En tiempos de amar

En tiempos de amar

  • Yía Caamaño en su papel de Elena. Foto tomada de Radio Progreso
    Yía Caamaño en su papel de Elena. Foto tomada de Radio Progreso

La realidad supera, con creces, la ficción

[…] y esta se nutre de aquella

Aforismo dramatúrgico

La Televisión Cubana ha saldado una deuda que, desde hacía mucho tiempo, tenía pendiente con los amantes de los dramatizados: llevar a la pequeña pantalla insular la telenovela En tiempos de amar, cuyos autores son los escritores Eurídice Charadán, José Víctor Herrera, Serguei Svodoba y Alberto Luberta Martínez y la eficaz dirección del realizador Ernesto Fiallo.

Si bien el  elenco actoral es de lujo, habría que destacar las estelares actuaciones de Yía Caamaño (Elena), quien representa los contravalores que, lamentablemente, se están arraigando —cada vez más— en nuestra sociedad, y Maikel Amelia Reyes (Laura), portavoz de las virtudes (como las denominara el venerable padre Félix Varela y Morales), que deben caracterizar —desde la vertiente personográfica— a la mujer cubana de hoy.

A propósito de Maikel Amelia, se despojó por completo del estereotipado comportamiento dramatúrgico que la identifica en el papel de la mayor Lucía, oficial de la Policía Nacional Revolucionario (PNR), interpretado por ella en la teleserie dominical Tras la huella; y por ende, demostró con creces su versatilidad artístico-profesional.

Los demás actores y actrices (hasta los más jóvenes), que participaron en esa gustada televenola (incluido Carlos Solar, el protagonista masculino que —lamentablemente— estuvo la mayor parte de la acción dramática en coma profundo, con peligro para la vida, y solo salió del estado comatoso para ayudar a desenreda el nudo dramático que se estrechaba aún más en cada capítulo), desempeñaron muy bien los papeles que les fueron asignados en ese contexto dramatúrgico. Por esa razón, no puedo estar de acuerdo con un colega de la prensa plana que escribió que algunos de ellos “lanzan sus textos, como [si quisieran] salir de ellos, y subrayan la zona más fácil de su personaje.”

Desde una óptica objetivo-subjetiva por excelencia, estimo que cada uno de los actores aportó lo mejor de su yo artístico-profesional para otorgarles credibilidad a los personajes que encarnan en dicho dramatizado.

La trama principal gira alrededor de una familia disfuncional que se fue fracturando gradual y progresivamente; proceso de deterioro familiar al cual contribuyeron, de forma decisiva, la conducta reprobable de Elena, el marido (un hombre signado por una gran opacidad psicológica, carente de autoestima, autoapoyo, autorrecoocimiento y autorrrealización, bases de la salud psíquica y espiritual del ser humano, y por último, devenido un títere o marioneta de su déspota y corrupta mujer) y la malvada y ponzoñosa hija, que si Elena la hubiera traído a este mundo no se pareciera tanto a su progenitora.

En ese contexto, se abre la Caja de Pandora, y consecuentemente, salen a la superficie las más bajas pasiones, que nacen y crecen en el componente instintivo del inconsciente freudiano, además de algunos males sociales que padecemos desde tiempos inmemoriales: la corrupción, el robo, la burocracia, la falta de control en las dependencias estatales, la traición, la violencia física y psicológica, el chantaje emocional, la celotipia, la doble moral, el alcoholismo, así como la homofobia y el rechazo social que implica, sobre todo en el medio académico, donde se manifestara de una forma un tanto cruel e inhumana  (en este caso específico una y otro agravados al máximo, ya que ninguna de las dos chicas sienten atracción erótica por personas del mismo sexo), entre otros no menos importantes.

En tiempos de amar tiene en su haber proyectar en la pantalla chica —sin apelar al maniqueísmo o al sarcasmo— lo cubano actual, porque los televidentes insulares prefieren ver reflejada, en los dramatizados nacionales, la dosis exacta de verosimilitud, que la inteligencia global y emocional de los habituales seguidores del género les exige a nuestros productos audiovisuales, que estoy seguro seguirán creciendo en calidad estético-artística y en profesionalidad.

El final es el esperado en una telenovela que se respete: los buenos vencen a los malos con dos armas fundamentales a su favor: la verdad y la justicia como cartas de triunfo, y los malvados pagan por sus disímiles fechorías.

Me agradaría finalizar con una cita del genial cineasta Tomás Gutiérrez Alea (1928-1996), Premio Nacional de Cine: “[me agrada ver obras], donde se represente a los cubanos tal como somos, sin idealizaciones ni conformismo. Y para lograr tan formidables creaciones [En tiempos de amar es una de ellas, sin duda alguna], hace falta en primer lugar cultura, rigor intelectual, compromiso con el destino de la nación y el valor de correr todos los riesgos menos el facilismo y la conformidad” 1

Notas

Tomás Gutiérrez Alea. Joel del Río  Diálogo de Titón con los cubanos. Juventud Rebelde. 26/04/2011, p. 6 (Culturales) .