A 30 años del éxito de Hello Hemingway

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A 30 años del éxito de Hello Hemingway

Hace 30 años, el 25 de octubre de 1990, la filmografía cubana ganaría uno de sus más laureados y exitosos filmes con el estreno del drama Hello Hemingway, dirigido por Fernando Pérez Valdés  (La Habana, Guanabacoa, 1944), cinta que, entre otros premios, respectivamente obtuvo el Coral al mejor largometraje de ficción y a la mejor actuación femenina (Laura de la Uz) en el  XII Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano (1990), así como la máxima distinción de la Asociación de Cronistas de New York, en el Festival de Cine Latino, de esa ciudad norteamericana (1991).

La película gira en torno al célebre libro del escritor estadounidense Ernest Hemingway, quien radicó durante más de dos décadas en la periferia de La Habana, en la finca La Vigía —hoy museo—, ubicada en San Francisco de Paula, una barriada del actual municipio de San Miguel del Padrón. La narración se ubica en el año 1956, y describe la historia de una adolescente llamada Larita (Laura de la Uz), quien establece un paralelo entre su vida y Santiago, un viejo pescador que llevaba 84 días sin poder capturar peces, motivo por el cual su ayudante, el joven Manolín, tuvo que abandonarlo.

La muchacha, perteneciente a una pobre familia, siente pasión por la literatura, afición que corona con la lectura de esa novela corta escrita en 1951 y publicada en 1952 —el último trabajo de ficción importante publicado en vida por el insigne literato y tal vez su obra más famosa—, a través de la cual se incentiva aún más su sueño de ser escritora, como su autor, quien vive relativamente cerca de su hogar, y llega a convertirlo en inalcanzable emblema en sus aspiraciones existenciales, quimera que va evaporándose al ver frustrados sus anhelos —muy por arriba de sus reales medios económicos— de obtener una beca  de Lengua y Literatura inglesa en Estados Unidos.

Igualmente acreedora en el año 1991 de los premios a la mejor fotografía, en el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias, en Colombia; y a la mejor banda sonora en el VI Festival del Cinema Latinoamericano di Trieste, al norte de Italia, esta producción de Fernando Pérez, con un excelente guión a cargo de Mayda Royero, Hello Heminguay introduce al espectador en los conflictos de Larita con su familia, relación que se caracteriza por la disparidad de intereses y aspiraciones, así como con los vínculos afectivos con Víctor (Raúl Paz), su novio, un joven rebelde que se enfrenta al marcado egoísmo de la joven por salir adelante y dejar atrás la miseria y escasez en que transcurre su vida, lo cual constituye la real causa de que se frustrara su aspiración por estudiar en el norte.

Sin proponerse hacer una adaptación fiel de la novela, Fernando y Maya consiguen reestructurar un discurso que se centra en la situación de la muchacha, pero respetando la esencia de la novela, y de tal modo inmiscuirse, sutil y convincentemente, en la situación económica, política y social de la Cuba de mediados de la década de los años 50, en tiempos sangrientos y de extraordinaria pobreza propulsados por el dictador Fulgencio Batista.

En tal sentido, el licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas en la Universidad de La Habana, actualmente el cineasta cubano más reconocido, expresó en una entrevista realizada en el periódico Vanguardia, de Villa Clara, que «el lenguaje metafórico y simbólico siempre me ha atraído muchísimo. Cuando encuentro o pienso que el camino de narrar una historia tiene que ser por la vía metafórica, no es una decisión que tomo desde antes, lo hago porque siento que la historia me lo exige. Mi primer paso fue un mediometraje, Madagascar. Lo hice en el año 93. Recuerdo que hasta ahí había dirigido dos películas: Clandestinos y Hello Hemingway que tocaban temas del pasado reciente, pero no contemporáneo…».

Con anterioridad a esta producción, ya Fernando Pérez había dado muestras de su interés por un cine que en tanto hurgara en la historia insular —con anterioridad sobresalió su multi-premiada opera prima Clandestinos (1987)—, sobre todo en temas relacionados con las luchas sociales, las diferencias de clases, y la desventajosa vida de los más humildes, entre los que generalmente extrae a los principales personajes de sus películas.

El también realizador de otras sonadas producciones del séptimo arte insular, como Madagascar (1994), La vida es silbar (1998), Suite Habana (2003), José Martí: el ojo del canario (2010), Últimos días en La Habana (2017) entre otros, ha sido un cineasta extraordinariamente identificado con su ciudad, con las gentes y los problemas que estas enfrentan, así como aspectos inherentes a un país caracterizado por sus fecundas y ricas cultura e historia. «Soy profundamente cubano», ha reiterado en varias ocasiones. Más recientemente, en el 2018, produjo Insumisa una historia basada en hechos reales: la de la primera mujer que en el siglo XIX llegó a ejercer la medicina en Cuba, aunque haciéndose pasar por hombre).

Indiscutible poeta del lenguaje del cine, este amable intelectual —también escritor y guionista—, Premio Nacional de Cine en el 2007, en Hello Heminguay logró aglutinar a un excelente equipo de realización que a través de su desempeño complementa el éxito de la película: Ricardo Ávila (producción general), Julio Valdés (dirección de fotografía), Jorge Abello (edición), Edesio Alejandro (música original), Carlos Domínguez (sonido) y Onelio Larralde (dirección artística); amén de un elenco de experimentados actores, entre los que sobresalen, además, Herminia Sánchez (Josefa), José Antonio Rodríguez  (Tomás), Enrique Molina (Manolo) y Marta del Río (Doctora Martínez).

En reiteradas ocasiones, Fernando Pérez ha atribuido su éxito en el cine a sus experiencias en el desaparecido Noticiero ICAIC, que «me enseñó a confiar en la imagen». Asimismo, ha expresado que siempre agradecerá «la posibilidad y libertad de expresarnos que nos dio mi padre cinematográfico, Santiago Alvarez, un cineasta comprometido que apoyó todos los proyectos de creación».

Hello Hemingway es un filme que vale la pena volver a disfrutar en cualquier época.