Cavilar el infinito

Cavilar el infinito

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Galería Villa Manuela, artes plásticas
  • Obra de Elías Henoc Permut, en la expo Nacido de lo invisible. Foto: Rubén Ricardo
    Obra de Elías Henoc Permut, en la expo Nacido de lo invisible. Foto: Rubén Ricardo

Es la sensación que emana de la mente cuando estamos frente a la más reciente exposición del artista Elías Henoc Permut titulada Nacido de lo invisible, inaugurada el pasado viernes en la galería Villa Manuela de la Uneac. Las emociones van y vienen sin permiso alguno, pero el sentimiento de querer palpar, tocar, sentir la eternidad se vuelve inevitable.

A través de nueve reproducciones, cifra relevante en la numerología, pues alude a la vida, el comienzo (nueve meses es el tiempo de creación en el vientre materno), Henoc Permut realiza un bosquejo por doctrinas místicas y sociales, en estrecho vínculo con la historia. Todo parece desvanecerse en un sentido: el valor que el hombre le otorga a la religión.

Dos colores opuestos, y tan antiguos como la génesis del mundo, predominan en la muestra: el blanco y el negro. Ambos en perfecta armonía expresan la verdad absoluta de que podemos percibir, conocer y percatarnos del bien, cuando existe lo opuesto.

“Todos nacemos en algo que nos hace resplandecer, silenciosos de obediencia donde nunca será oscuro. Pero yo permanezco a pesar de latir en nadie: soy el agua que surca por los ojos de la noche”. Es la frase que acompaña a la pieza Semiótica celeste (2004), en forma de rombo. Otra vez los números ocupan un rol trascendente, en lo que refiere a descifrar lo hierático y furtivo que habita en cada dígito.

“Con distintos nombres, todo tiene un solo sentido”. Es también otro mensaje de Nacido de lo invisible, donde predomina la figura del círculo en las reproducciones. Bien se conoce que representa la formamás avanzada del universo, quealude a la holística y al todo sin necesidad de fragmentarse.

Números, signos, letras yjeroglíficos van haciendo de la muestra un motivo para pensar en algo mayor: el poder de la imagen como semblanzavisual de lo que se entiende como infinito. Un diálogo surge entonces entre el espectador y las obras, con el objetivo de saciar la sed de conocimientos sobre este fenómeno. Con el silencio habitual de Villa Manuela las interrogantes son respondidas por sí solas.

En las palabras del catálogo, Luis Álvarez declara lo siguiente: “la obsesión de Permut por los fractales nos permite recuperar Orión. Su extraña y fuerte ingeniería de la imagen recuerda que las artes plásticas son un balance del ser y una ruta hacia lo absoluto”.

Y es cierto, el poder trasgresor y seductor de la pintura hace de ella un motivo para volcar pasiones y dudas que nos acompañan desde los inicios.