Contrapunteo emocional en la obra pictórica de Antoine Mena

Contrapunteo emocional en la obra pictórica de Antoine Mena

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Plásticos, La Habana, abstracción, Expresionismo, Antoine Mena González
  • El artista potencia el impacto emocional en su obra con el evidente dominio de colores fauves.
    El artista potencia el impacto emocional en su obra con el evidente dominio de colores fauves.
  • El artista potencia el impacto emocional en su obra con el evidente dominio de colores fauves.
    El artista potencia el impacto emocional en su obra con el evidente dominio de colores fauves.

La pintura de Antoine Mena González (La Habana, 1983), de amplia diversidad temática, trasciende diáfana y atrevida, generalmente inspirada en parábolas visuales de la realidad. De ellas emanan sentimientos y emociones que pueden evocar ternura o espanto.

Contrapunteo entre lo bello y lo feo, expuesto mediante una técnica bien resuelta sobre todo en el uso del color y el equilibrio de las composiciones, estableciendo fácil comunicación con el público.

Admirador de la obra del expresionista alemán Ernst Ludwig Kirchner Piper (1880–1938) los cuadros de Antoine constituyen sublime manifestación de sus estremecimientos interiores, más que la representación de la realidad objetiva.

La mayoría de ellos se caracterizan por los tonos puros; las formas planas, con poco reparo en los volúmenes y la perspectiva; así como por el uso de contornos trazados con líneas gruesas, algunas de ellas sin terminar, como queriendo concluirlas en la mente del otro. Se trata de óleos sobre lienzo o cartulina en los que igualmente hay cierto aire de arte primitivo subrayado, además, en la utilización preferencial de pigmentos puros, en cuya aplicación no existe manifiesto atractivo por la búsqueda de luces, sombras y claroscuros, como tampoco por la perspectiva.

Sabido es que la primera teoría del arte lo propone como una interpretación de la realidad (mimesis). Lo que en verdad constituye “arte” debe de llevarnos a un entendimiento del discurso plástico a través de los sentidos, de ahí que ha de reactivar el mecanismo sensorial del espectador, el cual, además de placer espiritual, interactúa psicológicamente con las propuestas ideo-estéticas del creador hasta fundar su propio imaginario. Ese encantamiento espiritual se percibe en los trabajos del joven artífice cuya producción pictórica ya comienza a sonar en la ínsula.

Aprendiz y también devoto de la producción plástica de su padre, el destacado abstraccionista Rigoberto Mena —en cuya Galería Estudio con proyección comunitaria, en el municipio Playa, expone junto a él sus piezas—, este muchacho logra, en abierto enfrentamiento a la academia, establecer un contrapunteo entre la figuración y determinados elementos abstracto-figurativos. Sin embargo, a diferencia de los expresionistas alemanes de principios y mediados del pasado siglo, no revela el lado pesimista de la vida, ni la soledad, la masificación o la angustia existencial. Sus temas —algunos de ellos sarcásticos divertimentos sobre el feminismo extremo— giran en torno a disímiles circunstancias históricas y sociales de la contemporaneidad, para de algún modo presentar escenas dramáticas recreadas en la tragedia interior del hombre, en su avatar dentro de las múltiples transformaciones que experimenta en el rápido transcurrir del aún nuevo milenio.

Con evidente dominio de los colores fauve, el artista potencia el impacto emocional de sus proyectos, distorsionando y exagerando los temas, sin mucho miramiento hacia la realidad externa, sino más bien inmerso en la naturaleza interna de sus personajes y de las cosas inmersas en su sugerente cosmos plástico, particularmente preocupado por las impresiones que pudiera despertar en la conciencia del público. Por ello, la fuerza psicológica y expresiva de sus trabajos también tiende anclas hacia las formas retorcidas, la composición con trazos toscos, gruesos y discontinuos; la violencia y capricho de los tonos —estridentes y puros—, aplicados en descuidadas pinceladas que dan sensación de espontaneidad.

Asimismo influenciado por los presupuestos estéticos de la reconocida pintora Rocío García, de quien fue su alumno, Antoine tal vez recibió de ella influjo en la solución de determinados planteamientos en sus discursos, tales como la capacidad de síntesis, las atmósferas dramáticas y los matices enigmáticos; aprendizaje potenciado por el interés de este artífice de establecer sus propias reglas del juego, dígase estilo muy individual y preciso. A fin de cuentas él optó por concebir el acto de pintar como un impulso vital, encaminado a resolver problemas puramente pictóricos, como el empleo del color en una doble función plástica y constructiva al mismo tiempo.

Mena González, aún en pleno desarrollo artístico, busca consolidarse mediante la liberación de su temperamento e instinto particular. Su empeño radica en percibir la naturaleza y lo que le rodea en función de sus sentimientos, en una suerte de tránsito entre la imagen iconográfica y el subconsciente, para penetrar, con ironía e ímpetu creador, en lo más profundo de la psiquis del espectador.

Tomado de Juventud Rebelde