Acosta Danza rinde tributo a Fidel

Acosta Danza rinde tributo a Fidel

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Escénicos, danza contemporánea, Carlos Acosta
  • La joven compañía Acosta Danza rindió homenaje al Comandate en Jefe. Foto: Yander Zamora.
    La joven compañía Acosta Danza rindió homenaje al Comandate en Jefe. Foto: Yander Zamora.

Acosta Danza, compañía dirigida por el primer bailarín y coreógrafo Carlos Acosta, Premio Nacional de Danza, se une a los homenajes para evocar la memoria del Co­man­dante Fidel Castro Ruz (1926-2016), como una forma sui generis de agradecer su constante apoyo al arte cubano en general, y a la danza en particular. En consecuencia, esa novel agrupación llevó a las tablas de la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso una función especial, que honró —con creces— al líder histórico de la Revolución Cubana.

El programa estuvo integrado por las coreografías Hokiri, del francés Mickael Marso Riviere, que desarrolla el tema de la perdurabilidad de la vida más allá la muerte y el eterno renacer del ciclo vital; Babbel 2.0, de la catalana María Rovira, que reflexiona so­bre el caos del mundo actual, donde las culturas se entremezclan e interactúan y los seres humanos se incomunican, o sea, levantan barreras y no puentes; y el dúo De­rrumbe, del coreógrafo insular Mi­guel Al­tunaga, que describe —de forma conmovedora— el fin de una relación amoroso-sentimental.

Un momento significativo fue la presentación de To­co­roro Suite, versión del laureado es­pectáculo Tocororo, fábula cubana, cuyo estreno mundial tuviera lugar en la sala García Lorca del Coliseo de Centro Habana, en 2003, y primera incursión en el campo de la coreografía de uno de los cinco mejores bailarines del orbe; espectáculo que contó con la presencia de Fidel, quien —al concluir la función— se reunió con Carlos Acosta y el resto del elenco en unos minutos que quedaron grabados para siempre en la memoria poética de los artistas que participaron en aquella inolvidable puesta en escena, registrada ese mismo año en el Libro de Honor del Gran Teatro de La Habana..

Ante todo, habría que destacar que los jóvenes integrantes de la agrupación Acosta Danza han descubierto en ese paradigma que es —sin discusión alguna— su director general, que el bailarín debe comenzar la preparación física correspondiente en el momento adecuado, y en el sitio justo donde iniciar el crecimiento artístico, humano y espiritual que lo singulariza. Encontrar al maestro idóneo que reclama el cuerpo sin formar (esa es la única profesión en la que hay que trabajar, estudiar y ensayar todos los días). Mantener el amor propio, la sencillez, la humildad y la entrega incondicional. Hay que bailarlo todo y experimentar en cada salida al escenario. Respetar la tradición y transgredirla con amor y pasión. Recordar que, en ballet, no hay más milagro que el sudor, la sangre y el trabajo sistemático. Y lo más importante: hay que estar tocado por la varita mágica de los dioses, las musas, el hada madrina, la estrella polar o el ángel lezamiano de la jiribilla, porque sin esa luz que ilumina el mundo interior del danzarín, jamás podrá escribir su leyenda personal en esa manifestación artística.

No creo que a nadie que haya disfrutado esa función de lujo le asista la más mínima duda de que esos talentosos bailarines han interiorizado e incorporado a su estilo de bailar esos indicadores metodológicos fundamentales, que no solo les permitieron combinar —magistralmente— la técnica académica y la interpretación teatral en que se estructura la danza contemporánea, sino también intelectualizar y espiritualizar los movimientos corporales del bailarín en ese contexto danzario y dramatúrgico

Un párrafo aparte merece la integralidad artística demostrada por los miembros de la compañía en la impecable interpretación de Tocororo Suite, donde bailaron —con la profesionalidad que los identifica— fragmentos de un ballet clásico o contemporáneo, así como una rumba o guaguancó, expresión legítima de nuestra identidad nacional, y consecuentemente, exteriorizaron —a través de la danza— el afecto, el cariño y el respeto que sienten por el invicto Comandante de la Sierra, quien vivirá eternamente en el corazón del pueblo cubano y de la humanidad progresista.