Apuntes desde el plenario

Apuntes desde el plenario

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Escritores, X Coloquio y Festival Internacional de Poesía Nicolás Guillén
  • En el Coloquio Waldo Leyva, se refirió a la insuficiencia en el estudio del cimarronaje. Foto: Ernesto Cuní
    En el Coloquio Waldo Leyva, se refirió a la insuficiencia en el estudio del cimarronaje. Foto: Ernesto Cuní

A propósito de “Pensamiento y acción del sector negro cubano entre 1878 y 1912”

Soy, lo confieso, de los muchos asombrados al ver al poeta Waldo Leyva dictando esta conferencia en el X Coloquio y Festival Internacional Nicolás Guillén. El propio poeta se sintió obligado a explicar que el tema le había sido encargado hace treinta años para la realización siempre postergada de un serial de la televisión sobre Antonio Maceo.

El auditorio estuvo conformado por delegados al Coloquio convocado por la Fundación Nicolás Guillén en la sede de la UNEAC entre el 22 y el 24 de este mes y en su última sesión de trabajo se encargaría a Waldo Leyva la sexta conferencia en plenario del evento.

De los apuntes al vuelo que tomé de la rauda lectura quiero resaltar algunos asertos que, aunque para los estudiosos pudieran no resultar nuevos, constituyen puntos de vista insuficientemente reconocidos por los habituales programas de estudio de la enseñanza general en el país.

Entre estos apuntes anoto la colocación que hace Waldo del cimarronaje como semilla de la nación cubana, en tanto se asumen entonces los palenques como primeras “repúblicas en armas” de todo nuestro proceso libertario.

De igual modo la significación del “cimarrón citadino” (Téngase en cuenta la harto divulgada imagen del cimarrón huyendo —paka a cuestas— en medio de la espesura del monte). Es decir, apunta Waldo Leyva, la existencia, no precisamente esporádica por cierto, del cimarronaje en las ciudades, figura no suficientemente estudiada según él y que diera lugar a un tipo humano que transcurrió en todo nuestro proceso cultural en los años posteriores al colonialismo español.

No podía faltar, en su breve comparecencia, las referencias a Aponte —tampoco suficientemente estudiado en nuestras escuelas- como continuador de los efluvios de la Revolución Haitiana y precursor de nuestras luchas emancipadoras, la alusión a la conversión, a conciencia, en soldado mambí de aquel que un principio solo siguió a su señor y la ingente labor de Juan Gualberto Gómez— que no fuera tan solo el simple amigo de Martí que recibiera la señal de alzamiento envuelta en un tabaco- en un recorrido histórico antecedente a 1912.

Una conferencia que, lamentablemente por falta de tiempo, según los organizadores, no pudo abordar toda su carpeta y adoleció de la ausencia de un debate que, a todas luces, en estos temas, siempre resulta muy interesante.

Waldo Leyva se descubre entonces como un estudioso de tales asuntos cardinales en esta suerte de primicia que apuesta a conceptualizar una etapa verdaderamente definitoria en los avatares de la nación. Y lo hace con un lenguaje cautivador, apartado de poses académicas que pudieran tal vez entorpecer el entendimiento de los públicos medios.

Un poeta de “los que se sientan en la hoguera/ a narrar las sorpresas del día, /a poner junto al fuego lo inesperado, /aquello que resulta imprescindible/ para seguir andando…