Artemisa canta su elegía a Fidel

Artemisa canta su elegía a Fidel

Hay quien piensa que la misma savia que sostiene los cedros de Birán late bajo las pisadas de los artemiseños. A pesar de la distancia, hace pródigos los campos de la llanura occidental. Mantiene erguidas las columnas ruinosas del cafetal Angerona.

Es innegable. Existe una dimensión en la que Fidel y Artemisa son la misma palabra.  Propicia halló esta villa para urdir la estocada de Santiago. Aquí adoptó el misterio de una logia masónica para hacer la estrategia. Siendo un desconocido estudiante de derecho, habló en la sociedad Luz y Caballeros y la tierra artemiseña se le quedó grabada en el pecho. Su vocación profética le auguró raíces en la Villa Roja.   

Luego del triunfo Fidel volvió a Artemisa, de donde nunca había partido. Vino a decir que esta tierra acunaba a los hombres de la Revolución, que en ellos era auténtica la madera de héroes. Extendió amigo la mano de los humildes que vinieron a verlo. Que lo sabían timonel de yates y conquistador de cumbres.

No maquilló de luto el verde olivo cuando en dos ocasiones llegó hasta el Mausoleo. Vino en silencio, con la flor en la mano a contemplar la vida en los muchachos de su escuadra. Aquí contó la historia. Agradeció a Artemisa su abrazo hospitalario, su carne rescatada de las balas, la confianza en su guía promisoria de soñador rebelde.

Hasta los joven Club vino con el futuro abriéndose a su paso. El futuro que lo hizo entrar en la historia, dejarse la barba, hacerse imprescindible. En Artemisa marcó los derroteros de la independencia política y a ella regresó con intención igual de proyectar desde Mariel la economía y el desarrollo con nuevos aires al mundo.

Aquí lo recibió todas las veces su pueblo de hijos adoptivos. Aquí cataron su grandeza las calles y los niños sintieron la caricia de sus manos expertas en señalar al horizonte.

Aquí nació también en el día triste de su ausencia repentina, bajo la iniciativa del escritor alquizareño José Alberto Nápoles Torres, una elegía a su inmensidad, a su huella en las calles y en los pechos de Artemisa. El libro acopia voces distintas en un sentir idéntico. Recoge el estremecimiento de los escritores, el acto maquinal de ir a las páginas cuando se supo la noticia, porque fue necesario contarles el dolor.

Nápoles Torres se volvió una tribuna y a Elegía por siempre, Artemisa canta a Fidel vinieron y llegaron desde una ausencia igual Angelito Valiente e Ysmael Pérez Esquivel, consagrados como Renito Fuentes, Ana Núñez Machín, Evasio Pérez, Miguel Terry, Reynaldo Riverón o Mireisy García.

Otros menos conocidos también cantaron al hombre multiplicado en las ideas, en las consignas y en la obra que dejó en herencia.  En palabras del antologador: Esta vez fueron los bardos del terruño, quienes, consternados, empuñaron los fusiles del espíritu y escribieron en una mezcla de dolor y futuro, convicción y futuro, vida y muerte… Décimas, sonetos y verso libre fueron los instrumentos de la belleza para plasmar, al amparo del sello Unicornio, esta joya del sentimiento artemiseño. Unos pocos poetas dijeron el sentir de muchos.

El poeta Jesús Puldón Lóriga reconoce en su obra que no hay verso de su estatura mientras Daidy Díaz Zas reconoce Te quiero describir y no lo logro. Arturo Manuel Márquez Mirabal termina una de sus décimas aduciendo: Por siempre te has postulado / en la cima de los cerros, / donde florecen los hierros, / donde es asta tu bravura / donde los hombres de altura / no conocen los entierros.  

Antología por siempre. Artemisa canta a Fidel reclama la pertenecía que sentimos los artemiseños por el líder invicto. Sería sin dudas un libro interminable si cada mujer y hombre de esta tierra pusiera en sus páginas lo que Fidel provoca, lo que promueve, lo que sembró.

Pero no es este libro algo pequeño. Tiene el mérito de resumir el sentimiento de varias generaciones, de haber captado el grito inmediato de la poesía como reflejo del sentimiento humano, de la conmoción general. Es un intento de adiós desde la belleza que el mismo Profeta de la aurora nos enseñó. Tiene como esencia la unidad de personas diferentes, constante en su ideario. Fue construido desde una provincia, gracias a su genial iniciativa del Sistema de Ediciones Territoriales.  Incluso la cubierta muestra al héroe legendario junto a la insomne pupila de Rubén, símbolo del lugar donde nos enseñó a colocar la historia. Desde cada detalle trashuma el tributo. 

Por siempre. Esa es la clave. Nunca se irá de Artemisa el Comandante en Jefe. El pueblo que abrazó al hombre se apropió del símbolo. El canto eterno de sus hijos arrullará el futuro, orientará los pasos siempre hacia su encuentro.