Danza para Alicia

Danza

Danza para Alicia

  • Foto: Radio Enciclopedia
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Alicia es la danza

Arnold Haskell

 

Danza para Alicia es el título del espectáculo que el Ballet Nacional de Cuba (BNC), Patrimonio Cultural de la Nación, lleva durante dos fines de semana a la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, como parte de los homenajes por el centenario de la prima ballerina assoluta Alicia Alonso (1920-2019), quien fuera —junto con los maestros Fernando (1914-2013) y Alberto Alonso (1917-2007)— cuerpo, mente y alma de la Escuela Cubana de Ballet.

El programa artístico incluye las obras Le Papillon, Doublé Bounce, con coreografía del artista canadiense Peter Quanz, música del maestro Jacques Offenbach, escenografía y vestuario del diseñador Salvador Fernández; Suite generis, con coreografía del maestro Alberto Méndez, Premio Nacional de Danza, música de los maestros George Frideric Haendel y Franz Joseph Haydn; Las intermitencias del corazón, con coreografía del artista Roland Petit; y Tema y variaciones, con coreografía del maestro George Balanchine, música del maestro Piotr I. Chaikovski, diseños y luces de S Fernández. Esta obra fue estrenada en la urbe neoyorquina, en 1947, e interpretada por Alicia Alonso e Igor Youskevitch.

Los papeles protagónicos son desempeñados por las principales figuras de la emblemática agrupación, tan cubana como universal: Viengsay Valdés, directora del BNC, Anette Delgado, Sadaise Arencibia, Grettel Morejón, Ginett Moncho, Dani Hernández, Rafael Quenedit y Yanquiel Vázquez, muy bien secundados por integrantes del cuerpo de baile, quienes se adaptan —con precisión y exactitud— no solo a las exigencias coreográficas, sino también al estilo de cada obra interpretada en las tablas del Coliseo de La Habana Vieja.

Ver danzar a esos carismáticos bailarines es un verdadero privilegio para los amantes nacionales y foráneos del arte de las puntas, así como para los colegas de la prensa especializada que cubren esas funciones de lujo, cuyo objetivo fundamental es honrar la memoria de la eximia ballerina.

El legado intelectual y espiritual dejado por Alicia al desarrollo del arte danzario cubano y universal, ha sido interiorizado e incorporado al estilo único e irrepetible de bailar de esos danzantes, quienes —con la excelencia artístico-profesional que los identifica en cualquier escenario del orbe— no solo han sabido combinar y fusionar —en cálido abrazo— la técnica académica, la interpretación teatral y la espiritualización de esos indicadores teórico-conceptuales en que se estructura el ballet clásico, caracterizado —básicamente— por convertir los sentimientos más íntimos del bailarín en movimientos corporales, sino también han sabido llenar de energía positiva, luz y color la sala García Lorca de esa legendaria institución cultural, así como proyectar estados subjetivos del yo, escapados de su mundo interior, para rendirle sentido tributo de admiración y respeto a la querida e inolvidable Alicia Alonso.

No me asiste la menor duda de que las primeras figuras del BNC enaltecen —con creces— el recuerdo de quien fuera, en vida, una maestra en la que descubrieran los valores estético-artísticos, patrióticos, humanos y espirituales en que se sustenta la personalidad de un bailarín integral. Categoría excepcional, que —por derecho propio— ellos ostentan…, sin duda alguna.