Ancestrario, una anécdota de vida bien contada

Ancestrario, una anécdota de vida bien contada

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Escritores, Camagüey
  • En alrededor de 120 páginas, entre textos y testimonios gráficos, la autora va contando con maestría las memorias familiares. Foto del autor
    En alrededor de 120 páginas, entre textos y testimonios gráficos, la autora va contando con maestría las memorias familiares. Foto del autor

Como una anécdota de vida bien contada calificó al libro Ancestrario, de la periodista y guionista avileña, con residencia en Camagüey, Luisa Fernanda Alejo Fernández, la poetisa y pedagoga cubana Maité Glaría.

Ancestrario fue publicado este 2018 por la colombiana editorial Corporación Cultural Alejandría.

En alrededor de 120 páginas, entre textos y testimonios gráficos, la autora va contando con maestría las memorias familiares que a decir de Glaría «ha sido sazonada con los mejores recuerdos, con las aposiciones perfectas y los enlaces, epítetos y atributos precisos».

Considera la prologuista que cuando repasó cada episodio de la obra su mente voló y se detuvo gozosa «en las estampas de una ancestral cascada de numerosos y diferentes personajes que en cada episodio viven o reviven una vida entera, plena de criollo virtuosismo».

En más de veinte relatos, Luisa Alejo va narrando aspectos esenciales de dos familias y sus entornos, raíces y contradicciones, para traerlas al presente y lograr con sutiliza hacer reír, reflexionar y preocupar al lector.

En Ancestrario están presentes chispazos del relato, el testimonio, el cuento y la tonada campesina que se entremezclan en esa fabulosa historia de gente del campo y la ciudad y que es capaz de envolver al lector sin que lo perciba y atraparlo con ese amor con que Luisa Fernanda Alejo Fernández revive sus antepasados.

Cuenta que el primero fue Lutgardo y que bajó desde su aldea cercana a Badajoz hasta Cádiz y que se embarcó en la ruta de suelos y riquezas y se quedó en las tierras rojas de Ciego de Ávila, Cuba.

Narra que este personaje «una mañana, y sin anuncio previo, se le ocurrió morirse mientras curaba a unos bueyes enfermos», quien fue sepultado, por propia voluntad, «en la arbolada, justo debajo de un mango, el primero que se plantó, y del que nadie volvió a comer para no autoculparse de antropofagia…».

También apelo al proverbio chino utilizado en la obra Ancestrario que sintetiza que « El que no conoce su aldea de origen jamás encontrará la aldea que busca».