Los límites entre el acierto y el desacierto

Los límites entre el acierto y el desacierto

  • Parte del elenco de la telenovela. Foto Portal de la TVC
    Parte del elenco de la telenovela. Foto Portal de la TVC

Durante el reciente proceso hacia el IX Congreso de la Uneac y en vísperas del magno evento, una muy estimable colega de la Asociación de Escritores me hizo llegar una misiva para el presidente del ICRT que yo tramité, por supuesto, aunque había criterios que compartía y otros no. Ella reaccionaba al morbo y a la crítica consecuente por las redes sociales que en el mundo contemporáneo, tanto escapan del control de los medios de difusión masiva más tradicionales. Proponía como alternativa lo que tanto luchamos desde la sección de Crítica e Investigación de Cine, Radio y Televisión por casi dos décadas, esto es: debatir en televisión los problemas de la televisión; y usaba como estudio de caso la telenovela cubana actualmente en pantalla, Más allá del límite, a la que acusaba, entre otras cosas, de homofóbica.

Es uno de los criterios con que discrepo. Que haya personajes homofóbicos en un audiovisual no necesariamente significa que el audiovisual lo sea. De hecho yo, que he investigado esta problemática en la sociedad cubana y particularmente en los audiovisuales, la estimo entre sus productos que mejor la han tratado: rara vez se aprecia un amor realizado como han conformado Sandor y Karel, y menos aun un “open gay” (aquel que asume su homosexualidad valientemente frente a todo prejuicio, lo que indudablemente sí es motivo de orgullo y lo ubica en lo más revolucionario de su contexto social) que no responda a los clichés de amaneramiento tan abusados, y que en verdad, son los que más “tolera” el heterosexismo que se pretende “políticamente correcto” porque así logra distanciar más enfatizando las “diferencias” y sobre todo, siente más “protegida” su Sagrada Familia, hipocresías y frustraciones de todo tipo implícitas.

Sandor clasifica, a mi juicio, como el más avanzado y mejor tratado individuo que entre otras muchas identidades, asume su homosexualidad; insisto en esto contra la etiqueta de “homosexual” que ignora las tantas otras características del sujeto en cuestión, aun cuando Karel sí explicita la concesión al cliché amanerado, que también existe y por tanto igual convence, aun cuando por momentos lo exagera más de la cuenta, y cito sobre todo aquella escena en que ambos conversan observados desde lejos por la madre de Sandor: pierde sentido en este supuestamente momento más íntimo de “los tórtolos”, como en alguna ocasión los llama su amiga Suany, si bien casi siempre se les refiere como “amigos”, y está muy bien “tórtolos” como se hubieran referido a una pareja hetero, aunque en el caso gay la homofobia puede desvirtuar ese epíteto por la referencia a dicha ave; en algún momento y no exento de subtexto de doble intención, “la parejita”, y no tan usual como debiera ser simplemente, “pareja”, una más entre las varias en la novela de diversas generaciones, colores de piel, etcétera.

Más aún: si de personajes homofóbicos se trata, solamente descuella la madre de Karel, cuyo problema no es solamente con Karel, como suele ser en este tipo de personas llenas de odio. En contraposición la madre de Sandor es un ejemplo a seguir como madre y como ser humano, en este como en tantos otros aspectos. Está muy bien que se ofrezca todo el amplio abanico de actitudes frente a este, como a tantos otros prejuicios y temas del mundo en que vivimos. Es muy común y hasta comprensible en su bellísima relación con su hijo, que tema perderlo por alguna pareja, lo cual sabemos que exactamente igual suele ocurrir si fuera una hija o un hijo heterosexual, y lo mismo que a ella como madre, sucede con muchos padres e incluso, otros miembros de la familia a la cual extienden sus posesividades. Comprenderlo, no implica compartirlo ni aprobarlo, sino poder re-educarlo mejor, pues una mala suegra jamás será una buena madre, extensivo al suegro-padre, con graves conflictos.

Menos comprensible es sin embargo, que esa misma madre exprese su preocupación porque al hijo lo maltraten o le hagan daño por ser “diferente”; y usó exactamente esta palabra, que sabemos no es la usual. Fue la palabra que infelizmente, se empezó a usar a inicios del milenio en Cuba cuando por fin, se le daba visibilidad pública, y que es de lamentar que se haya impuesto por el sida cuando siempre he dicho que peor que el sida del retrovirus, es el sida espiritual, el que se incuba en el alma y la degenera monstruosa, como la homofobia. Citaban los racismos, géneros, niveles adquisitivos y educativos, regiones, discapacidades y “las diferencias”… como si todo lo anterior no consistiera igualmente en diferencias; como si todos nos fuéramos diferentes por uno u otro motivo, y no son estos por cierto, los más trascendentes. No hubo réplica, más en una serie donde la mayoría de los personajes (por fortuna, otro mérito) lo aprueban o al menos lo toleran. Es como si entre los que crean para estos medios no hubiera conciencia de la diferencia como universal, o no pudieran enfrentar en estas lides a unos personajes con otros; muy interesante y urgente enfrentamiento, oportunidad desaprovechada.

Pero peor aún fue la pelea entre los primos por Alicia, y cuando se le cuestiona a uno por qué tuvo que recurrir a los golpes su respuesta fue: “Porque así es como se resuelven las cosas entre los hombres”; sexismo fatal de violencia por violencia que exigía de una contesta reflexiva para que no quedara legitimado tan funesto y dañino anti-valor; como quedó, peor aún por lo triste que ideas así están extendidas en nuestra sociedad. Y peor porque no se trata de un personaje negativo, ni siquiera de un personaje vulgar como sí lo es Beatriz (que a propósito, tampoco entiendo “la culpa” de la maestra por el amor que surgió en una pareja que ya amenazaba quebrarse mucho antes). Sin que podamos considerar tal desatino propiamente como homofobia, aunque sí emparentan profundamente, nuestros medios deben evitar mandar mensajes y sub-mensajes tan negativos como este que ahora refiero, cuando nuestra función es justamente re-educarlos para una sociedad donde siempre sobran, en pos de la más feliz convivencia.