Anish Kapoor expone en La Habana

Anish Kapoor expone en La Habana

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Plásticos, arte universal
  • Las piezas de Kapoor son siempre verdaderos retos a la apreciación e interpretación de los receptores. Foto: Paola Martínez Fiterre
    Las piezas de Kapoor son siempre verdaderos retos a la apreciación e interpretación de los receptores. Foto: Paola Martínez Fiterre
  • Las piezas de Kapoor son siempre verdaderos retos a la apreciación e interpretación de los receptores. Foto: Paola Martínez Fiterre
    Las piezas de Kapoor son siempre verdaderos retos a la apreciación e interpretación de los receptores. Foto: Paola Martínez Fiterre

Una asombrosa exposición personal del renombrado artista de origen indio Anish Kapoor ha estado exhibiéndose hasta marzo en la sede permanente del Centro de Arte Continua (Galleria Continua) en el antiguo Cine Águila de Oro, situado en el Barrio Chino habanero. Forma parte de una pléyade de artistas deslumbrantes que han expuesto en las últimas décadas en las más prestigiosas galerías y museos de jerarquía mundial.

Las piezas de Kapoor son siempre verdaderos retos a la apreciación e interpretación de los receptores. Son obras conceptuales de sorprendente sencillez de formas, concebidas como esculturas abstractas de proyección instalativa. En muchos casos de grandes o medianas dimensiones, diseñadas especialmente para los espacios donde serán emplazadas, bajo techo o a cielo abierto.

Las presentadas en La Habana son de magnitud mediana, pero no por eso menos ambiciosas en sus significados. En estas se detiene en concordancia con su producción habitual, a considerar los problemas derivados de las distorsiones de las informaciones perceptivas y de sus alcances gnoseológicos. Es partidario declarado de ver al mundo desde la perspectiva filosófica de lo ilusorio, así lo ha declarado en los últimos años en entrevistas realizadas en distintos medios. Lo hizo indirectamente también aquí, mientras conversábamos algunas personas con él.

Su poética transita por la idea de las limitaciones generales de los sujetos en percibir directamente la naturaleza esencial de lo real, debido a la “ceguera” de los sentidos para percibir con claridad la verdadera realidad, la cual subyace y permanece oculta detrás de las manifestaciones inmediatas. A esa escondida realidad trascendente, es posible acceder no de una manera estrictamente racional o intuitiva porque está más allá de esas dos vías. A eso divino e inaccesible de inmediato, que él deja constantemente entrever, se accede a través del sereno saber emocional y sicológico, unido a un sentimiento de seguridad emanado de esas circunstancias que escapan al acto intelectivo de la palabra y de la percepción directa. Condicionado a un acto de fe al cual los hombres no están normalmente preparados, necesitados por lo general de antemano de una prejuiciada comprobación que interrumpe el acto comunicativo fluido con lo trascendente, mientras paradójicamente cae continuamente víctima de la confusión provocada por los sentidos.

Para este artista, el órgano carnal de la visión se ve sometido a la confusión de las ilusiones perceptivas. No obstante, las apariencias tienen tal poder de seducción en las personas, a nivel individual y de los grupos humanos, que la presencia misma de estas, induce a la creencia de encontrarse ante lo real. Según personalmente valoro, puede aquilatarse en sus piezas en el arrebatador poder de lo ilusorio de convencer a los sentidos, de hacerles creer que lo percibido existe como tal. Lo pone por ejemplo en presunta evidencia, en una de las mostradas, titulada significativa Descenso al limbo (La Habana, 2016), conformada por una superficie de un color negro-azul sumamente oscuro, dotado de un enigmático poder de atracción que invita tentadoramente a aproximarse, a percibir confiado, bien de cerca. Sin embargo, su estructura física es en verdad no una superficie sólida como aparenta, sino una hendidura muy profunda y peligrosa excavada en el piso durante la preparación de su montaje instalativo, como parte propia del cuerpo físico de esta obra. Su color y aspecto aparencialmente compacto y extraordinariamente sólido es el resultado de la aplicación en sus paredes interiores de una pintura especial que absorbe fuertemente la luz y la hace parecer, falsamente, una superficie maciza. Por eso se encuentra acordonada durante las visitas, y no se permite aproximarse sin la debida protección de un guía, que evita al participante el error de seguir su impresión, no solo primera e inmediata, porque aún de cerca sigue pareciendo una superficie sólida cuando en realidad es un hueco. Kapoor siempre hace uso del color no como un componente plástico más sino decisivo para la captación del sentido.

Promueve desde el arte, el enfrentamiento del público a un problema gnoseológico: el de evitar confiar ingenuamente en la información ofrecida por lo sensorial, en este caso de la vista. Deviene símbolo aleccionador acerca del camino de error al cual siempre en primera instancia arrastran los sentidos. Y en esa alerta nos llama a reflexionar en que la supuesta sensación de seguridad y exactitud obtenida, en principio puede ser sumamente ilusoria, expuesta en cualquier instante a someternos a la experiencia de un imprevisible giro dramático. Extrae esas consideraciones a partir de acercamientos filosóficos al arte, asimilados de muy diversas fuentes filosóficas, orientales y occidentales de diversas épocas.

En la pieza descrita, el hueco aparencialmente lleno, como si se tratase de una tapa sobre el piso, opera en mi opinión en otra dimensión, que para algunos pudiera parecer inverosímil, pero estoy convencido se inscribe en esa intención cognitiva que apuntamos: la ser una modelación artística representacional de lo que ocurre a su vez en las dimensiones de la naturaleza, incluida la cósmica, pues guarda una analogía con los peligrosos huecos negros en el espacio sideral. Capaces igualmente estos agujeros (como el de la obra considerada) de absorber totalmente la luz, de atraer y dejar irremisiblemente atrapado sin remedio, a cuanto objeto enorme en dimensiones y complejidad estructural, se aproxime demasiado a esas vastas trampas cósmicas, sujetos a las graves consecuencias de los efectos destructivos de las extrañas anomalías en el comportamiento de la física del espacio-tiempo que los caracterizan.

Los modelos teóricos de representación de los agujeros negros en el espacio cósmico guardan una notoria similitud con sus proyecciones artísticas. Y no solo en relación a esta obra. Él siempre se interesa por hacer correspondencias que exigen al espectador establecer cadenas de asociaciones abstractas entre complejas intertextualidades referenciadas, distantes de una mediación lógica fácilmente reconocible. Ocurre en forma de remolino impetuoso de aguas muy oscuras, abierto también en el suelo en una versión realizada en octubre de 2016 en la sede madre de la Galería Internacional Continua en San Gimignano, Italia. De nuevo se produce la maniobra de ese poder enceguecedor de las emociones, de los sentidos, del pensamiento. Lo logra expresar a través de la seducción simbólica del color, esta vez de lo oscuro, en el sentido de lo impenetrable del misterio metafísico que nos puede arrastrar confusamente hasta el abismo, con toda una carga asociada de alcances religiosos, éticos y sicológicos, a los cuales abstractamente se abren sus esculturas concebidas como instalaciones. Es un motivo de orientación gnoseológica al que vuelve, adoptando formas artísticas diferentes.

Potenciando la significación, la Naturaleza en su máxima expresión cósmica se comportaría, inconscientemente, semejante a lo que ocurre sicológica y perceptivamente a nivel de la pequeña dimensión de los individuos, manifestando la existencia de correlaciones primordiales y ocultas de valor universal. Podría pensarse que en su poética, Kapoor concibe a la naturaleza inmersa en poderosos nexos que la entrelazan en todo su conjunto conformando una gran unidad, la unidad del todo. Esos íntimos y secretos enlaces entre niveles abiertamente contrapuestos, de lo abrumadoramente macro y lo micro, son de particular interés en este artista. Introduce en sus concepciones estéticas, el fenómeno de la incertidumbre, ese que desde las ciencias, la religión, la filosofía y el arte ha generado un radical giro epistemológico. Las posibles homologías que saca a la luz establecen unas ocultas e íntimas filiaciones a niveles multidimensionales en lo interno de la naturaleza, concebida como esa gran unidad del Todo, dentro de la cual está inmersa de manera inalienable la naturaleza humana.

A partir de esas condicionantes, de caer en ese hueco, bien la persona en el vacío supuestamente lleno de la obra referida arriba, o en las turbulentas aguas de la realizada en Italia, o bien los sistemas estelares en el hueco negro cósmico, implicaría el respectivo hundimiento catastrófico en la oscuridad más extrema e insalvable. Sus instalaciones devienen metáforas de alerta, cognoscitiva y moralizadora, en cuanto a los diversos alcances de cómo los sentidos distorsionan la imagen esencial de lo real y ofuscan la mente con su alto poder de atracción. De cómo es posible quedar atrapado el observador en las formas aparenciales sin poder salir de la enrevesada maraña de falsedades y errores entretejida por las ilusiones, aplicable por tanto en extensión a un sinfín de situaciones de la vida práctica también. Esta es mi aproximación hermenéutica a uno de los principales motivos que he podido esclarecer se nuclea con fuerza en las reflexiones filosóficas y estéticas de Kapoor sobre el cual he desplegado el fundamento de esta valoración crítica.

Diría que las obras de Kapoor están siempre dispuestas a resaltar el dilema de lo ilusorio y los equívocos asociados, sea cual sea la escala considerada, en la envergadura asociable de su análisis, sea la naturaleza como un todo o la humana en sus diferentes manifestaciones. Apunta insistente a mi juicio, a la confusión que conduce por esa vía a la imposibilidad de acceder directo a lo profundo de la realidad verdadera. Y debe saberse por todas las personas de ese dilema cognoscitivo para establecer un freno siempre a la impresión primera y aun mantenida después, supuestamente coincidente de inmediato con lo creído rea, porque incide la distorsión perceptiva de los sentidos en el juicio obtenido. Siempre trae implicaciones y debemos tenerlas en cuenta para actuar en correspondencia. Debido a no estar dotada la capacidad natural perceptiva por sí misma de la facultad de adentrarse en lo profundo de las múltiples apariencias adoptadas fenoménicamente por la realidad, sino de quedarse por el contrario en los supuestos lógicos derivados de esas impresiones, apenas en la captación de la superficie de las cosas.

La propuesta conceptual de Kapoor es indicadora de la ceguera perceptiva por la cual el hombre no puede confiar ingenuamente, aun bajo una observación supuestamente juiciosa, debido a lo engañoso que resultan los datos obtenidos mediante las percepciones inmediatas. Incluso el conocimiento científico no escapa de esta problemática, pues el propio instrumental de las ciencias necesita de continuos perfeccionamientos para poder llegar a percibir realidades que subyacen, no detectadas por los preliminares o sucesivos acercamientos instrumentales de menor potencia. Y se hace necesario desechar las suposiciones precedentes que demuestren ser inapropiadas a partir del nuevo horizonte cognoscitivo alcanzado. Razón por lo cual se le hace imprescindible a este artista, encontrar las vías efectivas en lo artístico de hacer trascender expresivamente esas limitaciones sensoriales y manifestar mediante su arte el carácter desajustado de ese conocimiento. El cual expone al público, no solo como un acto intelectivo de contemplación externa al cual acceder, sino de penetración y su captación a nivel emocional cuando las personas se interrelacionan con sus obras. Alcanzable en este Descenso al limbo, creado in situ en la sede la Galería Continua junto a otras piezas expuestas en esta muestra personal suya en La Habana. Llegado a este momento de nuestra consideración interpretativa, es necesario destacar la intelectualidad de este artista, adentrado en una pluralidad de conocimientos filosóficos, científicos y artísticos, sagazmente interrelacionados.

Me complació mucho haber podido conversar directamente con él, y ver cómo asume con gran sencillez el trato hacia sus interlocutores. Destaco su serenidad de espíritu, su convencimiento en verdades trascendentales, expresadas a un nivel conceptual filosófico, asumidas sin embargo en la impresionante sencillez característica de sus abstractas realizaciones artísticas. Es esto un ejemplo elocuente de la profundidad de su sabiduría. Ha sido un orgullo realmente inefable el haber contado con su presencia física acá, gracias a la labor del Centro de Arte Continua por acercarnos a artistas renovadores de rango mundial.

Las creaciones de Kapoor presentadas en esta muestra, como las exhibidas en otros escenarios, son ciertamente puestas en escena de las ideas que sostiene, como si se tratase de plenas demostraciones de esa distorsión gnoseológica, la cual es una de las constantes conceptuales que le atraen, así como acerca de las vías para acceder a conocimientos confiables que le otorguen a la gente una serenidad de espíritu y efectividad mayor en la aprehensión práctica e intelectiva del mundo. De ahí su necesidad de llamar la atención a no detenerse en lo ilusorio, de partir del principio esencial de la duda metódica como hiciera el filósofo francés René Descartes, en no constreñirse a los resultados ofrecidos por los órganos sensoriales, de cuestionárselos, de contrastarlos. En mantener siempre la búsqueda del conocimiento de manera afanosa, inquebrantable y sin tregua, en el conocimiento que se encuentra más allá de lo aparente.

En correspondencia, para poder acceder al hondo sentido de sus vitales creaciones artísticas, Kapoor demanda del receptor la mediación de un pensamiento acucioso a poner la atención en otra dimensión alejada de lo visible, capaz de hacer desaparecer separar las brumas de lo ilusorio, de indagar en lo subyacente, escondido tras la inmediatez del juicio, racional o emocional. Deberá comprender toda persona, no solo frente a sus exposiciones, que siempre detrás de lo inmediato existe un mundo de ocultas relaciones de notoria complejidad, cuya estructura está sustentada en otras diferentes a las percibidas porque la imagen observada, visual o mediante otros sentidos, es tan solo la superficie, la primera capa de lo existente. Se propone enfrentar al espectador a la sensación y a la comprensión, de estar el ser humano permanentemente atrapado a diario en un torbellino de equívocos. Razón por lo cual debe estar siempre alerta.

Quienes observen sus obras de un modo ingenuo, aceptando la primera impresión aspectual ofrecida, no podrán advertir la imagen insondable del acto receptivo al cual nos conduce Kapoor. Han de poder establecer, en cambio, de construir mentalmente otra imagen, la suya, en función de detonar, de hacerla surgir, nueva y propia en lo interno del pensamiento individual de cada receptor. Así podrán intentar acercarse al gran misterio de la naturaleza total, incluida la naturaleza de lo divino, en sus íntimos e indisolubles nexos con lo humano, que él propone según estimo en la perspectiva de mi valoración crítica. Esa imagen no se detendrá en lo visible, apenas esta ha de servir de contacto físico-perceptivo para mediar ulteriormente, ya ni siquiera en presencia de aquella, con la imagen mental-interior de orden conceptual a formarse en el receptor, la cual intuyo firmemente, sea la finalidad última y trascendente buscada por su arte.