Cuánto tiempo tardan los milagros

Feria Internacional del Libro, Cuba 2017

Cuánto tiempo tardan los milagros

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Escritores, Ediciones UNIÓN, Feria Internacional del Libro 2017
  • Diseño de cubierta.
    Diseño de cubierta.

Una de las novelas que propone este año para la Feria Internacional del Libro (FIL) Ediciones UNIÓN es Los milagros tardan más (2016) de Juan Carlos Rodríguez. Un título que “atrapa al lector desde el inicio”, escribe Laidi Fernández de Juan en las palabras de contracubierta. Y es cierto que tiene el don de conducir al lector hasta la página siguiente, de ella a la próxima y así hasta que nos percatamos que hemos llegado a la segunda parte. Con la lectura del libro le robamos unas cuantas horas al sueño.

Al otro día, después de un café, retoma la lectura. El reencuentro con Daniel, el protagonista, reaparece mayor, más responsable. Ya pasó la etapa donde pensaba y actuaba como un adolescente. Ha tenido que madurar en su andar por la vida, las circunstancias y sus intereses han contribuido bastante.

En las primeras páginas Daniel se presenta entre tímido y atrevido. Tiene una familia típica de la época que refleja. Todos en casa se mueven bajo los resortes de una caracterización también típica de la consecución de los personajes. La madre, abnegada y siempre devota de pedir lo mejor para sus hijos. El padre, preocupado por la economía familiar, por escaparse un rato: “Voy a ver un terrenito”, dice y todos saben que es la frase con la cual se escuda para perderse bajo los atractivos caminos de la infidelidad. La hermana mantiene una estrecha relación con el espejo del cuarto, donde permanece largas horas hasta que el Gallego la deja plantada en la iglesia por irse del país. Al hermano, un poco más joven, el padre pocas veces le permite lo que el mayor puede hacer. Pero tiene mejor suerte que este con las mujeres.

En la primera parte es también la etapa de transición, en un inicio, la novela retrata también el modo de vida bajo las órdenes de Batista, recrea parte de lo acontecido en los días finales de 1958 y los primeros del año siguiente. “De repente la ciudad se había convertido en tierra de nadie. Un silencio extraño, anormal, como el marasmo que antecede al terremoto, se extendía como presagio”. En un fragmento posterior reconoce que: “De la Revolución me atraía, además, no lo puedo negar, la aventura por lo desconocido”. A partir de este parteaguas, la novela adquiere un ritmo más dinámico, pues los actos, las movilizaciones imponen un paso más acelerado del tiempo. La etapa de estudiante de comercio, junto a Humberto y Matilde, hacen de Daniel un joven más dentro del proceso de cambio que tenía lugar en la sociedad cubana.

A lo largo de la novela, la imagen que se describe de Daniel lo presenta con una visión heroica. Sus actuaciones tienen detrás de sí, un esfuerzo considerable, pero el compromiso lo hace seguir adelante. Se motiva a formar parte los maestros voluntarios y logra vencer el entrenamiento para, finalmente, ser ubicado en la Ciénaga de Zapata. Las historias de los jóvenes que llevaron adelante la Campaña de Alfabetización son realmente conmovedoras y Daniel, alcanza el perfil de héroe durante esta etapa. Donde tiene que superar cualquier miedo personal o profesional y convertirse en líder de una comunidad que necesita ayuda, pero, sobre todo, unión.

El azar lo ha llevado hasta uno de los momentos más complejos de la historia reciente en Cuba. La novela sitúa a Daniel como uno de los que se vinculó a la defensa después del ataque a Playa Girón. Antes había presenciado la trágica muerte de uno de los miembros del destacamento pedagógico, quien al cruzar un rio había sido víctima de una crecida y entre perplejos y asustados habían visto rodar su cuerpo entre las aguas tumultuosas, pero ahora la muerte se ubicaba al lado de los presentes.

Este personaje Taquechel, es quien genera la primera mención al propio título del libro. A partir de un consejo disciplinario, donde el responsable proponía expulsarlo, los compañeros, sobre todo, las muchachas, no lo permitieron. Se refirieron a que la Revolución hacía milagros (p. 100). Solo doce páginas después está descrita la muerte del joven, quien reaparecerá redimido por el propio Daniel, al nombrar su aula de carboneros a los que alfabetizaba con el nombre de Taquechel.

La segunda referencia al nombre de la novela tiene lugar, cuando necesitado de comida y ropa para los habitantes de la Ciénaga, Daniel envía a uno de los carboneros a la sede de la Reforma Agraria. Al volver trae consigo provisiones, la esposa exclama: “Es un milagro” y Daniel le responde: “Los milagros tardan más”. Estas menciones al título le confieren un aspecto autorreferencial a la novela, como de serpiente que se muerde la cola. Como señala Laidi: “Es una novela ambiciosa, que abarca un largo periodo de la Historia de Cuba visto desde la ingenuidad y el convencimiento, con marcada honradez”.

La lectura del libro ofrece un sondeo a uno de los jóvenes que formó parte de las primeras obras en el campo de la educación formuladas por la Revolución. La Campaña de Alfabetización marcó la vida de esos maestros voluntarios, los que concibieron el magisterio como una profesión que los acompañaría por siempre.

Juan Carlos Rodríguez es autor de varios títulos y también ha laborado como guionista y director de series.