Céspedes: un hombre que nunca termina de asombrarnos

Céspedes: un hombre que nunca termina de asombrarnos

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sala Caracol, Céspedes
  • Nos invita Rafael, a conocer al Masón que, horas antes del alzamiento, pidió a sus esclavos que tocaran una timbra francesa para posteriormente, hincarse ante la imagen de la Caridad del Cobre. Foto del autor
    Nos invita Rafael, a conocer al Masón que, horas antes del alzamiento, pidió a sus esclavos que tocaran una timbra francesa para posteriormente, hincarse ante la imagen de la Caridad del Cobre. Foto del autor

A pocas horas de evocarse el aniversario 149 del alzamiento en La Demajagua, en la sala Caracol de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), tuvimos el privilegio de conversar con el historiador Rafael Acosta de Arriba sobre la apasionante figura de Carlos Manuel de Céspedes.

El encuentro coordinado por la Asociación de Artes Escénicas, proyectado para acercarnos a la persona que rigió los destinos de la República en Armas en sus cinco primeros años como presidente, y que en más de una ocasión vio retada su capacidad como líder, de la más difícil gesta militar de las emprendidas para la liberación de la isla.
Nos invita Rafael, a conocer al Masón que, horas antes del alzamiento, pidió a sus esclavos que tocaran una timbra francesa para posteriormente, hincarse ante la imagen de la Caridad del Cobre. El mismo que había sido el fundador de la sociedad filarmónica de Bayamo donde se representaron alguna de sus obras donde además de dirigía y actuaba como una vocación por la cultura como uno de los ejes fundacionales de la creciente identidad del nuevo cubano.

El abogado y poeta, quien por su espíritu inquieto fuera apresado en varias ocasiones en la región del valle de Guacanayabo  y que junto a Francisco Vicente Aguilera, Perucho Figueredo, Maceo Osorio y otros patriotas tuneros y de la región bayamesa formaban el núcleo duro del futuro alzamiento cívico miliar.
Tras la libertar a sus 53 esclavos y la fallida escaramuza militar de Yara, el diminuto grupo de soldados que le siguió acompañando fueron la columna vertebral sobre la cual se acopló nuevamente el contingente militar para darle a Cuba su primera capital, por poco más de 80 días, donde se esbozó el proyecto de patria con la presencia de mestizos, negros, y españoles simpatizantes con la idea de la independencia. El temple de Carlos Manuel lo hizo sostener su fe en la lucha y actuar desde el alzamiento y luego de ser nombrado presidente de la República en Armas por el reconocimiento de la causa independentista, proceso durante el cual descubre las verdaderas intervenciones del gobierno estadounidense, como buitre al asecho del desenlace bélico hispano cubano.

Durante poco más de una hora en una apasionada charla de Acosta de Arriba nos resumió los principales episodios de la vida del Padre de la Patria. Una evocación que debe sostenerse en todos los espacios posibles y con la mayor celeridad ahora que la desidia y la banalidad ocupan principales espacios en nuestros medios de comunicación. Quizás los nuevos proyectos de realización que han llevado adelante empeños como La otra guerra o Duaba impulsen a sus realizadores a acercarse a Céspedes y otros titanes de nuestra historia.