Adiós a una actriz única, llamada Broselianda

Adiós a una actriz única, llamada Broselianda

No sé si alguien más en el mundo se llame Broselianda. Lo que sí sé es que era una actriz única. No al estilo de esa unicidad que todos tenemos al ser irrepetibles, sino en el de encarnar roles que no concibo en nadie más.

Estremece su repentino adiós cuando se le vio siempre tan sólida y fuerte, tan segura e imperturbable, aunque –sabemos– nadie lo es eternamente. Me parece verla diciendo, en entrevista concedida a Amaury Pérez, «Yo soy una mujer que lo quiere todo», así, sonriendo, triunfadora.

Graduada de Actuación en el Instituto Superior de Arte, con título de Oro, en 1987, Broselianda protagonizó, entre muchas otras propuestas, las telenovelas Cuando el agua regresa a la tierra y Las honradas, con un trabajo exquisito por el que será siempre recordada.

En el cine realizó entregas memorables. Filmes como Las profecías de Amanda, de Pastor Vega, y Barrio Cuba, de Humberto Solás, entre una veintena de ellos, tienen en la actriz desempeños encomiables. Inolvidable resultará también su papel como Doña Leonor, en José Martí: el ojo del canario, de Fernando Pérez.

En la misma entrevista ofrecida al cantautor Amaury Pérez, y a propósito de este personaje, Broselianda expresó: «El día que yo recibí la confirmación de que era yo, fue uno de los días más emocionantes y más alegres y más encontrados de mi vida. ¿Por qué?, lo luché. ¿Sabes?, con esas cosas que uno dice: bueno, no era yo, no era yo y lo luché (…). Es todo un personaje maravilloso, sabemos que es venerada en Canarias y, además, que es la madre de Martí. Cobra una importancia, una labor de caracterización total y completa, o sea, para mí cobra un significado, porque para mí es lo que Fernando me pidió: una madre, una madre cubana, y la madre de Martí».

Al fallecer en Miami, por causas aún desconocidas, contaba con 56 años.

Siento, al saber la noticia de su muerte, que es grande la fragilidad humana. Y nos duele el corazón colectivo. Adiós, Brose de Cuba. Nos dejas la mejor imagen de tu Doña Leonor y un vacío al irte, aún, con tanta luz.