Aire de luz en la Loynaz

Aire de luz en la Loynaz

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Centro Cultural Dulce María Loynaz, Basilia Papastamatiu, Caridad Atencio, Ismael González Castañer
  • La poeta e investigadora Caridad Atencio fue una de las protagonistas del encuentro.
    La poeta e investigadora Caridad Atencio fue una de las protagonistas del encuentro.

Este jueves en la tarde, la sala Federico García Lorca del Centro Dulce María Loynaz se iluminó con la tertulia decana que Basilia Papastamatíu cada mes nos entrega. Laboriosa como pocas intelectuales, esta suerte de hada madrina se las arregla para aparecerse con propuestas cada vez más interesantes.

Los protagonistas del espacio fueron Caridad Atencio (La Habana 1963) e Ismael González Castañer (La Habana 1961) quienes durante dos horas cautivaron la sala —llena a tope— con sus poemas, criterios y alguna que otra contestación inteligente. Todo esto demuestra que aún en espacios como este, carentes del coctel de turno y el buffet —que casi siempre se agradecen— se valida la importancia y la fuerza de convocatoria de la poesía, sobre todo, con tales adalides, a pesar de la lluvia anunciada y el calor omnipresente de estos días.

Caridad Atencio, autora de importantes libros y merecedora de correspondientes reconocimientos en la literatura cubana mostró, en apretada síntesis por qué se le considera como una de las altas voces líricas del concierto cubano de las letras actuales, con la a lectura de un grupo de poemas inéditos de su próximo libro y otros ya publicados que nos ratifican a una mujer con una obra madura, serena, en pleno crecimiento mayor y dueña de un estilo bien propio que trasciende tendencias, grupos generacionales o escuelas.

Ismael González Castañer, también laureado por su obra en nuestro país, recién regresa de Venezuela después de una misión cultural de algo más de dos años y se nos mostró a su vez como el mismo eterno insatisfecho con lo ya canonizado y la miríada de experimentaciones sonoras, rítmicas, semánticas y polifónicas con las que expresa su actitud ante la poesía. Su carta de triunfo esta vez fue Disfuerzos, el libro polémico que le lleva años acabar en un proceso tan dinámico como el de la propia vida.

En Ismael González lo conceptual, lo performático y la intertextualidad conforman una urdimbre con la que construye el descubrimiento de todos los misterios.

Ambos poetas, unidos no solo por la amistad y alguna que otra maldición, sino también por los mismos presupuestos ético estéticos, tienen una historia en común con su presencia, de una u otra forma, en varios de los más importantes núcleos creativos del proceso transformador de nuestra cultura. Sus nortes han sido asumir, ante todo, la literatura con ineludible y valiente responsabilidad.

Dos horas que transcurrieron como dos minutos en medio de la expectación y la avidez de un público que los sigue dondequiera que estén.