Al Rey de los tambores

Diez años de su fallecimiento

Al Rey de los tambores

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Músicos, rumba cubana, entrevista
  • Múltiples aportes realizó Tata Güines a la música cubana ente ellos: toques de tumbadores, paileros y pianistas. Fotos de la autora
    Múltiples aportes realizó Tata Güines a la música cubana ente ellos: toques de tumbadores, paileros y pianistas. Fotos de la autora
  • Múltiples aportes realizó Tata Güines a la música cubana ente ellos: toques de tumbadores, paileros y pianistas. Fotos de la autora
    Múltiples aportes realizó Tata Güines a la música cubana ente ellos: toques de tumbadores, paileros y pianistas. Fotos de la autora

Federico Arístides Soto Alejo, más conocido como Tata desde su infancia, nació a finales del mes de junio en la década del 30 del pasado siglo en la zona de Güines, de allí el nombre artístico que lo dio a conocer a escala nacional e internacional: “Tata Güines”.

El miembro de Honor de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), próximamente cumplirá diez años de su desaparición física, por ello, la web de la UNEAC, realiza un merecido homenaje, a través de la entrevista a su hijo, Arturo Soto Martínez, percusionista y director de la agrupación Tata Güines Junior, para continuar y promover su obra como uno de los más grandes exponentes del género rumbero en Cuba.

Comentaba Tata Güines en grabaciones, que sus comienzos en la percusión fueron tocando rumba en su barrio natal y en los bembés con los viejos; aprendió escuchando la radio con las orquestas que tenían tumbadoras, con Chano Pozo catalogado por él como su maestro y uno de los primeros en darle prestigio a la tumbadora; cómo fue la formación musical característica de su padre.

“Una vez fue Chano Pozo a Campo Amor en Güines y él se coló, porque estaba muy chiquito y no lo dejaban entrar… pero se puso al lado de Chano Pozo, a mirar cómo Chano tocaba, y le pidió tocar; por lo que Chano le dijo,(…) Chiquito, usted cuando sea grande va a ser un buen músico.

“Luego en las Yaguas él conoce amigos percusionistas y comenzó a tocar en las fiestecitas particulares, así se dio cuenta que tenía alguna virtud, y empezó a estudiar de manera autodidacta.

“En una forma de tocar recoge las manos, como tenía las uñas largas y duras empezó a mover los dedos y allí apareció el ritmo, la forma de tocar peculiar en él… y es que su mamá, la niña, que lavaba para la calle, trabajaba mucho con almidón, entonces como él tocaba con dos laticas (una de guayaba y otra más grande de manzana) y se le ensuciaban mucho las manos, le echaba mucho almidón”.

En una entrevista realizada por Mayra Martínez en 1989, para la revista Revolución y cultura, Tata confesó la utilización de toques creados por él, en tumbadores, paileros y pianistas.

La ejecución de este virtuoso de la música cubana, era evidente en los ojos del admirado y complacido público que se quedaba extasiado ante cada actuación llena de creatividad y emoción; ejemplo de ello fue que aprovechó cada parte de las extremidades superiores de su cuerpo, para crear una nueva sonoridad al parche de las tumbadoras, de una manera peculiar, haciéndolas parte de una sinfónica, un jazz o un ballet clásico. 

Seleccionaba los cueros de mula para sus instrumentos, porque consideraba que eran los verdaderos cueros para las tumbadoras, también llamadas como “sus niñas queridas”, a las que colocaba los mejores cueros. 

Cuando hacía los solos, “sentía como que se trasladaba con el tambor, porque el tambor tenía sus secretos”, y así lo creyó.

Conocido como “manos de oro” o “la máquina de escribir”, al maestro Tata Güines le fueron otorgadas grandes distinciones como el “Premio Grammy” en el año 2001 por el CD La rumba soy yo y el Premio Nacional de la Música en el 2006, mismo año en que la Unesco declaró a la Rumba, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad; dos años después, fallece, representando una notable pérdida para la cultura cubana.