José Manuel Valdés-Rodríguez y la enseñanza cinematográfica universitaria

José Manuel Valdés-Rodríguez y la enseñanza cinematográfica universitaria

  • Foto: Archivo UNEAC
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Desde hace algún tiempo, les prometí a los fieles lectores de la sección Moviendo los Caracoles dedicarle un artículo a la relevante función desempeñada por el profesor, crítico cinematográfico y periodista, José Manuel Valdés-Rodríguez Villada (1896-1971), en el campo de la enseñanza del séptimo arte en la Universidad de La Habana (UH). 1

No creo que haya contexto más idóneo para ello que el año en que se cumplen siete décadas de ese empeño al que el ilustre intelectual cubano se consagró en cuerpo, mente y alma, y que —felizmente— pudo materializarse con la re-inauguración del anfiteatro Enrique José Varona, primer local de nuestro máximo centro de educación superior, adaptado como sala cinematográfica para la enseñanza de ese medio audiovisual, “el único que —según la opinión de un ilustre cineasta europeo— nos permite soñar despiertos y hasta volar”  

Los antecedentes históricos de ese memorable hecho están directamente relacionados con la figura del doctor Valdés-Rodríguez, quien —desde 1942 y hasta 1956— impartió con la excelencia pedagógica que lo caracterizara el curso El cine, arte e industria de nuestro tiempo, en las Escuelas de Verano de la capitalina Alma Mater. Ese curso (o posgrado como se le denomina hoy día) fue el primero de su tipo en la mayor isla de las Antillas, y posiblemente en Nuestra América.

El fundamento principal de las lecciones magistrales dictadas por el profesor Valdés-Rodríguez era la demostración de la validez artística del cine en comparación con otras artes, fundamentalmente el teatro y la literatura, ya que el cinematógrafo no es, en modo alguno, “arte de culminación y síntesis […] el cine no es teatro ni novela a solas […]. Ni simple suma y mezcla de ambos, sino todo ello cernido, conjugado y apretado en una síntesis superadora, nueva forma de expresión, arte nuevo con sus propias leyes y su particular campo de acción creadora […]” 2.

El aula de Valdés-Rodríguez fue la cantera de la que se nutrió el cine nacional después de la alborada revolucionaria de 1959. En ese espacio coincidieron las más prestigiosas figuras de la cinematografía insular y de mucho más allá de nuestras fronteras geográficas: Alfredo Guevara (1925-2013), José Massip (1928-2014), Jorge Haydú (1921-2008) y Nelson Rodríguez. Y, además,  hubo entre los estudiantes otras personalidades de la cultura cubana: Antonio Vázquez Gallo (1918-2007), Walfredo Piñera (1930-2013), la doctora Graziela Pogolotti, Lisandro Otero (1932-2008) y Roberto Blanco (1936-2002), por solo citar los más significativos.

Valdés Rodríguez tuvo que sortear muchas dificultades que recoge en su libro El cine en la Universidad de La Habana, pero cada obstáculo o piedra en el camino que se le presentaba era el motor impulsor que le diera fuerza y energía para continuar la lucha por llevar el pan de la enseñanza cinematográfica a profesores y estudiantes universitarios, así como a personas ajenas por completo al medio estudiantil o docente-educativo .

El propio autor, en el volumen citado, relata aquellas dificultades primigenias: “[…] en 1942, cuando quisimos organizar las sesiones de cine, correspondientes a las 12 lecciones prácticas del curso, comprobamos que no había en la Universidad una sala de proyecciones. Instalamos un equipo portátil, de un particular, en un aula. La carencia de condiciones acústicas mínimas y otras deficiencias, que impedían una proyección profesional, nos obligaron a trasladar las proyecciones […]”.3

 

El curso comenzó con una exigua matrícula de nueve estudiantes, pero ya en 1948 había veinticuatro alumnos. Sin embargo, el punto focal o eje central de dicho curso lo eran —sin ningún género de duda—  las funciones cinematográficas que ilustraban las disertaciones teórico-conceptuales, como lógica consecuencia de la indiscutible factura ética e ideo-estético-artística de los títulos presentados en ese ámbito académico.

La doctora Mirta Aguirre (1912-1980) valoró —desde una óptica objetivo-subjetiva por excelencia— el programa confeccionado por Valdés-Rodríguez como parte del diseño curricular de la Escuela de Verano correspondiente al curso de 1948:

“[…] Lo más noble, lo mejor logrado en la más reciente producción inglesa, rusa, francesa, argentina y norteamericana. Casi todas películas laureadas [con] premios nacionales e internacionales. Varias de ellas, cintas que no se han estrenado en Cuba. Selección como de crítico que sabe lo que se trae entre manos”. 4

La calidad y novedad de las películas proyectadas atraía —como la luz a las mariposas—  no solo a los matriculados en el curso, sino también a profesores y estudiantes de la Escuela de Verano. Así lo relata Valdés-Rodríguez:

“Con sorpresa nos encontramos con el doble de concurrentes de la capacidad de la sala, profesores universitarios como [los doctores] Luis de Soto (1893-1955) y Raimundo Lazo (1904-1976), por ejemplo, alumnos de otros cursos de la Escuela de Verano y de diversas carreras universitarias, [así como] público ajeno a la Universidad. Y en cada una de las 12 sesiones, a lo largo de la jornada de seis semanas de la Escuela, se produjo el hecho de quedar sin entrada una cantidad igual, o mayor, que la porción que lograba acomodo, reducido este, a veces, a estar de pie o sentado en el suelo. Era evidente la existencia de un considerable sector, dentro […] de la Universidad [y fuera de ella], interesado en un cine digno de la atención adulta, sensible e inteligente”. 5.

Los resultados favorables alcanzados por Valdés-Rodríguez durante el curso impartido durante seis años consecutivos en la Escuela de Verano, y las expectativas crecientes que creaban los programas fílmicos exhibidos en cada sesión, ayudaron a que el rector, doctor Clemente Inclán (1879-1965), y el secretario general de la Universidad, decidieran —junto a otras autoridades universitarias— cederle uno de los anfiteatros del edificio Enrique José Varona, donde sesionara hasta la década de los sesenta de la pasada centuria la Facultad de Educación.

Al respecto, el pionero de la enseñanza cinematográfica universitaria  en la Perla del Caribe nos narra que

“No fue empresa fácil convencer al rector Clemente Inclán, al secretario general […] y a las autoridades universitarias de la conveniencia de construir […] un local de proyecciones […] Elegimos el Anfiteatro Varona, en la Facultad de Educación […]. Y en julio de 1948, al iniciar la sesión de la Escuela de Verano, contaba la Universidad con un salón de proyecciones de dimensión [sencilla], bien habilitado, útil […]”. 6.

La sala quedó inaugurada el seis de julio de 1948; fecha de inicio de la Escuela de Verano. Para su apertura se escogió la cinta francesa El silencio es oro, del director René Clair (1898-1981), que había ganado el Gran Premio en el Festival Cinematográfico Mundial, celebrado en Bruselas, Bélgica, y los premios de mejor director y mejor actor (Maurice Chevalier) en el Festival Cinematográfico de Locarno, Italia. Dicho largometraje fue gentilmente donado por la RKO Radio Picture.

En sus palabras de presentación durante la inauguración del Anfiteatro, Valdés-Rodríguez hizo una inteligente valoración del filme El silencio es oro: “No se trata de una película entretenida y menos divertida. Se trata de un film sobrio en extremo”. 7

El profesor y periodista Francisco Ichaso (1901-1972), desde la columna Escenario y pantalla en el periódico Diario de la Marina, hizo referencia a la apertura de la sala y destacó —con letras indelebles— la importancia de la instalación para el recinto universitario:

“La sala de cine de la Universidad existe ya como una instalación ocasional de la Escuela de Verano; pero debiera ser considerada desde ahora por las autoridades universitarias como una parte integrante, y desde luego permanente de su estructura, con una atención especial, [con] una dirección experta y con el equipo necesario para prestar servicio a todas las escuelas y facultades. No se concibe una universidad moderna, de la importancia de la nuestra, sin un aula de cine, donde se exhiban no solo películas y documentales de interés escolar y científico, sino también [filmes] de arte, cuya [repercusión] cultural no puede ser desconocida por un centro de altos estudios”. 8.

En la crónica escrita para el diario Hoy, la profesora, poetisa, crítica y periodista, Mirta Aguirre, señalaba: “[…] se lamenta que la Universidad vaya a ceñir esta actividad exclusivamente a su Escuela de Verano. Aunque las proyecciones se espaciaran más, aunque solo se hicieran un par de ellas cada mes, valdría la pena mantener la sala del Anfiteatro Varona en funciones durante todo el curso normal. A esas funciones de cine acudirían centenares de estudiantes, a cuyo desarrollo estético contribuiría no poco una asistencia habitual y metodizada a exhibiciones fílmicas de [elevado] nivel artístico […]”.9

Esos dos emblemáticos profesionales de la prensa cubana muy pronto vieron satisfechas sus respectivas solicitudes, ya que en la Universidad de La Habana se estaba gestando una estructura que diera respuesta a esa necesidad cognoscitiva y espiritual experimentada por los amantes del séptimo arte en la histórica colina universitaria.

En 1986, precisamente el año en que José Manuel Valdés-Rodríguez cumpliría su onomástico 90, se develó una placa conmemorativa a la entrada de su entrañable anfiteatro, con la presencia del doctor Fernando Rojas, (ex)rector de la Universidad de La Habana y del maestro Julio García-Espinosa (1926-2016), (ex)presidente del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC).  En esa placa se lee:

“En este Anfiteatro Enrique José Varona dictó sus cursos El cine, industria y arte de nuestro tiempo el profesor José Manuel Valdés Rodríguez, pionero de la cultura cinematográfica en Cuba, periodista y crítico de formación marxista. Fue fundador, en 1949, del Departamento de Cinematografía de la Universidad de La Habana y de las Sesiones de Cine de Arte que gestaron la incorporación del cine a la docencia universitaria. A su memoria dedica la Universidad de La Habana esta tarja, al conmemorarse el 90 aniversario de su nacimiento”.

A inicios de los años setenta del siglo veinte, se decidió que la Sección de Cine de Arte se convirtiera en el Cine Club Universitario Sergei M. Eisenstein, nombre que se le mantuvo hasta inicios de la década de los noventa de la anterior centuria. Hoy todavía funciona como Cine Club Universitario José Manuel Valdés-Rodríguez.

Notas:

  1. Pedro A. Noa Romero. La universidad y la enseñanza del cine en Cuba. www.ipscuba.net/espacios/altercine/convergencias.
  2.  José Manuel Valdés-Rodríguez. El Cine en la Universidad de La Habana. Empresa de Publicaciones del MINED, La Habana, 1996: p. 467.
  3.  Ibídem: p. XIV.
  4. Mirta Aguirre. Crónicas de cine. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1998: p. 250.
  5. J. M. Valdés-Rodríguez. Ob. Cit.: p. XV.
  6. Ídem.
  7. J. M. Valdés-Rodríguez. Palabras de apertura en la inauguración de la sala de proyecciones. La Habana, Anfiteatro Enrique José Varona, Universidad de La Habana, 1948: p. 3.
  8. Francisco Ichaso. Cine de Arte en la Universidad. Diario de la Marina, 9 de julio de 1948 (Escenario y pantalla): p. 8.
  9. M. Aguirre. pp. 250-51.

 

 

 

 

 

 

 

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