Al sol arrancó luz para su gloria

Roberto Fernández Retamar

Al sol arrancó luz para su gloria

  • Roberto Fernández Retamar. Foto La Jiribilla
    Roberto Fernández Retamar. Foto La Jiribilla

Su vida y obra ya han pasado a la posteridad como una de las personalidades más importantes y atrayentes del mundo cultural cubano e internacional. Martiano fervoroso, acerca de él (de seguro), el Apóstol le hubiera dedicado muchísimos pensamientos, mas, entre ellos, me atrevería a incluir el siguiente:

“No mueren nunca sin dejar enseñanza los hombres en quienes culminan los elementos y caracteres de los pueblos; por lo que, bien entendida, viene a ser un curso histórico la biografía de un hombre prominente” (1).

Y así es y será. Roberto Fernández Retamar, profesor, maestro de generaciones, diplomático, directivo de dos instituciones destacadas del mundo cultural continental: la Casa de las Américas y el Centro de Estudios Martianos; además de una de las voces más honestas y convincentes de nuestra diplomacia, entre otras ocupaciones. ¿Qué más decir de este prominente hombre, de educación exquisita y elevada palabra? Enciclopedia siempre viviente. Cautivador a partir de sus versos y escritos diversos de generaciones comprometidas con la literatura, la historia, con la cultura y el patrimonio en general de nuestra América martiana, bolivariana y fidelista.

Padre, esposo y abuelo feliz, muy bien podría atribuírsele otro pensamiento martiano como aquel que resalta su total compromiso “a la familia de hombres que sacuden al aire una bandera, miran de frente al sol, y al sol arrancan luz para su gloria, y al aire arrancan el secreto de la independencia de un país” (2).

A Fernández Retamar se le tributarán infinidad de homenajes, como el recién efectuado en la Casa de todos los americanos, la Casa de las Américas, que presidió durante años con su inolvidable talento y teniendo siempre presente que la política es obra de los hombres que rinden sus sentimientos al interés, o sacrifican al interés una parte de sus sentimientos” (3).

Estudiantes universitarios, antiguos alumnos formados gracias a su entrega y valía docente, colegas, amigos, compañeros de trabajo, artistas y dirigentes del Partido y del Gobierno cubano conformaron el auditorio presente, y al mismo tiempo, trascienden los mensajes de condolencias recibidos por parte de prestigiosos intelectuales de esta América blanca, negra y mestiza, orgullosa de haberlo tenido como voz y pluma en defensa de la unidad, solidaridad y la paz de este otro lado del mundo.

Intervenciones como las del escritor Miguel Barnet quien destacó “Roberto siempre será una alegría sonora para nuestro país, fue verdaderamente un intelectual típico; mientras que el historiador doctor Pedro Pablo Rodríguez subrayó “buena parte de su quehacer la dedicó a revisar la obra martiana, a la vez que aportó una de las miradas más lúcidas y abarcadoras en ese ámbito”, y la poetisa Nancy Morejón aseveró que “sus poemas están en los míos, de alguna manera”, evocando a continuación dos de ellos.
Fernández Retamar se nos ha marchado físicamente, mas no así en el pensamiento de cada latinoamericano y caribeño, de cada americano de la porción norte de este otro lado del mundo. Su obra y su vida, de absoluta cubanidad, iluminan las conciencias de muchos quienes, fieles lectores de sus libros, de sus principios y vivencias escriturales, y de aquellos otros quienes en avalancha estudiantil revolucionaria decidan evocarlo en acciones, es y será la mayor compensación que a la Nación cubana, a su historia, literatura, periodismo y, en especial, a su pueblo, puedan otorgárseles.

La Nación, febrero 1887. O.C. T. 13, p.156.

TheHour, 10 de abril 1880. O.C. T. 15, p. 320.

La Revista Ilustrada, mayo 1891. O.C. T.6, p. 16