Arca para las Hormigas

Arca para las Hormigas

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: Escritores, premio David
  • Presentación de los Premios David de Poesía. Fotos: Lisandra Castro López
    Presentación de los Premios David de Poesía. Fotos: Lisandra Castro López
  • Presentación de los Premios David de Poesía. Fotos: Lisandra Castro López
    Presentación de los Premios David de Poesía. Fotos: Lisandra Castro López
  • Presentación de los Premios David de Poesía. Fotos: Lisandra Castro López
    Presentación de los Premios David de Poesía. Fotos: Lisandra Castro López

En la tarde del lunes 16 de julio, la sala Villena se vio totalmente llena. En menos de una semana Ediciones Unión ha realizado dos actividades exitosas que han hecho que las sillas no sean suficientes para acoger al público lector.

En esta ocasión de trató de la presentación de los Premios David de Poesía: Arca, de Ediel Pérez Noguera, 2016 y Días de hormigas, de Martha Luisa Hernández Cadena, 2017.

La editora de dichos títulos, Jamila Medina, señaló que era un extraño privilegio presentar dos de estos prestigiosos premios un mismo día, lo cual había sucedido al salir juntos de la imprenta. Y que los privilegios continuaban al tener como presentador de Días de hormigas a Larry J. González, quien también ostenta el Premio David, y de Arca a Teresa Fornaris, quien fue parte del jurado de este volumen.

Comenzó la presentación Larry, quien apuntó varios tópicos del libro como las referencias a la madre, a la abuela y la muchacha, y por supuesto a los insectos. Fue proyectado un video grabado en E. U. de Legna Rodríguez Iglesias presentando también el premio de 2017, y habló del tiempo en que conoció a Martha en el cual “estaba borracha y perdida, una cosa más que la otra”, según sus palabras, y es que tanto el discurso de González como el de Iglesias estuvieron plagados de lirismo y de una profunda intimidad con la obra en cuestión.

“Palabras para inventarse como una muchacha brava o como plaga…”. Escribe la poeta y teatróloga Nara Mansur en las palabras de contracubierta. Y en la cubierta como mencionó Larry, en blanco y negro aparece una foto de la madre de la autora, con ella dentro.

Martha Luisa es performer y su escritura no traiciona la escena. Una poesía performática que se desliza por entre telones de tiempos que se transforman en la memoria y se reconstruyen frente al espejo. Rescritura sobre el cuaderno encontrado de la madre. Con el dedo recorre las páginas, la casa y revive otras vidas que allí acontecieron. “Tal vez este dedo y está página sean mi teatro, esa especie de fe escénica que siempre transitan las hormigas” (últimos versos del primer poema que da título al libro). Aparecen en los poemas fórmulas para protegerse del sol, del poema bajo el brazo, de la puesta en escena del olvido, pero no sé si las habrá para escapar de la tristeza. “Una casa libre de hormigas es una casa triste”.

La lectura de Martha Luisa fue emotiva, el libro de Martha Luisa es emotivo: “Estos poemas los escribí para hablar del dolor”.

Tras el rastro de los insectos llegó el arca para meter en ella los artrópodos, los mamíferos, los argumentos…

Teresa Fornaris lee el poema que es la presentación del libro de Ediel Pérez: “Cuatro compartimentos tiene Arca, cuatro partes de diversas dimensiones… sonidos, texturas, olores, sabores… el sentido de culpa, el héroe, la angustia…alusiones a la isla dentro de otra isla, a veces a la historia a personajes… una Cuba profunda que perdura. El arca es también un reflejo. ¿Dime qué esperas encontrar?”.

Un poema también encontramos en las palabras de contracubierta elaboradas por Jamila: “Entre el monte y el sol, entre la palma metafísica y el mar, con un opaco resplandor que va inundando de anillos el río revelado, cae la piedra… Arca recorr/ge la historia del poeta y su gens, de una isla vislumbrada entre la niebla y el ruido del vagón. Rota en la costa la memoria y esparcido en simiente, el huérfano de Todo y de sí se diluye debajo del paisaje invertido…

“Estos no son mis argumentos/ siempre de más/ a punto de nacer o caer./ Puede que me haya borrado./ Si solo fuera la brisa en el árbol/ no necesitaría estas palabras/ ni hacer malabares contra los vientos cruzados/ ni ser a cada giro el de la culpa”. Con este poema abre el libro galardonado en 2016. Ediel es un poeta de la reflexión, premiado en ensayo por Sed de Belleza con La fuga de una línea mágica, sobre la poética de Ángel Escobar. Su poesía a ratos recuerda a otro poeta de fin fatal Raúl Hernández Novas. A continuación, algunos versos de este gran poeta: “Aquí dejaré mis semillas”, “¿no ves los rostros del viento?”, “sólo llegó un árbol”, “el mago hurta el equilibrio, el payaso ha caído / en su pequeño balde a fin de ahogarse / y responder al mar con un saludo pleno / de un agua turbia y de una ausencia leve como el serrín baldío”. Y algunos de Pérez: “Frotando esta semilla me convierto…/ El cielo ni nadie la reciben./ Vuelvo a mirar el rostro de aquel charco/ hago círculos interminables en el agua…/ y en sus ojos una gran niebla se disipa”. Lo cierto es que está analogía llevaría un análisis más profundo que no es la intención realizar ahora, pero nótese que como la de Novás la suya es una poesía cosmogónica. Raúl le preocupaba el retorno al amnios, a la madre. A Ediel dónde habrá una madre: “No hay útero, sino desierto”.