Culmina Foro Literario con el gusto de un merecido homenaje

Culmina Foro Literario con el gusto de un merecido homenaje

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  • La clausura del Foro Literario permitió un nutrido encuentro entre escritores irlandeses y cubanos. Foto: Roberto Bello
    La clausura del Foro Literario permitió un nutrido encuentro entre escritores irlandeses y cubanos. Foto: Roberto Bello

Casa que no existía, 50 años después

El último día del Foro Literario que desde el 14 de febrero se desarrolló en la sala Villena de la UNEAC abrió en la mañana de ayer con un encuentro con escritores irlandeses de visita en la Isla y un panel dedicado a los cincuenta años de Casa que no existía, poemario que inició a Lina de Feria en el panorama poético cubano.

La delegación irlandesa, estuvo conformada por Joseph O´Connor, Colm Tóibín, Lisa Mcinerney, Michael McCughan, Dermot Keogh y Pura López Colomé, (algunos de ellos considerados entre los escritores de mayor prestigio en su país), quienes sostuvieron una larga conversación con los asistentes cubanos que discurrió entre temas como el clásico Ulises, de James Joyce; la identidad nacional en la literatura de Irlanda o el conflicto de Las Malvinas.

En su intervención, Joseph O´Connor, novelista que visita Cuba para presentar su libro El crimen de la estrella de mar, resaltó que “nuestros padres desde pequeños nos inculcaron mucha literatura y nos repetían “esta es la tierra de Joyce y de otros escritores como él, y de eso debes estar orgulloso”. Por eso crecimos queriendo mostrar al mundo el orgullo por nuestro país y sus grandes protagonistas. Por ello pienso que formarme como escritor no extraño, pues crecí queriendo mostrar precisamente nuestra vida y nuestra historia”.

En este sentido, Lisa Mcinerney, una de las más jóvenes escritoras del panorama irlandés, expuso que “en nuestra escuela se nos inculcaba mucho la literatura de nuestros escritores y así comencé a escribir. En el medio donde crecí me hizo escribir sobre la realidad de la clase obrera pero en un tono humorístico, en la escuela nos hicieron comprender que la literatura era importante para nuestra identidad nacional y por ello en este momento escribo sobre esa vida y realidad de la clase obrera de mi país”.

En otro momento, Michael McCughan reveló que desde joven se enamoró de América Latina y del mito de este continente: “tuve experiencias de joven en la Nicaragua sandinista queriendo escapar de mi mundo católico y estrecho que nos asfixiaba a los jóvenes. Pero en concreto lo que me hizo venir a este país es que voy a presentar la biografía de Rodolfo Walsh, un gran escritor que asesinaron vilmente”.

Más adelante, explicó que es una investigación que duró cuatro años, “nació como una antología con una biografía encima, también relato la parte de su vida en que vivió en Cuba, de un fervor importante pues llegó en 1959. Fue un libro escrito apurado por la edad de las personas que lo conocieron pero fue maravilloso desentrañar la vida de Walsh, viajé por varios países del continente tras sus pasos, por eso la investigación se demoró tanto, es un libro editado apenas en 2015, con la editorial en Chile”.

Dermot Keogh, de todos el único que no es escritor de formación, sino historiados, comentó que llegó a su profesión “porque desde la escuela me percaté que la historia de la Revolución irlandesa y de los acontecimientos de 1912 no se enseñan, y por eso decidí dedicar mi vida a rectificar ese error”.

Su visita a Cuba se debe a la presentación de un libro acerca de la revolución irlandesa y la argentina que se publicó en español antes que se publicara en inglés. Sobre él comentó que haciendo su doctorado tuvo acceso a los archivos de relaciones exteriores y entre los materiales, a registros que no le permitieron divulgar, “por tanto gran parte de mi vida la dediqué a corregir esa censura que existe en la sociedad irlandesa, y pienso que este libro es uno de esos intentos”.

Por último intervino la poetisa y traductora de origen mexicano Pura López Colomé, quien representaba dentro de la delegación a la obra de su amigo y gran poeta Seamus Heaney:

“Soy su traductora en América Latina –explicó– y creo que es una tarea de creación, pues traducir una obra a otra lengua implica ponerle la sonoridad de ella. Irlanda es una nación pequeña pero es un país que ha tenido cinco premios Nobel de Literatura. Represento a Heaney, he traducido seis libros suyos en una edición bilingüe que pacté con él antes de que muriera, y me gustaría mucho que en algún momento Cuba también pueda disfrutar de esta edición y de esta poesía irlandesa”.

Luego del largo debate entre los presentes, correspondió el turno al panel A 50 años del Premio David de la UNEAC: Casa que no existía, de Lina de Feria. Integrado por Luis Yusef, Arístides Vega, Lourdes González, Nancy Morejón y Norge Espinosa.

El objetivo de este encuentro estuvo marcado desde sus inicios a reverenciar a la obra que ganara la primera edición del Premio David, del cual pudieran citarse varios poemas como La Etapa, Del escribano y su invención, Poema para la mujer que habla sola en el parque de Calzada o Poema tras la crisis. Todos, con una energía que hasta hoy la hacen ser considerada una de las voces líricas más altas de la poesía contemporánea.

En la apertura, Norge Espinoza resaltó que “el brevísimo libro está lleno de gestos suyos, que así como nos presenta a toda una galería de personajes insólitos marca una distancia muy personal entre ellos y su mirada; habla —como ella misma dice— con permiso de los que no quieren comprenderme; y escoge como espejo suyo a la mujer loca que habla para nadie en el parque de Calzada y D. Este libro todo está cargado de esa extrañeza que puedes ver pero que no es igual a esa persona que lo escribió”.

Posteriormente, Lourdes González apuntó que “algo misterioso se produjo en algunos poetas cubanos que escribieron en la década del sesenta, algo que emancipó a la poesía. Nunca más esa literatura se repitió, Casa que no existía es el primer escalón de la por fortuna larga estrada de Lina de Feria. Es un libro inusual, que abrió una puerta al nuevo lirismo entrara a los ojos del lector”.

“Es un libro sobre la escena pública y privada, una derivación de la vida propia que se ofrece como acto de una obra teatral en la que participamos todos: los lectores, los aludidos, los personajes que alimentan los versos. Debemos celebrar su invicta permanencia”, concluyó.

En la remembranza también valdría recordar una época (1967) donde hay otros títulos que merecen reverencia: Cabeza de zanahoria, de Wichy Nogueras, Tres tristes tigres de Guillermo Cabrera Infante y Celestino antes del alba de Reinaldo Arenas, lo cual es un termómetro para medir la intensidad de la literatura en Cuba.

Seguidamente, Luis Yusef intervino explicando que de esta poetisa le cautivan sus versos y su amabilidad, “es una poeta que se regenera a cada instante mientras gana en vigor y sabiduría, hace ya cincuenta años se coronó en la edición fundacional del Premio David, y en Casa… hay verdades como disparos, sin tapujos. El resultado de su aprendizaje como poeta hace que sus libros se lean como una sumatoria feliz y en un dominio envidiable del lenguaje para hacer la poesía que hasta hoy nadie ha podido igualar”.

También Arístides Vega confesó que leyendo esta obra decidió definitivamente ser escritor, “quise que mi poesía se parecería a la de aquel libro, sus estremecedores poemas aún sé de memoria. Ella ha alcanzado un discurso que se adentra con vigor a veces tormentoso y hurga en el interior de todo lo que en apariencia la poesía solo puede exponer a manera de preguntas. Lina es una autora fecunda hasta el presente, una poeta que sorprende con nuevos libros que ya han edificado una obra en ascenso descomunal en todos los sentidos”.

Para el cierre, Nancy Morejón agregó que “su visión del lenguaje, de la metáfora la hace tan original y tan inmersa en la tradición poética cubana que muchos descubrimos en Emilio Ballagas, Casa… y otros cuadernos se escribieron en el fervor de la poesía de Emilio. Vivo con un orgullo especial y pienso que hay que reverenciar este aniversario, de una obra que comenzó ya hace cincuenta años perdura, y es el gran misterio de la poesía de nuestra época porque en cualquier lugar en que uno llega hay alguien que lee y admira a Lina de Feria”.

El cierre de este foro, solo podría ser definitivo si se recuerda lo que sobre este eterno poemario escribiera Cintio Vitier, fragmento leído por Norge Espinoza:

“Gracias por la extrañeza, por la incomodidad, por ese retrato expresionista, un poco a lo Francis Bacon o a lo Antonia Eiriz que colgaste en la galería de la poesía cubana de tu tiempo, que es decir también nuestro tiempo, y que es decir también nuestra casa”.