122 años de cine en Cuba: pioneros cubanos del cine

122 años de cine en Cuba: pioneros cubanos del cine

  • José E. Casasús, quien había sido empresario cinematográfico en Yucatán, y también quien levó el cine y la luz eléctrica a poblados cubanos. Foto tomada de Ecured
    José E. Casasús, quien había sido empresario cinematográfico en Yucatán, y también quien levó el cine y la luz eléctrica a poblados cubanos. Foto tomada de Ecured

Este 24 de enero se cumplieron 122 años del cine en Cuba; y en este año 2019, se cumplen 120 años (1899) de que los franceses hermanos Pathé perfeccionaron el cinematógrafo de los Lumière, y el actor y productor cubano José E. Casasús, quien había sido empresario cinematográfico en Yucatán, compró el número 11 entre esos primeros aparatos, lo trajo a Cuba y con dos plantas eléctricas móviles recorrió el país exhibiéndolo (antecesor al cine móvil actual), al que unía la novedad de la luz eléctrica: adornaba la calle principal de cada pueblo a donde iba a exhibirlo, con un cordón de bombillos eléctricos con los colores de la bandera cubana para resaltar el patriotismo y el entusiasmo; así “…Cruces, Santo Domingo, Esperanza, Ranchuelo, Caibarién, mi pueblo natal, Camajuaní y todos son poblaciones pequeñas, vieron la luz eléctrica, por vez primera, gracias a mi pequeña planta”, afirmaba el propio Casasús, según el Dr. Raúl Rodríguez en El cine silente en Cuba (Letras Cubanas, 1992).

Casasús compraba todas las películas que se hacían para él mostrarlas en Cuba después; compró dos plantas más perfeccionadas a los Pathé, una de las cuales le costó mil pesos; sufrió ocho incendios de películas pero sin accidentes; hizo el primer cine parlante con artistas que hablaban detrás de la pantalla según sucediera en esta, y filmó la segunda película en Cuba y primera por un cubano: El brujo desaparecido o El brujo desapareciendo, en 1898, corto de ficción publicitario a una firma cervecera (probablemente La Tropical): el actor (él mismo) desaparecía para irse a tomar una cerveza; de lo cual se le envió una copia a los Lumière, otra a Edison y otra a quien con apenas 15 años, colaboró en el filme y se le reconocería luego Padre del cine cubano: el habanero Enrique Díaz Quesada, mientras las salas para exhibir cine proliferaban por toda La Habana y por las diversas regiones cubanas.

Aún a mediados de 1905, Casasús, en el teatro Martí, junto a las películas, muestra discos con trozos de óperas interpretadas por Caruso y otros populares cantantes líricos; aún en 1906 es de los que instala los primeros teatros, cuando ya se concebía edificar cines, como el Actualidades (calle Monserrate # 262 y Neptuno), pero tal primacía algunos autores se la adjudican al salón Floredora o Floradora, nombrado después Alaska, en calzada del Cerro y Palatino, luego cine Maravillas, lo que lo hace suponer su antecedente. Casasús los instaló entre los primeros teatros que exhibieron cine en Cuba.

En cuanto a Enrique Roque Manuel Silverio Díaz Quesada, nacido el 16 de agosto de 1882 y bautizado el 14 de octubre en la Iglesia del Espíritu Santo, hijo del asturiano Benito Díaz Alonso y de la cubana Mercedes Quesada Catalá, desde muy joven demostró gran inteligencia y visitaba los talleres de José García González en calle Aguacate # 49, publicista que ya entonces fabricaba los primeros anuncios lumínicos en Cuba, para incursionar más tarde en cristales y películas. García González había adquirido un Cronofotógrafo de Georges Demeny, al que adaptó un mecanismo de relojería para experimentar con algunos anuncios animados; y el Cinematógrafo Lumière # 247, y se le asoció Díaz Quesada en su llamado Anunciador Comercial, ubicado primero en la azotea del Hotel Telégrafo, después en la del Teatro Tacón y finalmente en la Manzana de Gómez, que por entonces solo contaba con la planta baja. Ya la ascensión y diversificación del cine cubano sería a partir de entonces, y cada vez más, vertiginosa: las salas para exhibir cine proliferaban por toda La Habana y por las diversas regiones cubanas.

El sábado 8 de julio de 1905, en el teatro Albisu, la empresa The Moving Picture Company estrenó las vistas del entierro de Máximo Gómez; empresa que estaba recién creando Díaz Quesada, con la cámara Gaumont que había traído Chas Prada de París y con la que filmó ininterrumpida y casi exclusivamente documentales y ficción hasta 1920. La creó con el empresario Francisco Rodríguez para ofrecer funciones en los  teatros Martí y Albisu: empresa cubana, el nombre en inglés fue lo común durante toda la República para garantizarles el éxito comercial. García González había obtenido la corresponsalía en Cuba del Pathé Cinema Journal, al que enviaba noticias de los hechos más relevantes acaecidos en Cuba; así filmaron y con él, Díaz Quesada, las sesiones de la Asamblea Constituyente de 1901, y Los cruceros Patria y Cuba entrando en el puerto de La Habana, en 1910.

Ya en 1906, Díaz Quesada nos legaba su propia obra cada vez de más interés con que llenó el mayor y más importante cine cubano del primer cuarto de siglo. Por el auge del cine como negocio se incorporaban salas de proyección en edificaciones ya existentes o se concebían estas entre los atractivos de nuevos centros de esparcimiento; así el Parque de Palatino, inaugurado en El Cerro el 8 de marzo de 1906 (cerca del actual paradero de ómnibus de Palatino), centro de diversiones a escala muy reducida similar al Coney Island (como se le conocería) de Estados Unidos, incluía un cinematógrafo: una sala dentro de su salón y las conocidas salas Politeama Grande en los altos de la Manzana de Gómez, como parte del complejo de restaurante y café Politeama Habanero, y Politeama Chico o Vaudeville, inauguradas en 1910.

Fue en dicho parque donde el 25 de marzo de 1906 (recién inaugurado casi) Díaz Quesada filmó su primer documental, de aproximadamente un minuto de duración, que ya muestra su pericia de este camarógrafo, laboratorista y director por su capacidad de síntesis, captación de detalles y gran dominio técnico, titulado El parque de Palatino, encargado y financiado por la empresa cervecera propietaria del Palatino Park y obviamente, para su publicidad. El negativo fue vendido a los Estados Unidos para promoverlo allá y atraer turismo, y es la más antigua muestra y lo único que una copia se conserva de la amplia producción de este cineasta y de aquel cine: milagrosamente sobrevivió al incendio que destruiría los negativos originales de toda su producción que solo se puede valorar por los comentarios impresionistas de los cronistas antaño, generalmente laudatorios ante aquel balbuceante cine nacional, o imaginarla por esta, su única obra que nos llega; para algunos, “el primer intento cinematográfico real en Cuba”.