Cuando nació Artemisa ya la UNEAC estaba allí

Cuando nació Artemisa ya la UNEAC estaba allí

¿Podría hablarse de identidad sin una referencia obligada a las artes? ¿Sería posible una configuración de pertenencia sin la compañía de la belleza en el mensaje o la estética en el discurso? No lo creo. No puede el hombre identificarse con su territorio, no puede hacerlo con su geografía si no lo hace primero con la cultura que es, en esta, alma que convierte al cuerpo físico en un espacios vivo y capaz de transmitir, de generar emociones, de sembrar sentimientos.

Artemisa llega a sus diez primeros años. Celebra, junto a Mayabeque, una década de su constitución como provincia y los resortes que definen la identidad de este territorio tienen su base en la rica cultura que ya existía en cada sitio, con independencia de su delimitación político administrativa. Pudiera discutirse el reconocimiento de la Villa Roja como capital ante la cercanía de la Habana con su medio siglo de existencia. Podría hablarse de lazos que aún persisten entre las demarcaciones divididas, o multiplicadas, en 2011. Lo cierto es que el 9 de enero de ese año, cuando se creó Artemisa, la UNEAC ya estaba allí.

Llevaba apenas unos días, desde el 27 de diciembre del año anterior, pero la organización de la vanguardia artística cubana era consciente de su papel de cimiento, de base para fundar sobre ella, y sobre otras, la nueva provincia. La Artemisa recién nacida se despidió de las Charangas de Bejucal y recibió una inyección desde Pinar del Río. No fue difícil integrar, fundir al imaginario de los artemiseños la riqueza ganada y con esa materia prima asumir la nueva condición y el nuevo significado de artemiseñidad.

Aunar las voluntades y canalizarlas hacia una salida artística que representara a los moradores del territorio fue la tarea a la que se entregó la UNEAC y para ello fueron propicios los guateques y los jolgorios, los toques de tambor y el folclore, las peñas y los encuentros. La UNEAC se dio a la tarea de crear alianzas con la Dirección Provincial de Cultura, la Asociación Hermanos Saíz, la Sociedad Cultural José Martí, la EGREM y otros. Fue el empeño desarrollar proyectos comunitarios donde la montaña, la costa y los campos aportaran sus visiones y en esa alquimia modelar lo artemiseño.

Recibimos a Polo Montañés, a Jilma, a Villaverde y ese recibimiento fue una fiesta. No hubo adopción porque llegaron siendo ya nuestros en el considerado afecto de los locales.

Las UNEAC estaba allí para limpiar el camino, para hacer espacio a lo sublime, a lo cubano, a lo autóctono. Bajo su amparo se afiliaron los artistas de la vanguardia en este trozo del occidente con renovado compromiso. En el camino, el arte acompañante fue tomando forma en esculturas, murales, canciones, versos y presentaciones que hoy son símbolos de la artemiseñidad. Las primeras páginas de la biografía local se escribieron con el talento de los asociados, con la impronta de los escritores y artistas que diez años después acompañan con brío idéntico e inquietud superior la peregrinación de un territorio hacia conquistas nuevas.

Es el día a día, la vida de los artemiseños la principal materia prima para contarla a las generaciones futuras mediante la creación. Incluso a las actuales que ven crecer, más allá de la funcionalidad, a la belleza en las esquinas, en las fachadas en los espacios culturales, en la televisión y la radio, en la escuelas, los parques y las fábricas. Haber tenido a la cultura como pesebre para nacer hizo a Artemisa fuerte. No existe el riesgo de andar sobre camino blando en el ascenso.
Los jóvenes que en 1953 partieron al Moncada fraguaron en esta tierra su madera de héroes. La misma savia persiste hoy. Igual esencia late en quienes llegamos a la primera década felices porque son muchos los triunfos aunque también los retos. Numerosas las amenazas, pero, como en los días de su nacimiento, la UNEAC marcha adelante, preparando el camino. Construyendo con herramientas de belleza, identidad y cultura, las trincheras de ideas que son nuestra más efectiva defensa en los tiempos que corren.