Celima Bernal, el español y los modales

Celima Bernal, el español y los modales

Cuando mencionan a Celima Bernal, en mi mente me la imagino como una maestra paciente y amable frente al pizarrón del aula, dándome una clase bien estructurada con el perfecto cuidado de las palabras, de su uso y pronunciación. Me recuerda a mi profesor del preuniversitario, Rolo, a quien llevo siempre conmigo, cuando de español y literatura se trata.

Desde hace muchos años Celima es referente del buen hablar y escribir, y esto es producto de su incursión por ese camino extenso que es nuestro idioma, y aún más por su empeño en que logremos emplearlo adecuadamente en todos los momentos, que no lo maltratemos ni abusemos de sus bondades.

Es por ello que sus espacios para defender la correcta utilización de nuestro lenguaje, y más, han estado tanto en prensa plana como en la radio. Bastante tiempo, esfuerzo y dedicación le ha entregado al oficio en sus ochenta y cinco años de vida que cumplió recientemente, este 22 de octubre.

Sin embargo, esa vocación pedagoga le llegó muy temprano, en su natal Pinar del Río. Hoy la conocemos como esa estudiosa que es de las letras, también como escritora y periodista, pero antes, y por décadas, fue profesora: la segunda profesión, después de la familia, más importante en la formación del individuo, y en este caso, del habla.

Desde su postura educadora ha impulsado el papel de la escuela y el hogar como fundamentales para erradicar esos males que perfectamente pueden evitarse si les prestamos atención a niños y adolescentes para detectar y regular vicios que tienen que ver también con los modales y la decencia. Porque no solo se trata de articular bien un vocablo, de confeccionar una idea lógica y semántica, de no usar obscenidades, por supuesto; también incide la gestualidad, el tono y el volumen, aspectos que en edades tempranas se relajan si no los controlamos, ya sea por repetición o por dejadez. Se trata de un todo. «Las frases soeces no solo lastiman, duelen tanto como una agresión física».

El idioma de Cervantes, con siglos de antigüedad, es uno de los más hablados y estudiados en el mundo al ocupar el tercer lugar internacional. Millones de personas lo tienen como lengua materna, y revelan las estadísticas, que cada vez se acerca más a los escaños del inglés y el chino. Muchos son los expertos que se ocupan de defender el buen hablar, en rescatar palabras que con el tiempo dejamos de lado o mal empleamos.

Desde la academia, Celima Bernal ha trabajado para que nuestro español no se vulgarice, ha enfatizado en el abuso de los modismos lingüísticos y en la pobreza de lenguaje, incluso, en escuelas y en comunicadores sociales, que inevitablemente, sientan pautas para el público, pero en algunos casos, para mal.

Para ellos es recomendable leer y escribir mucho para enriquecer nuestra cultura personal, también «pensar antes de hablar». A nivel institucional sería bueno que existan censores reales que presten atención a los voceros de los medios, y, además, ofrecer «cursos de gestualidad, de buenas maneras, de discreción, de ética».

«Del lenguaje» fue una sección que por bastante tiempo apareció en el periódico Granma, y donde el lector podía encontrar todo eso: consejos, aclaraciones. Cada publicación de Celima Bernal era como volver a clase y esclarecer dudas. Nos servía para enriquecer nuestro acervo cultural, para aprender nuevos significados, para conocer el origen etimológico de una palabra o frase, incluso, para hacernos nuestro propio libro de español con recortes de periódicos.