, Mosi, Malagasi, Macuá, de todo como en botica.

Aunque los esclavistas no podían comprender, ni la música, ni el modo de vida, de los negros africanos. Era demasiado distinta la filosofía, demasiado distinto el origen. Los hombres son iguales, pero su cultura es totalmente diferente, tienen orígenes que se pierden en la noche de los tiempos y esa manera de vivir se trasmite por los siglos de los siglos. Esa es la cultura.

Esos negros conservaban esas costumbres, esa cultura, porque representaba la trasmisión y conservación de su manera de vivir ancestral. Esas recitaciones contaban una épica, relatos de fabulas y cuentos a la manera de los orígenes. Era una manera de transgredir y subvertir el orden, a la vez que era una distención social, una manera de sanear la mente en el exorcismo cotidiano de una tragedia de destierro que pesaba sobre su cabeza.

Esos fueron los negros que lucharon por la libertad de Cuba, pelearon junto a los criollos, a los que aman la libertad. Como escribió Alejo Carpentier: “La historia tiene sorpresas, y no se contaba con el elemento imprevisto: el de los esclavos africanos. Traído del África, el negro llega a América aherrojado, encadenado, amontonado en las calas de los buques insalubres, que es vendido como mercancía, que es sometido a la condición más baja a la que pueda ser sometido un ser humano, resulta que va a ser precisamente el germen de la idea de independencia. Van a dotar nada menos que el concepto de independencia…Jamás renuncio el negro en su larga historia americana a la idea de libertad”.