Cada vez que voy a trabajar recibo un premio, el aplauso del público. Entrevista a Héctor Jesús Méndez González

Cada vez que voy a trabajar recibo un premio, el aplauso del público. Entrevista a Héctor Jesús Méndez González

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Escénicos, payasos
  • Cuando los domingos los niños encienden sus televisores, los espera una sonrisa muy particular, la de un personaje carismático y divertido, un personaje que con sus travesuras, le hace honor a su nombre: el payaso Reguilete. Fotos del autor
    Cuando los domingos los niños encienden sus televisores, los espera una sonrisa muy particular, la de un personaje carismático y divertido, un personaje que con sus travesuras, le hace honor a su nombre: el payaso Reguilete. Fotos del autor
  • Cuando los domingos los niños encienden sus televisores, los espera una sonrisa muy particular, la de un personaje carismático y divertido, un personaje que con sus travesuras, le hace honor a su nombre: el payaso Reguilete. Fotos del autor
    Cuando los domingos los niños encienden sus televisores, los espera una sonrisa muy particular, la de un personaje carismático y divertido, un personaje que con sus travesuras, le hace honor a su nombre: el payaso Reguilete. Fotos del autor

Cuando cada domingo los niños cubanos despiertan y encienden sus televisores, los espera una sonrisa muy particular, la de un personaje carismático y divertido, un personaje que con sus travesuras, le hace honor a su nombre: el payaso Reguilete. Pero ¿quién es en realidad la persona que se oculta tras la sonrisa del personaje? ¿Quién es en realidad Héctor Jesús Méndez González? Bien vale la pena responder a estas interrogantes a partir de sus propias palabras, para que sea él mismo quien se presente.

Héctor, ¿cómo te iniciaste en el mundo artístico?

Me inicié desde niño, pues mis primeros pasos los di en la escuela primaria y en la Casa de Cultura de Manzanillo, que dirigía Onay Matos, cuando intentaba hacer reía a las personas.Luego, en la secundaria, hice cosas de Virulo, el que estaba en auge en aquel momento, y de Carlos Luis de la Tejera; también en esta etapa realicé locución infantil en una emisora de radio, que marcó mucho mi formación. Allí estaba Georgina Mendoza (Tía Yoyi), a quien le debo mis primeras clases de voz, dicción y expresión oral. En la emisora aún trasmiten el programa Somos la niñez, aquel en el que me inicié, con un personaje creado por mí y nombrado Héctor como yo, el que todavía existe en el programa.

En el preuniversitario indagué en la magia con las lecciones del Mago Pablo Riela, el que vio potencial en mí para la magia y me ayudó en ese sentido. Con la llegada de la universidad en Santiago de Cuba, vino a mí la oportunidad de conocer al mago Alberto Pujol y al maestro de maestros, el mago Ayra, el que me aceptó en su círculo de alumnos; esto ocurrió por el año 1996, en el que comencé a tomar la magia en serio y a rodearme de excelentes magos santiagueros. Por increíble que parezca, la magia comenzó primero que el payaso. Dentro de ese mundo de la magia, alguien me dijo que tenía carisma para cómico, que podía hacer reír, entonces decidí hacer el payaso. Como apoyo y enseñanza tuve, en este camino, al payaso Fufú, Manuel Santos, con el que di mis primeros pasos en la payasada, entre ellos, usar un maquillaje de “clown” y cómo hacerlo; imagina que había que maquillarse en pleno período especial. Recuerdo que la primera vez que trabajé como payaso me maquillé con pasta dental y creyón labial. La pasta dental me provocó mucho ardor en el rostro después de retirarla, y cosas por el estilo. Había que ingeniárselas para hacerlo y maquillarse. Después de este primer paso, descubrí que me gustaba mezclar el “clown” con la magia. De esos tiempos fue mi trabajo con Teatro Tuyo de Las Tunas, un grupo de clown al cual le debo mucho.También, un poco más cercano, tengo deudas de gratitud con Nilda Collado, la viuda de Trompoloco, con la que trabajé por más de diez años aquí en La Habana; a ellos le debo lo que soy. Siempre me he dedicado a formar el artista que llevo dentro y al que veo como una obra de arte porque, cuando se tiene aptitud para realizar algo, se debe descubrir poco a poco ese algo y moldearlo hasta tener el producto final, es decir, el personaje.

¿Es Reguilete un personaje creado o inspirado en alguien?

Yo no diría que es un personaje creado porque Reguilete todavía no está creado aunque tiene más de 20 años. Reguilete, de todos los personajes que yo he hecho como artista, es el que más trabajo me ha dado; es indomable, no se deja crear, pues tiene personalidad propia. Él es como un muerto que me monta, como un espíritu que me baja, porque con él yo puedo hacer cosas que Héctor no puede hacer; o sea, Reguilete respira, camina y piensa de una manera diferente. Es algo mágico, pues al ponerme una nariz me vuelvo otra persona. Reguilete está en constante formación y aprende mucho. Su nombre se lo puso Toni Fernández, actor y antiguo director del grupo Carapacho, el que me vio trabajando y me dijo “eres un reguilete en escena”, me gustó el nombre y lo incorporé al personaje. Desde entonces caminamos juntos Reguilete y yo.

Tienes un público muy exigente para el que trabajas, que es el público infantil, ¿cómo asume Héctor el reto de dirigirse a este público con características muy específicas?  

Yo creo que dando lo mejor de mí en cada función. El público infantil es un público muy difícil porque los niños son muy honestos y para ellos hay que trabajar desde el corazón. Cuando uno trabaja con dobleces, los niños enseguida se dan cuenta, por eso yo trabajo con el corazón en cualquier lugar, ya sea en un cumpleaños en Pogolotti, o una actividad en el Karl Marx, o una grabación en la televisión. Se trata de dar lo mejor de mí cuando me enfrento a los niños, ellos salen con un pedazo de Reguilete; pero yo salgo con mucho de ellos. Recuerdo que, en mis inicios, se me acercó un niñodespués de una función, me abrazó y me dijo: “Reguilete qué lindo tú trabajas”; para mí ese fue el mejor premio. Yo tengo una máxima cada vez que voy a trabajar y es como una oración que rezo: “Querido actor: Haz esta función como si fuera tu primera función, tu única función y tu última función”; generalmente, uno no tiene garantía de que pueda existir el mañana, el público debe quedarse con esa imagen de la última función. Yo me paro en un escenario como si fuera mi única función porque no sé si habrá otra, como si fuera mi última función, yo creo que eso a mí me ha marcado.

En la televisión cubana hemos visto cada domingo a Reguilete en un programa para niños Peque soy, ¿qué significa para ti participar en este espacio televisivo?

Peque soy llegó casi por casualidad, gracias a una actriz y amiga Yovalis, que aún se mantiene en el programa. Ella me invitó a una presentación en vivo del programa hace más de cuatro años, al equipo de realización le gustó mi personaje y me fueron llamando con más frecuencia hasta que ya me quedé fijo e incorporé al payaso Petín, que es el otro que trabaja conmigo en el programa. Peque soy ha significado mucho porque me ha abierto las puertas a un mundo, vamos a llamarle de fama.Es increíble cuando uno viaja a diferentes provincias o aquí en La Habana, cuando ya me he caracterizado de payaso, que los niños dicen: “¿tú eres el que sale por la televisión?, yo te veo todos los domingos”; eso es muy bonito. Y escucharlo de los niños me hace feliz porque la profesión de payaso, con todo lo linda que es, es una de las más malagradecidas; primero, porque cuando te retiras el maquillaje nadie te conoce, no es lo mismo con un mago o un artista circense, que se muestran como son, pero el artista del clown, cuando se muestra como es nadie lo conoce. Entonces malagradecida en ese sentido porque nadie te conoce. A diferencia de cuando estás maquillado que enseguida te reconocen.  Agradezco entonces la posibilidad de estar en el programa, el que tiene muy buena audiencia porque a los niños les encantan las travesuras de Petín y Reguilete. El guion de los dos los escribo yo porque al principio lo hacía otra persona, pero nadie conoce mejor a los personajes que nosotros y por eso, decidí escribirlos yo. De ahí que sea genial la oportunidad de poder participar de este programa y de poder salir por “el vidrio”, como le decimos los artistas.

Héctor, como actor has participado también en Pentaclown Habana, ¿pudieras decirnos al respecto?

Pentaclown Habana es un grupo que lleva ya casi 20 años, “penta” significa cinco y “clown” payaso, somos cinco payasos, que llevamos a las tablas cuentos infantiles con el toque del clown: cosas de circo, reprises, entradas, salidas, que son clásicas de circo a las que le ponemos algunos elementos de dramaturgia y lo llevamos al teatro. Pentaclown Habana es una escuela, porque me permite compartir con otros payasos totalmente diferentes, pues cada uno tiene su personalidad propia y esto nos permite retroalimentarnos dado que el trabajo en grupo posibilita la socialización y la creación. Le agradezco a Pedro Martel, director del grupo, que me haya aguantado y soportado todas mis malcriadeces durante los casi nueve años que llevo en el grupo, que ha significado mucho para mí.

A Héctor también lo hemos visto sin maquillaje en otros grupos humorísticos como La oveja negra, ¿qué trascendencia tuvo para ti participar en este grupo?

La oveja negra fue todo un reto y siento mucho orgullo de ello dentro de mi labor artística. La oveja negra con más de 20 años de vida artística, que Newito el director, en un momento determinado se haya fijado en mí para entrar en el grupo, fue el regalo más grande que recibí en ese año; porque es también toda una escuela de aprendizaje en el ámbito artístico, era desarrollar la parte humorística sin el payaso y sin el mago; era solo Héctor como actor-humorista, con un guion, con una dramaturgia para adultos, que tiene otros códigos, otras características. Fue un proceso de aprendizaje, aprendí muchísimo con Newito, también lloré muchísimo con muchas cosas pero me sentí muy bien y de verdad me siento agradecido con el paso por La oveja negra, porque además de lanzarme un poquito arriba, en la “fama”, también me abrió las puertas a es otro mundo del que conocía muy poco.En el grupo bebí y aprendí todo lo que pude hasta el final porque mi vocación es la de ser payaso y fue la que más pesó cuando tuve que escoger.

¿Héctor, has recibido reconocimientos por tu labor artística?

Han sido varios, pero cada vez que voy a trabajar recibo un premio, el aplauso del público y es del cual me siento orgulloso. Cuando Reguilete llenaba un teatro, sin ser conocido a escala nacional y el público aguantaba una hora y media de espectáculo y divertimento unipersonal, porque era yo solo en el escenario; ver y sentir que el público, a pesar de las malas condiciones de los teatros, estuviera todo ese tiempo aguantando a Reguilete, para mí ese es el mejor premio; no hay otro, porque te da señales de que vas bien. Obviamente, uno tiene que seguir aprendiendo. De los premios materiales, el mayor ha sido el que me dieron hace unos meses por la Agencia Caricatos, a la cual pertenezco, por los 20 años de vida artística. Yo tengo más, pero que me hayan reconocido 20 años me permite bromear con mis amigos y decirles que ya me puedo morir porque me hicieron el homenaje y ahora me asusta más porque me están entrevistando… Dicen que los homenajes se le hacen a quienes están a punto de morir, pero a mí ya me lo hicieron y me reconocieron esos 20 años de vida artística. Tengo otro premio importante, que obtuve por tres años consecutivos, en el Festival Trompoloco aquí en La Habana; el primer año obtuve mención y los restantes años primer y segundo lugar. Lo importante de estos certámenes está en que un jurado especializado te pueda evaluar para que puedas tener una idea de cómo vas. También recibí premios de la radio cuando era joven. La nominación al Premio Enrique Almirante fue otro de los grandes reconocimientos que recibí, porque el solo hecho de estar nominado entre tantos buenos artistas que tiene el país y estar a la alturas de figuras de primera línea como Blanca Rosa Blanco y Osvaldo Doimeadiós, vamos, para mí eso ya es un logro. Aunque la vida no se trata de un premio, la vida se trata de aprender y de dar lo mejor de ti.

¿Le queda a Héctor algo más por hacer?

Me quedan muchas cosas por hacer y me gusta que la vida me sorprenda. Quisiera hacer algo más de televisión ya no como Reguilete sino como actor dramático porque también me gusta esa faceta de la dramaturgia. Ojalá se me abran esas puertas, aunque ya participé en espacios dramáticos como Día y Noche y en el programa Cuidemos al amor. Pero, qué venga lo que venga, como se dice en Lucas: lo que te den, cógelo.