Parrilla en candela

Parrilla en candela

  • Durante la filmación de "De la gran escena". Foto: Portal de la TVC.
    Durante la filmación de "De la gran escena". Foto: Portal de la TVC.

La primera imagen en mente cuando se oye la palabra “parrilla” se remite a los asados; es en efecto, su significado según la Real Academia de la Lengua Española, como el utensilio, la placa y la armazón de hierro para asar, el restaurante que así se identifica, etcétera. Pero el mismo Diccionario reconoce también como parrilla específicamente en radio y televisión, “cuadro de programación”; y es vocablo común en el argot televisual.

Mis recuerdos para esperar la programación de verano como algo realmente deseable, me resultan muy lejanos. Hace años y quizás cada vez más, que no solamente yo: en los círculos donde me muevo, y que antropólogo al fin son bien diversos, muchos suelen estar ansiosos porque se restablezca la programación de todo el año, que tampoco goza de la preferencia popular aunque la televisión, ante todo por su inmediatez para todos a veces en familia (cada vez menos) y su menor desgaste y costo (una vez obtenido el aparato y resto del equipamiento y salvo cuando hay que reparar averías) conserva la preferencia para el tiempo libre.

Entre los desatinos mayores tengo que comenzar por cuestionarme por qué los amantes de la música patrimonial (como se identifican tanto De La Gran Escena como Nocturno) que no abunda en nuestra televisión, tienen que prescindir de uno de los dos, mientras añora al otro, temiendo siempre que esa noche esté mejor (o al menos más a su gusto) el que se está perdiendo; ambos entre las 8.30 y las 9 pm de los sábados en canales distintos, cuando hay otros momentos de la semana en que algunos de los dos podría pasar sin esa competencia desleal de la que siempre salimos con sensación de pérdida y frustración, cuando tantas otras veces la televisión solo invita a ser apagada. 

Cierto que es mejor debatirse qué canal ver que no acudir a otras opciones (no siempre buenas ni regulares) porque ninguno invita a ser visto; pero mucho mejor si disminuyeran estas últimas opciones en función de una mejor coordinación entre los canales que no pongan por ejemplo, al mismo tiempo, dos buenas comedias en dos canales distintos, obligando a escoger. No se trata de competir uno bueno frente a malos programas; ojalá y todos fueran buenos (que dista mucho de ser el caso) pero sería más sensato si uno de los musicales mencionados compitiera por ejemplo, con una buena película: así es más fácil según se prefiera esa música o la película. Sería un alivio que el verano no acabara enfrentándonos a escoger entre los dos programas referidos, de públicos bastante similares. Canal Habana coordinaba su novela tras la de Cubavisión (ya no tanto últimamente) y aunque no es igual solución, demuestra que una visión inter-canales no es imposible, y urge.

Continúan películas patrimoniales como los clásicos Sherlock Holmes de mediados del siglo XX, que solo se pueden ver de madrugada (entre las 3 o las 6 de la madrugada) o muy temprano en las mañanas; pero la comedia Guerra de papás que se disfrutó una noche de domingo, su secuela no se mostró al domingo siguiente, sino tarde en la madrugada, que casi nadie pudo disfrutar; la sana costumbre de buenas comedias (aun reposiciones, pero se agradecen) las noches dominicales, rara vez se satisface en “Amores difíciles”. El propio Canal Habana, que había generado el sano hábito de “Cold Case” tras “Habana Noticiario”, de pronto intercalan otra serie asiática y retrasan mucho más una serie gustada, que empleé la palabra hábito con toda intención pues se incorpora en el subconsciente; y lo tronchan ahora, como si obligaran a consumir un producto si se quiere ver el que le continúa; y se pierde lo ganado sin lograr dosificarle al público la nueva propuesta, volviendo a la frustración del televidente que sabe que hay cosas que le motivan… pero se las dificultan por mala planificación en la parrilla.

Es como un experimento del que muchos se quejan; y ya no se trata de lo que una vez comenté del ritmo de la parrilla, sino del tono: por ejemplo, Lucas se atraviesa entre programas que son para otros públicos cuando podría brillar más en otros contextos, igual que La Colmenita, que nadie discute sus méritos (al margen del debate del arte al que podemos incentivar a los niños o no, en obras de adultos y para adultos a veces sexistas y con atisbos de la vulgaridad que tanto pretendemos combatir) y sí, es para la familia, como tantas otras propuestas son para la familia y si no lo son, la familia se los apropia… que sea con niños no quiere decir que sea arte limitadamente para niños, pues ante todo, el verdadero arte para niños nos atrapa a todos. Pero para eso y por eso mismo, debe re-pensarse mejor el horario, y más aún en las condiciones estivales. Y menos mal que se aligeró la programación de esa noche que en alguna ocasión, contra todos nuestros reclamos, la película llegó a acabar más tarde que nunca. A los mensajes educativo-políticos les falta arte, y el efecto es contrario al que se busca y suelen ser peligrosamente rechazados.

Claro que tampoco es un apocalipsis la programación veraniega: valga citar el acierto de “A otro con ese cuento” al incorporar una sección con humoristas de otras épocas; algunas series (la reposición de Glee) y películas (Hibernatus; El libro verde; la de Ted Bundy, entre otras); al margen de criterios y facilismos a valorar casuísticamente, no es la peor época de telenovelas, que ayudan las tres (cubana, brasileña y mexicana); o que Teleavances haya profundizado a promover más de otros canales e incluso (casi novedad), el cubanísimo “De cierta manera”, el único de nuestra cinematografía nacional felizmente tan añorada por nuestro pueblo (lo que es de estimular), en el Canal Educativo. Pero estos y otros aciertos se contrarrestan por los desatinos que hacen que en el argot popular, se entremezclen los conceptos dados en un inicio para sentenciar que en verdad, en la televisión del verano, la parrilla está “en candela”.