PASAR DEL DIÁLOGO A EJECUTAR LAS OBRAS

No me gustan las reuniones. Muchas veces me quedo con deseos de debatir o decir cosas, otras el cansancio me muele. Cansada llegué este martes a otra reunión con Miguel Mario Díaz-Canel, el presidente de Cuba. La primera fue el 24 de diciembre último. Fuimos los mismos, miembros del Consejo Nacional de la UNEAC e integrantes de la Comisión de creadores del cine, la radio, la televisión y las redes que trabajamos antes del IX Congreso y seguimos haciéndolo.

El objetivo fue, es, uno ¿cómo potenciar el audiovisual cubano en las condiciones actuales, en las que el dinerito que entra al país hay que escogerlo para comprar medicinas o detergente? Y hubo respuestas, como las hay, según veo por la televisión o en los periódicos, en los encuentros que sostiene el mandatario con diversos sectores de la sociedad cubana.

Podría reseñar las intervenciones de Helmo Hernández, siempre apasionado y defensor raigal de la cultura mirada desde la transversalidad que une a las artes, y en las que cine, radio y televisión, tienen un papel crucial. O a Cira Romero defendiendo desde la praxis a nuestro idioma, parte sustancial de la nacionalidad.

Pero, prefiero detenerme en esta reseña en dos momentos: las propuestas prácticas para ahora de Ramón Samada, presidente del ICAIC y en el enfoque conceptual del ensayista y poeta Victor Fowler, uno de los más acuciosos estudiosos del audiovisual (y la cultura) en Cuba.

A vuelo de memoria, recuerdo a Samada en una primera propuesta unificar los esfuerzos del ICRT y el ICAIC para seleccionar los mejores filmes y las series del mundo en el día de hoy, y adquirirlas para compartir su exhibición en salas oscuras y en la TV. Lo importante de esta propuesta, como todas las que se realizaron, es que parten del consenso entre los creadores, los especialistas, para que disfrutemos del mejor audiovisual en todos los géneros desde el histórico hasta el entretenimiento.

Otro aspecto que trató Samada fue el fondo para la creación audiovisual y lo imprescindible que resulta ya, estudiar y proponer para que el presupuesto que se invierte en una obra recircule y permita volver a invertir en una pieza diferente. Díaz-Canel, directo y sin preámbulo le preguntó cuánto se necesitaba, no para financiarlo todo, sino para ayudar y buscar las vías para usar presupuesto en las mejores propuestas y revitalizar el audiovisual cubano.

Victor, a su vez, llamó a que todos repensemos las acciones a la luz de la brutal guerra cultural a que se no somete día a día. “Una guerra cultural es una guerra de pensamiento”, apuntó el poeta y ensayista para anotar que cada acción nuestra puede y debe tener un valor que quizás resulte transcendente.

En ese sentido esbozó cómo las series se han convertido en una de las producciones más sustanciosas en el mundo, y que los grandes directores de Hollywood intervienen en ellas, porque “la televisión o la imagen en el celular hoy es algo cotidiano” en todas las latitudes. Reclamó una vez más porque la educación audiovisual sea `parte integral de la enseñanza general.

El presidente al concluir retomó la intervención de Helmo que advirtió sobre la necesidad  de que la Facultad de los Medios Audiovisuales de la Universidad de las Artes, involucre “a los creadores y críticos en la programación cinematográfica y televisual”, pero también a ingenieros, informáticos, todos los que tienen que ver con el mundo audiovisual hoy.

Pasó revista a sus apuntes y concluyó “debemos pasar del diálogo a ejecutar las obras”.  Para mis adentros dije amén, y no sentí cansancio ninguno. Esa reunión si me gustó, todos salimos con deseos no de contemplar el mundo, sino de transformarlo como decía mi Carlitos adorado (Marx, por si acaso).

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