Celebra la Compañía Irene Rodríguez el Día Mundial del Flamenco y el natalicio de Antonio Gades

Celebra la Compañía Irene Rodríguez el Día Mundial del Flamenco y el natalicio de Antonio Gades

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Escénicos, Compañía Irene Rodríguez, Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso
  • El programa artístico se estructuró en dos actos. Fotos: Cortesía de la Compañía Irene Rodríguez
    El programa artístico se estructuró en dos actos. Fotos: Cortesía de la Compañía Irene Rodríguez

El baile español es fuego del alma

José Martí

 

Al calor de ese antológico aforismo martiano, la Compañía Irene Rodríguez, que jerarquiza la primera bailarina, maître y coréografa habanera, actuó en la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, con un espectáculo de lujo, dedicado al Día Mundial del Flamenco y al natalicio del primer bailarín Antonio Gades (1936-2004), ícono del baile español contemporáneo.

El programa artístico se estructuró en dos actos: el primero incluyó las obras Mito, Premio UNEAC y Premio del Público en la IV Edición de Danza del Atlántico Norte, y Medalla de Plata en el II Concurso Coreográfico del XXIV Encuentro Internacional de Academias para la Enseñanza del Ballet. La coreografía de la obra es de la directora de la agrupación, la música del maestro Noel Gutiérrez, por la genial bailaora-actriz, solistas y cuerpo de baile.

Homenaje (estreno mundial), letra e interpretación de Rafael Correa y música del maestro David Acosta; Encontra2, con coreografía de los artistas Hansel Correa y Víctor Basilio Pérez, música del maestro Reynier Llorente, por los bailarines Emilio Batista y Johan García; La pena negra (estreno en Cuba), inspirado en el poema Romance de la pena negra, del poeta, escritor y dramaturgo granadino, Federico García Lorca (1898-1936), con coreografía de Irene Rodríguez, música de N. Gutiérrez, por la figura insignia de la compañía,  solistas y cuerpo de baile.

El segundo acto lo integraron las obras Secreto (Zapateao), con música de R. Llorente y arreglos sobre Garganta con arena, con solistas y cuerpo de baile; Entre espinas rosas (estreno mundial), con coreografía de I. Rodríguez sobre la original de la artista Karla Paz, música popular flamenca, letra de Andrés Correa, por el cuerpo de baile. Locura y cordura (estreno mundial), con coreografía de la artista María de Armas, música del maestro Juan Parrilla y arreglos de N. Gutiérrez, por M. de Armas, E. Batista, Y. García, y la reposición de Amaranto, con música de J. Parrilla y N. Gutiérrez, letra de A. Correa, por una de las mejores bailoras cubanas e iberoamericanas de flamenco quien impartió una clase magistral de cantejondo, taconeo y baile español en general, que levantó en vilo al auditorio para ovacionarla hasta que se cerraron las cortinas del legendario Coliseo de La Habana Vieja.

El acompañamiento sonoro estuvo a cargo de la agrupación musical perteneciente al emblemático colectivo danzario.

El crítico y periodista Argel Calcines, editor general de la revista Opus Habana, estima que el flamenco es “[…] la principal aportación andaluza —específicamente, gitana— al mosaico cultural español […], ha recibido la influencia de [disímiles] corrientes musicales y dancísticas que se han gestado por diferentes culturas del mundo a través de los siglos. La singularidad de Irene Rodríguez radica —básicamente— en que ha combinado la [evocación al] pasado como patrimonio, la apreciación de la diversidad [étnico-cultural] y el imperativo experimental para ampliar el vocabulario escénico de los palos, [para lograr ese loable propósito ha conservado y respetado] su esencia [íntima]”.

En consecuencia, “[…] ha recorrido mesuradamente el vocabulario escénico de las artes dramáticas, la danza clásica y la contemporánea [...]”. Si el baile flamenco se caracteriza —en lo fundamental— por la introversión, Irene ha sabido impregnarlo de legítima cubanía para —gracias a  la magia de su arte único e irrepetible— convertirlo en extraversión.

Por otra parte, hace un uso inteligente de la sensualidad que identifica a una bailarina insular y les da ese toque criollo de distinción a los palos de flamenco, que —sin duda alguna— cubaniza, y que magistralmente interpreta en cualquier escenario nacional o foráneo, para embrujar o hechizar al público local o extranjero.