Adrián Fernández: saber decir a las formas artísticas

Adrián Fernández: saber decir a las formas artísticas

  • Ver las piezas constitutivas de toda esta muestra conformando un conjunto único es imprescindible para entender en sistema la obra expuesta por Adrián Fernández. Fotos tomadas de Internet
    Ver las piezas constitutivas de toda esta muestra conformando un conjunto único es imprescindible para entender en sistema la obra expuesta por Adrián Fernández. Fotos tomadas de Internet
  • Ver las piezas constitutivas de toda esta muestra conformando un conjunto único es imprescindible para entender en sistema la obra expuesta por Adrián Fernández. Fotos tomadas de Internet
    Ver las piezas constitutivas de toda esta muestra conformando un conjunto único es imprescindible para entender en sistema la obra expuesta por Adrián Fernández. Fotos tomadas de Internet

La ideología de las formas artísticas es un fenómeno que acompaña la historia del hombre y evidenciala riqueza de ingenio en ese amplio decursar. El siglo XX aportó un nuevo panorama de formas y acentos. Trazó modos peculiares, impregnando a las formas de un renovado deseo de decir por vías indirectas: legítimo terreno discursivo de los lenguajes del arte. Hacer uso con habilidad de esos recursos ha sido y es una de las destrezas de los creadores. Ese es el caso del artista Adrián Fernández, quien a pesar de la corta carrera por su juventud da muestra de moverse con soltura creativa en darle voz a sus piezas, emisoras de sus juicios personales y el eco de los de su época en torno a realidades de la vida social.

¿Qué abordaba la exposición personal de este artista, titulada Homenaje al hombre incompleto a comienzos de este añoen el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales? A mi juicio, su centro de atención era discursar sobre las grandes utopías que de una manera recurrente han estado presentes con proyecciones y matices según las circunstancias históricas. Realiza en su propuesta valorativa una síntesis conceptual, porque aquellas están presentes en la vida de un modo reiterado como motor de aspiraciones sociales pero también culturales, en sus empeños de transformación de las actitudes con miras a logros superiores.

Se impone destacar cómo este artista ha sabido aquilatar el valor doble de las utopías. Tanto para los proyectos individuales por sobresalir que hacen a las personas fraguar su propio camino de aspiraciones elevadas y afanarse en conseguirlo, como de modo análogo, las sociedades se encaminan a proyectar el suyo, desplegando enormes energías para conquistarlo. Llevar a la práctica su cumplimiento en ambos hace crecer en ímpetu y orgullo a sus participantes, especialmente a quienes se entregan con más brío a su favor.

Resulta paradigmática la plasmación metafórica de esa doble dirección, individual y colectiva en que se mueven, en el imponente ser humano evocado en la instalación escultórica, situada en una de las dos salas expositivas en las cuales desplegó dicha exposición. En su parte superior, donde estaría la cabeza, una pequeña escalera da a pensar en insinuada continuidad, cuánto de ascensión le queda aún por alcanzar una estatura de gigante aún mayorde llevar adelante su potente impulso ascensional. Y esto es clave en el enunciado de ideas esbozado en su título expositivo.

Me hizo pensar en un enlace intertextual con la herejía escultórica de Kcho de colocar un tótem compuesto de embarcación y gomas en la entrada interior del Morro habanero en una pasada Bienal de La Habana, tan pretensioso como este coloso de Adrián que igualmente rozaba el techo, intentando con eso coincidentemente continuar sus deseos de expansión, empujando a la mole del techo de la fortaleza en aquel caso, el de la galería de arte en este, simbolizando esa condición de lo utópicode querer siempre sobrepasar los límites.

Intuyo además la cita, homenaje a un autor de talla mundial, en la visualidad poderosa del escultor constructivista Vladímir Tatlin en su Monumento a la Tercera internacional, estructura arquitectónica de metal de descomunales proporciones de impacto urbanista, concebida para imponer su simbólico gigantismo en signo de triunfo de una nueva época histórica; proyecto lamentablemente no concretado, cuya novedad y complejidad hubiesen sido imposibles de realizar en los años veinte de la Rusia soviética. Rastreable también otra cita, en la disposición formal de esta pieza de Adrián en relación a la iconografía de los carteles propagandísticos de esos años, cuando el prodigioso proyecto de transformación buscaba hacer realidad los ideales sociales de la Gran Revolución rusa. Valoro las citas empleadas como una parábola de alcance universal acerca de las proyecciones humanas que hacen actuar a los hombres y sociedades como colosos, alcanzando en sus legítimas intenciones lo desmedido, rastreable desde el relato bíblico sobre la Torre de Babel.

Las proyecciones utópicas se han caracterizado siempre por proponerse en primera instancia construir propuestas de modelaciones de la conducta individual y social; matizadas por las aspiraciones que grupos, sociedades e individuos se trazan en sus singulares circunstancias, de las cuales las obras de arte se hacen representativas. Son saltos decisorios en lo personal y las naciones, registrados a través de la historia del mundo.

Nadie ha quedado exento de esas aspiraciones, y de juicios favorables o adversos en situaciones de realización de las utopías sociales o personales y de las obras que las acompañan. Cuando las metas propuestas han sido muy exigentes, el precio de esas conquistas ha sido muy alto. Quedando el juicio histórico sujeto al balance de los resultados alcanzados y de las metas quedadas en la aspiración, sin haber sido concretadas.

En sus propuestas teóricas y prácticas tienen la aspiración de llegar a impactar en numerosas personas. No todaslas visiones en cambio se ven movidas por lograr beneficios amplios para muchos. Algunas restringen sus alcances a determinados grupos en detrimento de otros, mayores o menores. Es comprobable en la historia cuántos han sido los respectivos beneficios obtenidos en estos ejercicios de pensamiento creador, aunque medidos en contraste con las metas, resulte cuestionable una parte de sus alcances y de los métodos para alcanzarlosen las derivas seguidas, al verse sometidas en las presiones a su avance, a vaivenes y adoptar equivocados endurecimientos, en algunos casos muy notables, para dar cumplimiento a sus fines.

No obstante, y en eso se afirma como balance conceptual general, cuando han sido muy profundas y dejado su impronta, a pesar del consenso de opiniones adversas que puedan emitirse en algún momento sobre ellas –cambiables por demás según las épocas y voceros— representan sin duda admirables saltos de la humanidad hacia un mejoramiento esencial, aunque puedan haberse lastrado en parte en el camino.

Ha de notarse que todas las piezas constitutivas de esta exposición mostrada por Adrián Fernández, distribuidas en dos salas, conforman en realidad a mi juicio una supra-instalación, siendo el gigante antropomorfo la representación de un momento anterior a su posterior desmantelamiento o al momento de la interrupción de ese proceso en construcciónen la otra sala, indicando en consecuencia su carácter inacabado.

La pregunta a formular es si la exposición, que discursa visualmente sobre este aspecto de la realidad –porque los ideales forman parte genuina de ella—, nos presenta precisamente la detención abrupta de su construcción, interrumpida como proyecto inacabado por circunstancias contextuales con su ulterior desmantelamiento, en el cual las pancartas propagandísticas que la proclamaron –a eso apuntan significar las piezas metálicas colocadas en el piso o en soportes metálicos en la otra sala— han quedado vaciadas de su antigua efectividad, desechadas como obsoletas para las estimaciones de la nueva época instaurada.

Que lejos de iluminar un nuevo horizonte en herencia, el de aquel proyecto que buscó tocar el cielo, puedan quedar como testigos de los movimientos de la historia al dar lugar a otras improntas epocales, no necesariamente mejores, que muestran olvido e indiferencia o se ensañan en lo caído. Giro histórico al cual están abocadas las hermosísimas utopías con el cambio de sus complejas circunstancias contextuales. Eso da un llamado de alerta a establecer juicios maduros sobre la no eternidad de las cosas, al peligro de su desmoronamiento o declive, por causas que varían y son propias de cada lugar y momento.

Se observa algo muy significativo en lo expuesto, que los paneles integrantes otrora de dicha estructura, víctimas de un proceso de desmontaje, actuaban antes de paredes, de muros ocultadores de su realidad profunda, manifestada sorprendentemente en esa imponente distribución interna tan hiriente, en la misma sala donde aparecen los paneles en el piso que siguiendo la dirección interpretativa esbozada sería el resultado de su desmantelamiento ulterior.

A pesar de proponerse mostrar generalmente un rostro propicio y benigno, se ven compelidas en su trayecto a asumir en ocasiones rudezas para defenderse y poder triunfar, que al paso del tiempo se pueden revelar improcedentes e inoportunas, en el afán desmedido por cumplimentar sus propósitos. Excesos y endurecimientos que luego serán cuestionados, sacados a la luz, pese a haber sabido guardar en buena medida sus notas ríspidas bajo la apariencia de una acción bienhechora.

A esa idea de una infeliz ruptura o contradicción entre la imagen atractiva que se revisten en su aspecto exterior público, veladora de la reciedumbre y agresividad adoptada en su realización práctica, nos conduce con mucha seguridad la ordenación de vigas metálicas, que a manera de erizo o baluarte defensivo ha conformado al punto de no permitir transitar dentro de ella por su constitución de líneas entrecruzadas que la hacen impenetrable. Da la sensación de un tortuoso y enrevesado laberinto, revelado con el desnudamiento del núcleo interno de la figura enorme en la otra sala.

Alejada de ofrecerse a la comprensión fácil, se encarga de evidenciar la intención de su no transparencia, expresión de un intricado sistema de interconexiones en extremo enmarañadas y difusas que habla sobre el modo de asentarse la naturaleza controversial de lo utópico. Rechaza con ese modo de presentación cualquier intento a dejarse penetrar físicamente, inalcanzable para quien lo intentase. Esto conduce al efecto emocional cuestionador de esa naturaleza enrevesada, porque sugiere sensaciones perceptivas incómodas y agresivas respecto a dejarse explorar en lo interno, lo cual se constata al indagar en el público sobre los efectos provocados en ellos a nivel sensorial.

Efecto buscado por el artista en signo expresivo de develar ese ocultamiento detrás del cual lo utópico puede esconder sus debilidades y sus sombras. Llama el artista a pensar que por el contrario, los ideales a conseguir, artísticos u otros, deben tocarse claramente con la palma de la mano. Es ahí en donde residiría la verdadera fuerza y magnificencia intocable de lo utópico, en lograr y mostrar abiertamente el balance favorecedor entre las metas y los resultados que se vayan alcanzando. De modo que la estructura simbólica empleada por este creador al tratar el tema, ha logrado penetrar en la sobrecogedora complejidad de al menos, cierta manera de comportarse lo utópico.

Ver las piezas constitutivas de toda esta muestra conformando un conjunto único es imprescindible para entender en sistema la obra expuesta por Adrián Fernández, a quien celebro por su clarividencia en torno a un planteamiento osado y profundo, pero sincero en el fondo, tal como creo se pronuncia formalmente y se sostiene el discurso conceptual empleado.