Cien años de soledad para Gabriel García Márquez

26 Feria Internacional del Libro de La Habana

Cien años de soledad para Gabriel García Márquez

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Feria Internacional de La Habana 2017, José Villa Soberón, Artistas Plásticos, Oficina del Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal Spengler
  • La escultura se encuentra en el jardín del Palacio del Marquez de Arcos en el Centro Histórico capitalino. Fotos: Roberto Bello
    La escultura se encuentra en el jardín del Palacio del Marquez de Arcos en el Centro Histórico capitalino. Fotos: Roberto Bello
  • La escultura se encuentra en el jardín del Palacio del Marquez de Arcos en el Centro Histórico capitalino. Fotos: Roberto Bello
    La escultura se encuentra en el jardín del Palacio del Marquez de Arcos en el Centro Histórico capitalino. Fotos: Roberto Bello

Muchos lectores llegamos al universo que es la literatura de Gabriel García Márquez mediante las páginas de Cien años de soledad. Después, solo después, conocimos de las facetas como periodista, cuentista o cronista que también desempeñaba. Y después, muchos años después lo conocimos como guionista, profesor y fundador de espacios como la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano y la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños. 

Pero para la mayoría de nosotros, fue la novela de los Buendía, la que abriría las puertas para penetrar esta gran galería que es la narrativa de García Márquez. Como parte de la celebración por los cincuenta años de esta obra cumbre, los 90 del nacimiento del hijo de Aracataca y también los 35 años de haber recibido el Premio Nobel de Literatura, la Casa de las Américas concibió un panel donde se rindió homenaje a este grande de las letras para el continente latinoamericano y universal.

Cada uno de los invitados expuso sus criterios acerca de la trascendencia de la obra, sus valores literarios y también hicieron gala de la cercanía personal que disfrutaron con el autor de Crónica de una muerte anunciada y El amor en los tiempos del cólera.

Para Gustavo Bell, embajador de Colombia en Cuba, lo fundamental de la novela es la manera en que inserta los fragmentos de la vida pueblerina en la narración. Es un reflejo bajo el cual se puede mirar la región. Nací muy cerca de allí y conozco la realidad que aborda el libro, aseguró el diplomático e investigador. Al propio autor, le gustaba decir que su imaginación consistía en haber narrado las historias que le contaban en el pueblo. Que su talento radicaba, únicamente, en haber trazado esas coordenadas familiares desde las cuales podemos captar las esencias del ser latinoamericano. “Es un vallenato de 300 páginas” era una frase que repetía Gabriel y que define lo colombiano presente en la novela.

También Bell, hizo mención a la manera en que llegó a la literatura del Premio Nobel 1982: a través de un trabajo de clases en el bachillerato, donde me exigían realizar una lectura comparada entre la obra La Iliada y Cien años de soledad. La presión de tiempo y la manera contraproducente en que leí ambas, limitaron la visión que después logré obtener de cada una de ellas.

José Calafell, director del Grupo Editorial Planeta, partió de la irrupción en su vida de la obra de García Márquez. También había sido en el periodo como estudiante universitario, donde un profesor le recomendó el libro de cuentos La triste e increíble historia de la cándida Eréndida y su abuela desalmada, pero especialmente el cuento “El ahogado más hermoso del mundo”.

Algunos años después de manera casual lo conoció en México, formaba parte de los integrantes del Grupo Planeta, y una amiga dueña de un bar, lo obligó a que viniera esa noche para que conociera a alguien muy especial. Al llegar, se lo sentó a la mesa y los conminó a que platicaran un rato. Por suerte, la música que dejaba escapar un piano, ofrecía breves intermedios para entablar un diálogo.

Años después García Márquez volvería a ser de los autores de Planeta y los encuentros entre el joven y el novelista se repetirían. Este espacio en el marco de la Feria Internacional del Libro, forma parte de las acciones de promoción de la casa editorial para el público lector cubano, que arriba también con un stand en la sede principal del evento: la Fortaleza de la Cabaña.

El narrador Leonardo Padura, cerró esta mesa de diálogo con una anécdota de su relación con García Márquez y después regaló un texto que es característico de su estilo: sencillo, coloquial, diáfano. “Cercanías y lejanías con García Márquez” es el título de esta evocación que lo ubica en sus fuentes primarias, que transitan de William Faulkner a Juan Rulfo y se establecen en la descripción de una realidad cargada de magia.

Valores que lo sitúan en el inicio y final de un camino. Una sombra tan difícil de apresar que sus seguidores terminan convertidos en epígonos. Y es que, su obra, plagada de adjetivos precisos, de sustantivos colocados por la destreza periodística nos remite a una concepción del ser latinoamericano.

Padura considera que esas primeras líneas de Cien años… son la clave para la historia que contará la novela. La utilización del verbo “habría de recordar” ofrece la perspectiva de obra circular, de serpiente que se muerde la cola. Pues las estirpes condenadas a cien años de soledad no tendrán otra oportunidad sobre la faz de la tierra. Por suerte, los lectores si tenemos la posibilidad de volver sobre estas páginas y repetir, si alguien nos preguntará: “Muchos años después frente al pelotón de fusilamiento Aureliano Buendía habría de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de una docena de casas de barro y cañabrava, situadas alrededor de un río de aguas diáfanas que se precipitaban sobre piedras blancas que parecían huevos prehistóricos”. Por este pelotón de lectores, García Márquez está condenado a vivir otros cien años de soledad, para que nos siga escribiendo los libros que necesitamos para definirnos como seres de este continente.