Cortos con largo aliento

38 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano

Cortos con largo aliento

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Medios audiovisuales y radio, Festival del Nuevo Cine Latinoamericano
  • Fotograma de Caparazón interpretado por Coralia Veloz.
    Fotograma de Caparazón interpretado por Coralia Veloz.

Caparazón y Rebeca, dos cortometrajes cubanos que compiten en el 38 Festival de Nuevo Cine Latinoamericano demuestran que con gran economía de recursos se puede conseguir resultados notables en temas muy diferentes, porque como ya se sabe el asunto no son los temas, sino de la manera en se abordan cuando de un producto de pretensiones artísticas se trata.

Caparazón, dirigido por Joanna Pérez Vidal, retoma el tema de la soledad a causa de la lejanía de los afectos familiares, pero a diferencia de tantos filmes que redundan en los aspectos externos, que repiten una y otra vez hasta las mismas frases recriminatorias o melodramáticas, su enfoque se remite al drama personal y el modo de enfrentarlo.

Una mujer, interpretada con particular intensidad contenida por Coralia Veloz, sola en su apartamento comienza los preparativos de alguna festividad, indicada solo por el empeño de hacer un pastel. Una llamada telefónica a una vecina lo confirma. Otra llamada indica que todo estará listo para la noche. En tanto, los espectadores tratan de aventurarse hacia dónde conducirá la narración para enfrentarse a lo no imaginado, la sorpresa que les revela el sufrimiento profundo de la protagonista escamoteada por la apariencia de que todo es muy cotidiano, muy natural, lo cual justamente no es más que una cubierta que oculta su desolación.

Y eso es precisamente lo valioso de este corto de Joanna Pérez Vidal, que no es evidente el conflicto del personaje, sino que sutilmente, a partir de la eficacia actoral de Coralia Veloz se percibe una tensión en la progresión de los actos que tendrá su punto culminante dramáticamente, pero sin estridencias, en el sorpresivo desenlace.

Abunda tanto el verbalismo en buena parte de la cinematografía nacional, las declaraciones tremebundas, los personajes esquemáticos que lograr construir una historia convincente apelando a dar los elementos básicos para que el espectador descubra por si mismo lo profundo emocionalmente que oculta la aparente simplicidad de lo que se está exponiendo, resulta verdaderamente meritorio.

Otro tanto sucede con Rebeca, del realizador Jorge Molina, con tema y propósitos completamente diferentes. Un matrimonio parece sobrevivir entre el hastío, la frustración y la agresividad que tales sentimientos produce. Llega una noche la sobrina Rebeca y la monótona existencia comienza a transformarse.

Desde el preámbulo el humor comienza a adornar las situaciones que producen comicidad por el contraste entre la actitud pasiva y resignada del hombre frente a su ríspida esposa que no tolera la presencia de la joven Rebeca, quien convierta en una fiesta tanto limpiar la casa, como tener sexo con su novio negro.

Lo que parece que desatará el nudo dramático de la narración a favor de expulsar a Rebeca, se convierte en su contrario para desatar la hilaridad que suaviza las escenas de sexo fuerte y las reacciones del aburrido matrimonio. Pero he ahí la eficacia del buen hacer. Lo que podría resultar un producto sórdido y vulgar se convierte en una grata manera de escudriñar en las complejidades de la naturaleza humana, en las imprevisibles reacciones frente a situaciones nuevas, a partir de no proclamar sino de visualizar con una coherente dramaturgia las motivaciones de los personajes que les lleva a cambios notorios.

Rebeca confirma como el tratamiento de cualquier tema decide su eficacia comunicativa. Lo que pudiera resultar escandaloso como propuesta de trasfondo en el ámbito sexual para ciertas sensibilidades, acaba siendo una obra bendecida por la comicidad desde el diseño de sus personajes hasta las situaciones en que se ven envueltos, comicidad que fluye de las imágenes y las propias actuaciones en su progresión y no de imposiciones facilistas, no de humor forzado por chistes comunes o referencias obvias.

Esa capacidad de inquietar, sorprender, develar es lo que se espera del cine en una época en que las nuevas tecnologías permiten conocer los acontecimientos en el momento en que se están produciendo, en que cualquiera tiene una cámara y filma todo lo que ocurre o un teléfono que lo conecta con el planeta.

Esa habilidad de combinar imágenes y textos, de hacerlos complementarios para ir desgranando pistas que producirán luego la emoción cuando se descubre a donde conllevan, es algo que se agradece a Caparazón y Rebeca, dos cortometrajes cubanos que compiten en este Festival, y que se agradecen sus historias por la manera en que se abordan los temas.