#ChallengeAfricano: el alma bajo el turbante

#ChallengeAfricano: el alma bajo el turbante

La mulata viste un turbante azul, como las aguas de un malecón expectante de gente sentada en un muro desierto por la pandemia; azul como el logotipo de la red social en la que posteó su fotografía.

La negra de ojos café luce un pañuelo como la estrella solitaria, como las batas de los médicos, los que arriesgan sus vidas en este archipiélago y en tantas otras latitudes del mundo.

La blanca lleva un turbante rojo, como quien quiere espantar el mal de ojo y el virus que anda por el planeta causando estragos. Se parecen a la bandera, la nuestra, la de esta Isla que lleva a  África en lo más profundo de su ser…

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Cuántas veces no hemos escuchado aquello de que en Cuba el que no tiene de Congo tiene de Carabalí. Esta Isla caribeña ha sabido alimentar su naturaleza «ajiaquística» a partir de los sabores ibéricos, norteños, de otras latitudes y principalmente de sus antecesores africanos, quienes no sólo nos han dotado de frases idiomáticas, costumbres religiosas, alimentarias y cotidianas, sino también de un estilo de vestir.

Por estos días es común observar en los sitios de redes sociales un desfile de turbantes africanos, cubriendo con sus colores y patrones llamativos el cabello de muchas cubanas y cubanos. Bajo las etiquetas #ChallengeAfricano, #DeCaminoalDíaDeÁfrica y #EcosDeÁfrica, la iniciativa, impulsada por la embajadora de Cuba en Senegal, Saylin Sánchez Portero, busca destacar la herencia histórica de la Mayor de las Antillas y sus lazos sentimentales con este continente.

«¿Cuán unidos podemos estar dentro de lo diversos que somos? Es muy difícil que haya algún cubano que no tenga alguna historia compartida con África, personal o de sus seres queridos. Esto es lo que ha hecho que la gente se sienta motivada y se sume», así lo manifestó la diplomática, que aspira a despertar una mayor curiosidad por esa región, para la multiplataforma Cubadebate.

Fotografiar lo afro que todos llevamos dentro se convierte entonces en un homenaje a esta región de mundo, la misma que ha sufrido el peso de la esclavitud, el saqueo y la desigualdad social, pero, que, a su vez, constituye un referente cultural, natural y religioso a nivel internacional.

Vestir esta prenda tradicional en tiempos de COVID-19 representa no solamente el reconocimiento de su influencia en nuestra nacionalidad, sino también la presencia de la fuerza y la resistencia, valores que han caracterizado a los países de ese continente y que en estos tiempos pandémicos se hacen tan necesarios.

EL ALMA BAJO EL TURBANTE

En ciertas creencias africanas, la cabeza, además de ser la parte superior del cuerpo, simboliza el alma de cada persona y, por tanto, al atribuírsele tal importancia, se considera la parte humana más cercana a los dioses. De ahí que en muchas etnias se cubran el cabello para protegerse de los malos espíritus.

El misticismo de los turbantes africanos, llamados «Foulard» en la región oeste de África y «Guele» en los pueblos Yoruba, trasciende la superficialidad de una moda, que se reproduce en distintas latitudes como representación de lo exótico, y se adentra en la riqueza cultural de una región cuyas tradiciones nutren a otras muchas naciones del mundo, entre ellas Cuba.

Estas singulares y coloridas prendas eran utilizadas como forma de protección de las inconvenientes condiciones climáticas de ese continente y constituían una suerte de amuleto contra las criaturas malignas. Sin embargo, en la modernidad, a partir de los múltiples diseños y tejidos que las conforman, es posible determinar situación social, clan y hasta rango dentro de la sociedad. En el caso de las mujeres, por ejemplo, las casadas lo llevan inclinado hacia la parte derecha y las solteras hacia la izquierda. Nacido en la esclavitud y luego reivindicado por las mujeres negras, el guele constituye actualmente una expresión de la identidad, el sentir y el linaje histórico de los negros del Continente Africano.

Utilizado por las esclavas para cubrir sus trenzas, estos pañuelos sirvieron de escondite para las semillas y el oro que aseguraban la supervivencia alimentaria de sus comunidades y la compra de la libertad. Con el tiempo los sencillo modelos que obligaban a las mujeres a cubrir sus atractivos cabellos comenzaron a tener llamativos diseños, plumas y flores.

Si bien durante la época colonial estos se convirtieron en una forma de represión y diferenciación social, asociada a la condición de servidumbre, pronto se trasformaron en un elemento distintivo y de rebeldía. Estos simbolizan la conexión con las raíces, como una corona que hermana con los orígenes, una prenda que encierra la resistencia de los afrodescendientes y las luchas que han caracterizado su devenir.

EL SENTIR DE LA RAIZ CUBANA VS LA PANDEMIA

Desde 1963 el mundo celebra, cada 25 de mayo, la cultura de un continente que para los cubanos no es lejana. El devenir africano y el nuestro han estado marcados por la sangre, la resistencia y la camaradería de naciones unidas por la historia: desde la trata colonial, el sincretismo religioso de los dioses europeos y los suyos, hasta la batalla de Cuito Cuanavale y otras luchas de liberación, unen los destinos de tierras tan distantes geográficamente, pero espiritualmente tan cercanos. 

A este challenge se han sumado artistas y personalidades de la talla de Omara Portuondo, Haila María Mompié, Enrique Molina y Ana Fidelia Quirós, entre otros tantos cubanos que han querido lucir en las redes su esencia afro, una esencia que encierra la naturaleza rebelde y contestataria de ambas latitudes.

Aunque el colonialismo ya no es el enemigo común, en la actualidad hay uno microscópico y peligroso para toda la humanidad. Ese y otros como la desigualdad, la corrupción y la guerra deben ser combatidos, porque la lucha también es sinónimo de africanidad.

Definitivamente, en la sustancia de la curiosa pasarela de turbantes, que inunda por estos días las redes sociales, pueden descubrirse esencias más trascendentes que un inusitado, colorido y llamativo entretenimiento pandémico.