Antonio Borrego no le basta a la eternidad

Antonio Borrego no le basta a la eternidad

Antonio Borrego (Tony) fue reconocido como el poeta más popular de su generación en Las Tunas. Hombre bueno, cuya calidad creativa era sólo superada por el cariño inmenso que le prodigaban quienes le conocían.

Su libro La eternidad no basta para todos acaba de ver la luz bajo el sello Sanlope, de esta provincia y duele que él no esté físicamente para compartirlo.

El volumen parece premonición, 91 sonetos que hablan de la vida, de la muerte y de Dios. Su editor, Argel Fernández confiesa que está lleno de metáforas y figuras tropológicas, de filosofía, pero sobre todo de amor.

Discípulo directo de Gilberto E. Rodríguez, considerado el poeta más importante del siglo XX en Las Tunas, Tony muestra su maestría en el manejo del soneto, una estrofa tan difícil, refiere Argel Fernández.

El volumen resulta una compilación de textos que fueron escritos en diferentes etapas de la vida del autor, quien tenía la asertividad de convertir la vida cotidiana en versos trascendentales y la certeza absoluta de que en la eternidad su sitio estaba reservado junto a los buenos poetas.

La obra de Borrego pervive, apabulla al olvido desde su primer libro Doy gracias a Dios por ser ateo (1991) hasta La eternidad no basta para todos, publicado pos mortem porque tienen intrínseco eso que el escritor Carlos Esquivel define como «estruendosa naturalidad, despliegue de signos que no resienten el signo mágico de su memoria, el acto justiciero de prodigar un cauce poético de alto valor ontológico y filosófico».