Cabaiguán-La Habana-Madrid

Cabaiguán-La Habana-Madrid

Etiquetas: 
Escénicos
  • Cabaiguán… podría caracterizarse como una divertida comedia, perteneciente al género vernáculo, de tipo costumbrista. Foto tomada de La Jiribilla
    Cabaiguán… podría caracterizarse como una divertida comedia, perteneciente al género vernáculo, de tipo costumbrista. Foto tomada de La Jiribilla

Cabaiguán-La Habana-Madrid, Premio de Dramaturgia Tirso de Molina en la península ibérica, del crítico y dramaturgo Julio Cid, es el título de la obra que, en calidad de re-estreno, la compañía Hubert de Blanck lleva a la sede capitalina de esa emblemática agrupación teatral.

El elenco está integrado por los actores María Elena Soteras y Elizabeta Domínguez, quienes alternan el papel de Chiquitina, Marisela Herrera, Enrique Barroso y Alejandro González.

Las actuaciones de Soteras, Domínguez y González se caracterizan —fundamentalmente— por su indiscutible calidad artístico-profesional en el medio escénico, mientras que Herrera y Barroso tienen que afilar mucho más la puntería desde el punto de vista expresivo para poder dar en el centro de la diana. Herrera debe dosificar mejor la nota sofisticada del personaje (la  Gorda), que interpreta, y Barroso no abusar de la gestualidad en ese contexto humorístico.

Cabaiguán… podría caracterizarse como una divertida comedia, perteneciente al género vernáculo, de tipo costumbrista, y mediatizada por los hilarantes enredos que se producen durante el desarrollo de la acción dramática.

La trama gira acerca de una familia integrada por varios hermanos, quienes — supuestamente— son herederos de un padre hispano, cuya procedencia —en realidad— desconocen; situación que coloca sobre el tapete un tema que, lejos de estar agotado en la actualidad, continúa latiente: la adquisición —a como dé lugar— de la ciudadanía española, para tratar de evadir problemas de carácter socio-económico que encara la población cubana de nuestros días: escasez de viviendas, secuelas del tristemente célebre Período Especial y necesidades de todo tipo que los insulares conocemos muy bien, porque las vivimos y hemos tenido que interiorizarlas e incorporarlas a nuestro estilo de afrontamiento.

Por otra parte, en esa puesta en escena se destacan las relaciones con algunos “gallegos” (como en nuestro archipiélago se les califica a los españoles, sean oriundos de Galicia o no), quienes han traído —en ocasiones— estafas, traiciones, engaños y sufrimientos a la célula fundamental de la sociedad insular.

Desde una óptica mucho más general, el auditorio puede descubrir —de una forma velada o manifiesta— intrigas, envidia (querer ser el otro y no yo), celos morbosos y soledad (estado que, en muchos casos, puede desencadenar la depresión como afección psíquica perturbadora de la esfera afectivo-espiritual; componente esencial de la personalidad humana). En ese ambiente, signado por los equívocos, se mueven los personajes, quienes presentan conflictos humanos y sociales llevados al proscenio.     

No obstante los señalamientos críticos que podrían formulársele a esa puesta, habría que señalar —con justeza— que el trabajo desarrollado por los actores y demás miembros del equipo de realización es —sin duda alguna— satisfactorio, con apoyo en el uso racional de la disposición del espacio, así como un diseño escenográfico y un vestuario que se corresponde —en todas y cada una de sus partes— con la historia que se narra y los personajes que participan en Cabaiguán...