CON MI VERDAD

CON MI VERDAD

Desde que vi Olvidados, ese documental de Arletty White Morales (Morón, Ciego de Ávila, 1995) que mereciera premio en la 17 Muestra joven del Icaic supe que esa periodista audiovisual tenía garra y talento para hacernos pensar y regresarnos los pies a la tierra. Le podrá faltar aún años de experiencia para obtener un oficio más que consumado, pero lo cierto es que ansias de superación tiene y dominio de lo que quiere, también.

Más allá del periodismo, lo que le apasiona es tratar de cambiarle los tonos más oscuros a la realidad. Para eso se vale de la imagen y el sonido. Estudia hasta donde puede ser humanamente posible y ya aguarda ilusionada, que empiece el nuevo curso escolar para iniciar su carrera de cineasta en el ISA de Camagüey. Busca la realidad, sus diferentes matices, contrasta fuentes de información y establece un diálogo del que se sirven todos los implicados.

(Fotograma de Olvidados)

“Me apasiona la realidad que es lo que vivo. Con todos sus matices. Creo que lo importante es ver esos matices y saber apreciarlos. La realidad está ahí; el cómo la percibimos es lo que cambia. A veces lo que es significativo para algunos no lo es para otros y así sucede en casi todos los aspectos de la vida”.  

En cada uno de sus audiovisuales el problema queda expuesto y las posibles soluciones. Las consecuencias de una decisión no tomada a tiempo por los decisores sociales, se hace visual y alcanza dimensiones exageradas. Es una de las funciones del periodismo que también le atrae. Pero sabe que no todo es transformable desde el reportaje, documental o el comentario.

“Creo que influyen muchas condicionantes: el ámbito familiar, el social… De ahí que no exista una objetividad en el periodismo, sino una construcción de la realidad. Realidad que, por supuesto, siempre se trata de reflejar desde la profesión con la mayor pluralidad de voces y pensamientos para, al menos, tratar de acercarse a la individualidad de cada uno. Sencillamente es complicado”.  

En varios de sus documentales como Olvidados, El trigo, se nota el deseo de jugar con elementos cinematográficos y emplearlos al servicio de la tesis planteada en cada obra. Pero lo que más llama la atención es el empleo de la música. Por momentos llega a ser solo silencio y, en otros, alguna melodía del repertorio universal instrumental. Cree en ese lenguaje sonoro que es fácilmente reconocible por todos y que, además, es polisémico. Así establece una especie de sinfonía entre el contenido expuesto y el otro contenido que la misma banda sonora le ofrece.

“La música es tan importante que yo siempre la concibo como un personaje más. Es que tiene muchas funciones: reforzar mensaje, burlarse, causar emociones, hacer transición, en fin…”

Lo que consigue que sus puestas sean más ricas en discursos, en criticidades, y le ofrece al lector la posibilidad de entender con cierto nivel de ayuda y complicidad, lo que no comprendió en una primera lectura.

“La imbricación de todos ellos es lo que hace un buen producto final. Aunque yo, periodista al fin, prepondero el contenido, algo que pretendo cambiar próximamente si puedo culminar la carrera de Dirección Audiovisual en el ISA. Me di cuenta de que la belleza de la imagen está hasta en mostrar aquellos parajes repugnantes y que nadie quiere ver precisamente porque quieren evadir la realidad; y ello se logra, generalmente, con un buen manejo de la fotografía y la edición”.

Miembro de la AHS y graduada de periodismo en la Universidad de las Villas, es una muchacha comprometida con su tiempo y su espacio vital. Para quien no la conoce, podría parecer ríspida e inaccesible. Pero sus dones comunicativos hacen que su interlocutor termine por apreciar sus puntos de vistas y aceptarla como buena comunicadora que es. Le aporta al periodismo que hace gesta en Ciego de Ávila un aire de frescura y de servilismo, y a consideración de algunos colegas, “si no tuerce el rumbo, será una gran periodista”.

“No tengo a nadie en la familia que remotamente tenga algo que ver con el periodismo. Paradójicamente, sí muchos detractores. Pero siempre vi el periodismo como una herramienta comunicativa fuerte. Es decir, las palabras tienen peso, y una de las formas de que lleguen a un mayor número de personas (aunque ahora están las redes sociales), es a través de los diferentes medios de comunicación. Eso me atrapó, aunque debo admitir que me aterroriza. Sí, porque las palabras enjuician, y ese es un poder que, aunque sobrevalorado en ocasiones, está. De aquí nace la importancia de evitar la arrogancia, la supremacía y creerse el Dios. Por eso es tan importante en este ejercicio saber escuchar”.

Y es que, por el momento, cumple su etapa de adiestramiento en la Televisión avileña y aún no sabe qué hará con su carrera. 

“No he sido una buena adiestrada. Soy bastante peleonera e indisciplinada. Lo que sí pudiera decirle a otros adiestrados como yo, que valoren la etapa de aprendizaje y traten de sacarle jugo. Es el tiempo de descubrir si estás en el lugar en que quieres estar y si realmente quieres dedicarte a esa labor por un tiempo prolongado”.

Pareciera que la pasión por el cine la lleva a vivir otros tiempos, otros aires. Insatisfecha, al fin, de la época que le toca vivir, quiere ir más allá. El cine le permita esos saltos temporales, ese ir y venir como una nube que gravita entre escenas de La milla verde, El sexto sentido, El Anticristo, y otras pelis que ya le son memorables.

“Desde que entré a la universidad y di las primeras clases de audiovisuales, quedé prendada. Y aquí quisiera recalcar la importancia práctica, pues las clases eran combinadas con recorridos por el telecentro, pruebas de cámara, noticieros, y la posibilidad de, incluso, hacer algunos trabajos periodísticos. Recuerdo mis primeros, trataban sobre la temática racial y las posibilidades de recreación que tenían los jóvenes. Quizá en aquel momento se combinaron muchas cosas. Es algo inexplicable. Pudiera decirte que creo en la visualidad por encima de las palabras, ¡y ya te dije cuánto me importan las palabras! Es que las expresiones, los gestos que hacen las personas, lo que los rodea… con solo mostrar flashazos ya pueden sacarse conclusiones de esas escenas. Y eso me encanta”.

A nivel profesional significan que ese bichito que me susurraba que hiciera el trabajo periodístico no estaba tan errado.   

Pero no la ciega esta pasión ni la realidad trastocada, rota y mejorable. Denuncia lo mal hecho, mas no desconoce sus limitaciones.

“El periodista no soluciona nada, no tiene las herramientas, ni los recursos, pero sí puede denunciar, criticar, hacer visibles las cosas, y ello generalmente conlleva a soluciones”.

Incansable, persigue al problema hasta sus últimas consecuencias y le ofrece al otro, una posible respuesta para que él la compare con la suya y escoja.

“Si a uno no le espetan cosas en la calle o hasta en su mismo trabajo, significa que no lo están escuchando, viendo o leyendo, o que su contenido carece de contrastación, o que está demasiado alejado de la agenda pública. En fin, que todo no es blanco ni es negro. Todo parte de un hecho: sus antecedentes, posibles soluciones o connotaciones futuras, requieren de investigación y perspicacia por parte del periodista. Y resulta que siempre se levantan ronchas en el proceso de investigación. Es que debe ser así. Porque siempre hay afectados y beneficiados. Esa sí es la cruda realidad, aunque algunos se resistan”. 

Su objetivo no es cambiar mentalidades si no maneras de enfrentar un problema.  

“No hay periodismo sin verdad”. El día a día del adiestrado se vuelve más complejo, pero a eso se le impone el rigor del oficio y la profesionalidad con que se afronta cada obstáculo.

(Fotograma de Olvidados)

“Hay varias formas de torcer el camino: dejar la profesión, mentir, pero creo que lo peor de todo es cuando se desdobla la personalidad, cuando en un medio dice una cosa y en otro dice otra. Lo otro es subjetivo ‘hacer bien el papel del periodista’ implica mucho, pero creo que lo más importante es saber escuchar y contrastar fuentes”.

La tesis que defendiera en la universidad, versaba sobre el periodismo de servicio, un término que en nuestros días pareciera olvidado o casi no escuchado.

"El origen de mi decisión de estudiar periodismo fue precisamente llevar esos comentarios que muchas veces están en la calle y que no llegan a ningún lado y solo se quedan en placitas, peluquerías y bodegas, a la luz pública. Es decir, quería ayudar. En cuarto año de la carrera, mi profesora de comunicación científica y periodismo de investigación, MsC. María Victoria González Clavero, habló sobre el periodismo de servicio en una de sus clases como una tendencia a nivel mundial y me interesé en el tema por una sencilla razón: ¿no es el periodismo un servicio en sí? La respuesta es afirmativa; pero resulta que dentro del periodismo existen formas para concretar esa utilidad en cada lector-oyente-espectador y ello me llevó a profundizar más en el tema con el objetivo de saber cómo lograrlo algún día. Admito que pasé bastante trabajo porque el tema no se había estudiado en Cuba y no había bibliografía al alcance en bibliotecas, y en las virtuales había que pagar para acceder a artículos. Así que tomé la decisión de escribirle a una de las principales autoras de la teoría y me envió la bibliografía. Gracias a ello pude materializar mi tesis. Ah, la ayuda de mi profesora fue invaluable".   

 ¿Y en tu ciudad, se hace?

"Se intenta hacer un periodismo de servicio. Ello es visible en la tendencia que hay al revisar los diarios y semanarios con secciones de servicio. También puede comprobarse en el sitio web de la Agencia Cubana de Noticias (ACN), en la revista Buenos Días, en las revistas Mujeres y Bohemia, y en varios sitios que últimamente se dedican al periodismo de datos con el fin de hacer más comprensible ciertos acontecimientos como Posdataclub, Juventud Técnica, entre otros. Lo cierto es que ese es el futuro, y aunque vamos atrasados con el resto del mundo, marchamos en ese sentido. Yo creo que no queda otro remedio. Las personas precisan encontrar utilidad en las informaciones más allá de la información: necesitan respuestas y orientación".

Y pareciera que obtener premios, en su carrera profesional, es algo baladí, a lo que ni siquiera presta atención.

"Ninguno de los premios me los he esperado, honestamente. Es que no sé trabajar para premios, nunca me lo he propuesto. Jamás me he levantado con el bombillo encendido y he dicho “con este tema voy a ganar tal concurso”, de hecho, no creo que lo haga. Al contrario, han sido trabajos mayoritariamente purgados, hechos con escasos recursos y sin mucho apoyo a nivel institucional. Han sido tópicos en los que he trabajado con mucha “bomba” porque algo me dice sí, esta es una verdad que no puede permanecer oculta, esto hay que decirlo y cosas así. Los mayores premios que recibido ha sido la satisfacción de las personas al ver sus problemas resueltos o al ver que, de alguna manera, a alguien le interesan sus problemas".

Ahora, como miembro de la AHS, y en un futuro, de la Uneac, su universo audiovisual se verá expandido si lo sabe aprovechar. Son varias las oportunidades que se le abrirán, cual campo de fresas, y que bien podrían fructificar en su talento y tesón.

“Soy de las que tienen la convicción de que solo de la crítica real y constructiva salen cosas buenas, y creo que la asociación es un espacio propicio para ello. Además, hay acceso a becas y premios que pudieran facilitarme futuros materiales audiovisuales”.

El futuro le sigue pareciendo algo incierto, no escrito todavía. Prefiere que la obra se le vaya materializando entre pensamiento y acción. Lo que los otros piensen, es solo caldo de cultivo para alimentar a otros, no a ella.

Aprendí que por mucho que una se esfuerce siempre habrá malinterpretaciones e incluso envidia. Por ello simplemente dejé de esforzarme y actúo tal como soy: con mis histerias, mis ansias, mi sed de conocimiento y con mi verdad.