Dalgis Román: “Somos el país desde El balcón del oriente”

Dalgis Román: “Somos el país desde El balcón del oriente”

  • Foto Cortesía de la entrevistada
    Foto Cortesía de la entrevistada

Cuando ella aparece en la pantalla, asoma una ciudad. Se dice al paso, solo ocupa una línea en estas notas; pero tienen que conjugarse los astros para que eso suceda. Ya se sabe que no bastan la fidelidad a toda prueba al suelo natal, ni el constante crecimiento profesional. No son suficientes los deseos. A ello ha de sumarse un aire de serenidad, una capacidad de imantación, un equilibrio difícil de explicar; pero imposible de no advertir.

Dalgis Román Aguilera encarna esos dones. Artista de Mérito del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), el nivel cualitativo de sus propuestas ha sido galardonado con frecuencia tanto a nivel territorial como nacional. Cuando pone su voz en aquello que ha nacido en una cabina de radio o delante de las cámaras, el proyecto echa a volar. 

Conductora titular de las revistas y transmisiones especiales de la televisión en Las Tunas, es igualmente directora de programas, guionista, realizadora de audiovisuales. Desde esa multiplicidad, ha estado vinculada a programas informativos, culturales, históricos, científico-técnicos, infantiles; así como a documentales, el video arte, el testimonio, y, afortunadamente, también a la enseñanza.

Cuando uno la conoce, tiene la impresión de que siempre ha estado allí. Y luego cuando se encienden las luces, cuando la sonrisa emerge, cuando el diálogo comienza, esa certeza se troca en realidad. Hoy es el día…

«Creo que todo comenzó como un acto reflejo. La radio y la televisión eran sinónimos de felicidad, de plenitud, así que, ser como esas personas, simular que yo podía parecérmeles un poco, era mi juego favorito.

«Cuando tenía dos años, cuenta, nos fuimos a vivir a La Habana para acompañar a mi padre, que era militar. Pasaba horas jugando sola en una barbacoa capitalina, con un radio al lado, presentando musicales y conversando con oyentes imaginarios. Mi entorno era muy musical, aunque no tuviera ningún artista en la familia. Cuando mis padres regresaban del trabajo y yo de la escuela, el hogar se convertía en un remanso, y la televisión era nuestra fiel compañera.

«Recuerdo lo que sentía por Consuelo Vidal y que luego aprendí que se llamaba admiración; Consuelito, tan auténtica, tan arraigada en el cariño de su pueblo. Todavía la invoco y hasta la culpo con dulzura, cuando me veo en algún trance peliagudo en esta bellísima profesión de compromiso.

«Ya en mi querida provincia, cuando casi despedía la infancia, con once años, ingresé en un círculo de interés de radio en el Palacio Provincial de Pioneros, y ahí sí que supe lo que ya sospechaba: ¡Eso era lo que yo quería para mi vida!

«Desde entonces no he parado de conducir actos, galas, espectáculos, programas muy variados. La palabra surca el éter y encuentra corazones. Esa ha sido mi vida durante los últimos 30 años».

Dalgis Román, el rostro de la televisión tunera. Foto: cortesía de la entrevistada

Un rostro y un espíritu

Casi al expirar 1999, irrumpe en los receptores de Las Tunas, su televisión, esa que capta los sueños y desvelos de su gente, hecha por su gente. Un anhelo acariciado y finalmente conseguido, un salto definitivo para aquilatar la identidad del territorio. TunasVisión es cobija de artistas bien respetados en el país y su vitalidad creativa le distingue.

¿Cuánto de reto y cuánto de regocijo ha representado para Dalgis Román Aguilera ser considerada el rostro de la pantalla tunera?

Estar tanto tiempo frente a la cámara, hablándole a nuestra gente, ha significado un gran compromiso. Represento a Las Tunas en todos los escenarios, puedo estar en un aeropuerto fuera de Cuba, o caminando por La Rampa y siempre aparece alguien que me dice «Las Tunas» ¡Y eso me da un orgullo!... Mi trabajo me obliga a superarme constantemente, a estar bien informada, así que conozco la historia de esta provincia, gozo sus resultados, sufro sus desvelos y desaciertos; pero estoy clarísima que aquí soy muy feliz.

Cuando, como cualquier ser humano, la vida me ha estrujado un poquito el corazón, salgo de mi casa y el cariño de las personas me devuelve la certeza de que la mía es una profesión de bondad, y de que también soy responsable de la confianza de los demás.

Alguien me dijo una vez que tocar a un cubano en cualquier geografía era ya tocar a Cuba. He tenido el privilegio de estar cerca de tu trabajo y creo que esa filosofía se respira en tus modos de hacer. ¿Cuánto ha podido enriquecer a la conciencia nacional y a su patrimonio cultural, el trabajo desde un canal provincial como TunasVisión?

TunasVisión, como el resto de los canales provinciales surgidos en la década del 90, ha significado una mirada más plural a nuestra patria. Hemos sido impulso creativo más que fiel reflejo. Contar la historia, atesorar los momentos más importantes, ser y hacer cultura, captar la imagen que protagoniza nuestro pueblo, nos convirtió en celosos guardianes de ese patrimonio que es nuestro y de Cuba, en igual proporción. El colectivo sabe muy bien cuánto se respeta esa importante misión. Somos el país desde «El balcón del oriente».

Un locutor no puede esconderse detrás de un personaje, es todo el tiempo él mismo. ¿Qué matices explorar, dónde buscar asideros para que cada vez que se enfrenta a un hecho artístico, a un programa, a una gala… sea creíble, convincente, adecuado?

No puedes actuar lo que no conoces, debes al menos haberlo sentido. El locutor tiene ante sí grandes retos en cada actuación, porque un profesional de la palabra puede llegar a ser un artista, si no se convierte en mero repetidor de guiones. La credibilidad es aliada de lo veraz, lo natural. Hay que ejercitarse diariamente: leer, ver, confrontar, conocer personas, experimentar sentimientos y no reprimirte.

Debes lograr gran confianza en ti mismo para poder decirte lo que necesitas oír, porque lamentablemente las críticas no llegan de manera directa, y nos tenemos que ir haciendo en el camino. Pero, sobre todo, el locutor no puede perder el norte de la humildad. Esta es una profesión sacrificadamente bella y en la que siempre estás expuesto al error en la misma proporción que al aplauso.

En algunas convocatorias audiovisuales, he visto premiar de manera separada, la locución masculina y la femenina. ¿Consideras pertinente esa distinción sexista, o acaso la respaldan consideraciones técnicas, sicológicas o de otra índole?

No creo que exista ninguna consideración técnica que lo justifique. Premiar con justeza no es cuestión de géneros, como tampoco lo es la designación de roles por programas, no los hay para locutores o locutoras. ¿Qué sostiene que haya certámenes que lo sigan haciendo así?, no tengo la menor idea. Lo que sí creo es que debemos lograr que sea más considerada y respetada nuestra profesión, y ahí –sé que coincides conmigo—, más allá del asunto de los premios y los géneros, cualquiera no puede ser locutor.

Cuándo miras hacia atrás, cuándo oteas el horizonte: ¿Qué momentos escoges para detenerte, para felicitarte, para interrogarte?

Miro hacia atrás con bastante frecuencia porque tengo muchas imágenes lindas que me acompañan, y cada una tiene su galería de sonidos acompañantes. Veo una niña con unos padres amantísimos, y una abuela que me acompaña desde una dimensión de amor donde la muerte es solo un tránsito; una escuela hermosa con el nombre del Apóstol, donde aprendí las mayores lecciones de vida; cabinas de radio llenas de sonrisas y de amigos; el rostro de mi hijo, que es hace 20 años, mi más orgulloso reflejo.

Me veo plantada de pie frente a una cámara de televisión, conteniendo mi dolor y dibujando una sonrisa agradecida, en los días más tristes del mundo, cuando recibimos a Fidel de paso a la inmortalidad; y veo, Cedeño, a la flor que soy en mi hogar, donde hace cinco años comparto con el hombre que la vida me mandó como merecido regalo, a los cuarenta.