Circunstancia y palabra a pesar de la lluvia golpeando el espejo de los peces blancos

Circunstancia y palabra a pesar de la lluvia golpeando el espejo de los peces blancos

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  • En un mismo volumen se reúnen los poetas galardonados en estas dos décadas de existencia del Premio Calendario. Foto cubierta cortesía de Ediciones La Luz
    En un mismo volumen se reúnen los poetas galardonados en estas dos décadas de existencia del Premio Calendario. Foto cubierta cortesía de Ediciones La Luz

Jorge Luis Borges advertía en cierta ocasión sobre las complejidades de realizar una antología: “El Tiempo acaba por editar antologías memorables”, aseguraba categórico el autor de El Aleph y Ficciones.

Hace aproximadamente veinte años nació el Premio Calendario en sus diferentes manifestaciones, el más importante de cuantos premios literarios convoca la Asociación Hermanos Saíz (AHS), y un alumbramiento, una especie de medidor en el cual todas las estéticas han podido mirarse para bien en el discurrir del tiempo. Hace también 20 años nació Ediciones La Luz, sello de la AHS en Holguín que hoy compendia en un mismo volumen —  conociendo que el Tiempo, el borgiano, el universal, guarda cierta relación con la luz y sus avances—  a los poetas galardonados en estas dos décadas de existencia del Premio Calendario en un precioso volumen: La isla de los peces blancos. Antología Veinte aniversario. Premio Calendario de Poesía.

Aunque veinte años podría parecer poco tiempo para labrar en su justa profundidad el corpus poético insular, para cartografiar los territorios insondables de la poesía cubana en un período determinado, muchas de las voces ganadoras del Premio Calendario hoy se ubican entre las más originales y representativas del contexto poético cubano. Aparecen en las páginas de La isla de los peces blancos poemas de Javier Marimón, Atilio Caballero, Reynaldo García Blanco, Edelmis Anoceto, Liudmila Quincoses, Abel González Melo, Eduard Encina, Herbert Toranzo, Luis Yuseff, Sergio García Zamora, Legna Rodríguez, Yanier H. Palao, Karel Bofill, Heriberto Machado, entre muchos otros poetas cubanos.

El libro inicia con Juan Carlos Valls, ganador de uno de los primeros premios –entonces tres por año– con su cuaderno Conversaciones con la gloria, y finaliza con el holguinero Antonio Herrada, quien obtuvo el Calendario en 2016 con el libro Plantas invasoras. Entre uno y otro hay aproximadamente 20 años en los que el Premio, además, ha reflejado un país, sus contextos, sus contornos, riesgos mediante. “Soy el que dijo un día la palabra país como el que siembra un ciprés y espera la sombra con espanto”, escribe Reynaldo García Blanco en uno de los poemas de Reverso de foto & Dossier, Calendario en 1998.

Muchos de los primeros autores han escrito una obra reconocida en las letras cubanas; otros ampliaron su diapasón temático hacia el ensayo, el teatro, la narrativa… En algunos, el Calendario ha sido su primer y único libro. Incluso, y subrayemos esto, muchos de aquellos bisoños ganadores han sido luego jurados de posteriores ediciones del Premio. Pero el Calendario en todos ha sido un medidor, una puerta abierta a múltiples espacios y escenarios. Esta antología realizada por Ray Faxas y Margarita Mosquera entre 1995 y 2004, y por su editor, Luis Yuseff, del 2005 al 2016, es muestra palpable de las múltiples cosmogonías polifónicas que conforman parte apreciable de nuestro discurso poético y que esta vez nos ofrece, felizmente reunidas en un mismo volumen, Ediciones La Luz.

Un libro, además, con un hermoso diseño de cubierta, contracubierta e interiores, a cargo del joven Frank Alejandro Cuesta: en este último, las páginas recuerdan un almanaque donde, incluso, aparecen señaladas las fechas de nacimiento de los autores, y se incluye la evolución del Premio en relación con los libros, los autores y el jurado.

Los poetas simplemente viven y escriben. Esta antología resulta recipiente de vidas y de diversas escrituras: un recipiente variable, ajustable a las diferentes formas, estéticas y pensamientos, como la obra del holguinero Víctor Manuel Velázquez que ilustra la cubierta. Los poetas —escribe Roberto Manzano en el prólogo del libro—  “son criaturas de expresión, padecen la termodinámica de encenderse verbalmente, se abandonan a lenguajes figurativos que friccionan lo vivido hasta conseguir la subida incandescencia de la imagen. No poseen la ingeniería del poder, las mecánicas de construcción de los que deciden cómo ha de vivirse y hacia dónde dirigir los perímetros ya avanzadillas. Exhiben dos dinámicas penínsulas para hendir la marejada: la circunstancia y la palabra”.

La isla de los peces blancos. Antología Veinte aniversario. Premio Calendario de Poesía está permeada por la circunstancia y la palabra. No es un libro circunstancial: es, como diría Manzano en su hermoso prólogo, “un cosmos ordenado desde el caos, y un caos que exhibe una extraña ordenación ascensorial”. Un cosmos donde las circunstancias de saberse isla embestida en medio del mar, isla en sí misma, huida, refugio, purgatorio… han permitido que nazcan muchos de estos poemas mediante la palabra, para domeñar la existencia, para salvarse también. La poesía es una manera de salvarse, estamos seguro de ello, pero también puede ser una piedra como aquella de Sísifo en el alma de cada cual: un eterno retorno, un amuleto contra posibles huidas...

Ahí están los medidores de estos veinte años de poesía joven en Cuba: circunstancia y palabra como señales luminosas en alta mar. Circunstancia y palabra encontramos en La isla de los peces blancos. Antología Veinte aniversario. Premio Calendario de Poesía “a pesar de la lluvia golpeando el espejo de los peces blancos”, como nos recuerda Reina María Rodríguez en “Violet Island”.