Carteles cubanos. Si de artes visuales contemporáneas se trata…

Carteles cubanos. Si de artes visuales contemporáneas se trata…

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: Plásticos, exposición de carteles
  • Exposición organizada por el proyecto CartelON en la Embajada de España con motivo del Festival de las Artes de Cuba en el Kennedy Center, constituye una de las expresiones más felices en materia del intercambio generado durante décadas entre diseño y artes plásticas en Cuba. Foto del autor
    Exposición organizada por el proyecto CartelON en la Embajada de España con motivo del Festival de las Artes de Cuba en el Kennedy Center, constituye una de las expresiones más felices en materia del intercambio generado durante décadas entre diseño y artes plásticas en Cuba. Foto del autor

Pienso en el cartel cubano y un periplo de circunstancialidades socio-políticas asaltan en sus continuos acercamientos historiográficos; específicamente la gráfica cubana (post) revolucionaria como soporte propagandístico, su valor estrictamente documental y de adiestramiento ideológico. Este primer momento, de urgencia histórica concreta y  de revalorización del medio, coexistió de forma paralela con un acercamiento a la gráfica cubana, y en específico al cartel, desde una vorágine cultural “in crescendo” en la isla.

De tal suerte, la inmediatez comunicativa y eficiencia temática como pautas impávidas de la gráfica, comienza a tomar otros matices en el desarrollo cartelístico de la isla. Cobra fuerza el factor estético en la concepción formal de tales soportes y de la mano de grandes del medio como Eladio Rivadulla, René Azcuy, Eduardo Muñoz Bachs, Roosgard, Félix Beltrán, Héctor Villaverde, José Gómez Fresquet, entre otros, el cartel cubano adquiere la categoría de objeto estético cual extensión de las artes plásticas del momento. Este ensanchamiento de la gráfica desde el inicio de la revolución cubana y aparejada al nacimiento de instituciones culturales de ímpetu (ICAIC, 1961) constituye uno de los fenómenos más interesantes en los debates estético-culturales de la historia del arte cubano.

Desde entonces, la confluencia de las artes plásticas con el diseño gráfico ha devenido producto visual de riquísimos significantes. Basta con remitirnos a las disímiles colaboraciones con este sector de grandes de la plástica nacional como Raúl Martínez, Servando Cabrera Moreno, Umberto Peña, etc. para aseverar un influjo de las artes plásticas en el diseño que, si bien estuvo condicionado en su generalidad por estrategias de supervivencia ante la inestabilidad de un mercado de arte en el país, trajo consigo una mayoría de edad en el desarrollo del cartel cubano.

Carteles Cubanos, de la isla para el mundo exposición organizada por el proyecto CartelON en la Embajada de España con motivo del Festival de las Artes de Cuba en el Kennedy Center, constituye una de las expresiones más felices en materia del intercambio generado durante décadas entre diseño y artes plásticas en Cuba. La muestra, si bien acapara los acostumbrados íconos del cartel cubano, aúna la nueva promoción de diseñadores gráficos del patio que ya destacan o comienzan a irradiar nuevas luces en el medio. Se transita la muestra y asaltan una serie de interrogantes recurrentes en la materia. ¿Aún estamos hablando de un cartel de diseño gráfico? ¿Constituye el factor comunicativo el principio rector o se ha desplazado intencionalmente a lo estético? ¿Es el diseñador gráfico un artista visual de nuevo tipo aún sin pretensiones de trascender la disciplina?

Si bien en un principio las artes plásticas acompañaron al diseño gráfico en las nuevas peripecias culturales experimentadas por la nación, no cabe duda que esta exhibición arroja un proceso contrario: el diseño gráfico actual en Cuba, se redirige y se integra a las dinámicas de las artes visuales contemporáneas con una proyección ciertamente heterogénea pero no por ello dispersa. La historiografía del arte cubano ha definido precisamente en el desarrollo gráfico de principios del siglo pasado la antesala de la vanguardia plástica cubana. Rafael Blanco, Massaguer, Valls, entre otros, hacen constatar desde las principales “magazines” muestra fehaciente de ello. Sucede de modo similar cuando se analiza el nuevo cartel cubano en su conjunto. Tal parece que nunca desapareció dicha condición vanguardista, de iniciación, y que hoy las artes gráficas no son otra cosa sino un sector que se rejuvenece para oxigenar desde una visualidad fresca todo pictoricismo trasnochado en el campo de la pintura y derivados.

Una muestra como esta, sujeta a riesgosas interpretaciones conceptuales y de encorsetadas visualidades —entiéndase lo cubano en su concepción cultural— tuvo por parte de los participantes acertadísimos acercamientos. Cabe destacar en tal sentido la curaduría del evento que supo establecer un equilibrio eficaz en cuanto a lo que debe entenderse como representativo de lo cubano y lo que debe ser a los ojos de otros la gráfica contemporánea nacional. La pluralidad de miradas en torno a un fenómeno tan abstracto y quimérico se debió fundamentalmente a un diálogo generacional que arroja acercamientos múltiples y sin duda todos válidos. Concretar conceptos pareciera tarea “sine qua non” del diseño y de la gráfica en específico. Sin embargo, cuando se le otorga la tarea a un creador de cualquier índole representar Cuba y su cultura en una manifestación artística determinada, constituye un proceso repleto de escaramuzas. Puede decirse que en Carteles cubanos… se observa una madurez temática digna. Alcanzar tal grado de referencia, aún cuando se evade símbolos concretos que aluden a la isla y trillados en otros procesos similares de sugerencia, revela una síntesis representacional con alto dominio de un lenguaje metonímico propio del diseño, del bueno. Destacan en este sentido caprichosas soluciones formales que subvierten un sinnúmero de especificidades contextuales inherentes a la actualidad nacional. La presencia de una realidad cambiante y de una metamorfosis camaleónica escurridiza (RAUPA), la canalización de conceptos supuestamente sólidos en la memoria histórica del país (Liz Capote), así como el choteo con conceptos de definiciones culturales de élite como puede ser el de la cultura cubana entendida como ajiaco y su redefinición desde el argot popular “lo que está en candela” (MONK), componen una consabida cita socio-cultural.

Asimismo, la exposición pone en evidencia nuevas tendencias estéticas en el cartel cubano que procuran hibridarse cada vez más con visualidades emergentes. Se advierte en Carteles cubanos... dos tendencias fundamentales. La primera de ellas, más apegada a un diseño habitual, o sea, donde predominan en la composición formas básicas, el empleo de colores planos, altos contrastes cromáticos, y claras estructuraciones del espacio (Raupa, Nelson Ponce, Norberto Molina, Alejandro Rodríguez). Una segunda, donde el cartel se empodera y adquiere una autonomía que le permite apropiarse de otras tendencias más urbanas y menos usuales del medio. En tal sentido, el grafitti, así como un imaginario visual que ya comienza dominar los espacios digitales cobra vida y ofrece miradas más arriesgadas, todo ello dando lugar a una nueva nomenclatura en el que el diseño es solo un pretexto y el cartel se convierte en espacio democrático de experimentación (Mola, Idania del Río, Monk, Liz Capote). 

Carteles cubanos, de la isla para el mundo apunta hacia un nuevo espacio en las artes visuales contemporáneas cubanas que acostumbramos a ignorar por pertenecer a una disciplina que por antonomasia tiene plena conciencia de su rol: esbozar y comunicar una idea. Sin embargo, cuando suceden fenómenos artísticos-culturales como el que hoy nos regala esta muestra, nos recuerda que en medio de un canibalismo estético como el que hoy se vive en el arte contemporáneo, el cartel goza de una salud y vigencia enérgica.