Alberto Luberta Noy: Un artista de ciclo completo

Alberto Luberta Noy: Un artista de ciclo completo

En los 89 años del maestro Alberto Luberta Noy su ausencia parece irreal, por lo cercano que lo perciben la cultura y el pueblo cubanos. El Premio Nacional de Radio y de Humorismo por la obra de toda la vida conquistó con su talento y consagración el mérito de la trascendencia. Y apunto con intencionalidad  talento y consagración porque la obra, y más que eso el legado que nos dejó Luberta, no radica solo en su capacidad para hilar situaciones humorísticas, para apropiarse de los códigos del costumbrismo como nadie y reflejar la cubanía de forma magistral en un libreto. El maestro fue un artista de ciclo completo. Un compañero de su arte.

Leer las entrevistas a Luberta publicadas en diferentes medios da la impresión de una inconsciencia de su genialidad. En él sobresalió siempre una actitud humilde ante la obra y quizás la más fehaciente muestra de esa humildad fue su acompañamiento desde el germen hasta la realización del producto creativo.

Es conocido que siendo muy joven se vinculó a la radio como copista y que por sus manos pasaron joyas del dramatizado en nuestra radiodifusión. Quizás desde aquella época aprendió Luberta a cosechar en la calle los elementos con los que construiría luego sus personajes para el gustado espacio Alegrías de sobremesa. Una estudiada elaboración de personajes en los que el pueblo podía encontrarse sin dificultad, identificar a un vecino, un familiar o un compañero de trabajo. Aquellas personas fabuladas por la mente del  escritor crecían en los parlamentos, tomaban forma de un libreto a otro hasta asentarse, como un vecino más, en todos los barrios del país.

No era suficiente. El diseño cuidadoso no bastaba y el maestro Luberta se preocupaba también por la interpretación. Fue muchas veces su olfato para el  casting una garantía en la caracterización idónea. El escritor encontraba a los actores y actrices con la capacidad de explotar al máximo sus creaciones e incluso llegó a escribir con el intérprete preconcebido. A fin de cuentas la obra era un hijo más y algo tan preciado no se podía colocar en manos de cualquiera.

Es innegable la extraordinaria capacidad productiva de Luberta. La creación diaria de libretos devino mito, al punto de que ningún escritor logró sostener el ritmo y el espacio tuvo que recesar poco tiempo después de su partida física, para tristeza de sus seguidores, del pueblo cubano. Ahí están los archivos, el patrimonio que nos queda de herencia y también los audiovisuales que, sobre esa base realizó Canal Habana, como homenaje al creador de Marianao, bajo el título Que gente. Esas obras atestiguan el ingenio prolífico y la constante búsqueda de temas novedosos.

Pero la consagración no se detenía en la entrega de un guión pulcro, depurado, contentivo del gracejo y la idiosincrasia nacionales. Luberta se trasladaba hasta el estudio número 1 Benny Moré, de Radio Progreso, a presenciar la grabación de sus libretos. Era incapaz de desentenderse del alumbramiento de sus criaturas entrañables. No se trataba de una relación contractual con la planta o el espacio radial. Estar presente en el cierre del ciclo creativo era un acto de compromiso del autor con su obra. Fue acompañar a los hijos de su imaginación hasta el momento en el que estaban listos para salir a entretener, divertir y también a educar al  pueblo con sus ocurrencias.

Alberto Luberta respetaba su trabajo con la misma vehemencia con la que respetaba al público. Nunca una palabra desagradable, nunca una alusión hiriente. Jamás una frase de burla utilizando los defectos ajenos porque sabía ahondar en otros recursos y provocar la risa sin chabacanería, sin hacer concesiones éticas. Quizás sea esa la razón para que en este aniversario los cubanos, los de este gigantesco edificio multifamiliar que recreaba el maestro, somos ese tipo de gente. Gente que reconoce el verdadero arte y se detiene a rendirle tributo a ese artista  que vivió con pasión  su obra desde la concepción hasta el aplauso. A ese artista de ciclo completo.