Danza y poesía. Para una poética del movimiento

Danza y poesía. Para una poética del movimiento

La doctora Ivette Fuentes de la Paz, Premio UNEAC de Ensayo Enrique José Varona 2018, es la autora del texto Danza y poesía. Para una poética del movimiento, publicado por Ediciones Vivarium, para beneplácito de los amantes de esas disciplinas artísticas.

En dicho volumen, los lectores encontrarán conclusiones que revelan cómo los poetas han desempeñado una función clave en el desarrollo de la danza, y concretamente, en el desarrollo del ballet.

Los criterios expresados por la también miembro del Consejo Internacional de la Danza (CID-UNESCO) constituyen expresión legítima de que, en toda obra poética, con independencia de la forma, métrica o rima (libre o consonante), es posible percibir el ritmo y la armonía, devenidos musicalidad.

El crítico de arte R.H. Fuchs antepone el movimiento y la música a la palabra, al considerar que lo fundamental del teatro no es el drama, sino la multitud festiva. Otros legitiman que actuar es acción: la danza es la poesía de la acción, mientras don José Ortega y Gasset (1883-1955) habla del arte escénico como lugar de encuentro de la pintura, la música y la poesía.

Según explica la autora, «las complejidades de las estructuras de la realidad, de los organismos más sencillos hasta el espacio cósmico son solo reproducciones, amplificaciones rítmicas, interpretaciones a distintas escalas».

En el teatro de Adolphe Appia (1862-1928) y Fuchs, el ritmo se convierte en el principio básico indispensable de la obra escénica. Sea como fuere, los estudiosos y críticos artístico-literarios suelen estar de acuerdo en que existe un vínculo entre poesía y danza.  La relación danza-baile-vida está presente desde los albores de la humanidad.

Según R.B. Fuller (1895-1983), «el conocimiento humano del movimiento es casi tan primitivo como nuestro conocimiento del color […]», y agregaba que «[…] no se le otorgaba ningún valor al movimiento que expresa el sentimiento. No nos han enseñado a percibirlo así y nunca reflexionamos sobre esa faceta».

Por otra parte, «[…] estamos lejos de conocer que hay tanta armonía en el movimiento como en la música y el color. Apenas se captan los hechos del movimiento».

Sin embargo, a Fuller le faltó definir el movimiento como aquello que expresa la mejor conexión entre poesía y danza; aspectos evidenciados en Danza y poesía…

El poeta expresa sus vivencias, conceptos o sentimientos desde un trance de tonalidades que facilita concebir sus mensajes como imágenes en movimiento, que danzan entre las letras. Entonces, se descubre que la música es el puente entre Poesía y Danza. No obstante, habrá que tener muy en cuenta una advertencia que la ilustre intelectual habanera le formula al lector: «lo arrítmico no conduce a nada, aun cuando implique una movilidad».

Sobre la espiritualidad implícita en la creación de la poesía y la danza, Antonin Artaud (1896-1948) funde la idea de la palabra como músculo y defiende la resurrección del verbo mágico y el espectáculo como manifestación del Espíritu.

En ese punto, la miembro distinguida de la Asociación de Escritores de la UNEAC estima que «el espíritu [involucra] todas las posibilidades del ser material [...], el movimiento de la idea, en pos de su plasmación en la figura, constituye el ritmo de movilidad del espíritu; armonía entre la forma y la sustancia que expresa».

Además, le aclara al lector que «si bien el espíritu encarnado es un momento particular de la materia que manifiesta la sustancia, el Espíritu Universal estará representado en el cuerpo que [trasciende] las formas particulares de un ser, un instante más coordinadas para ser la imago mundi». La palabra es vehículo del espíritu como consecuencia de la acción del verbo.

El genial poeta, escritor y dramaturgo granadino, Federico García Lorca (1898-1936) concibe la puesta en escena como un conjunto musical, donde se integran de forma rítmica movimiento escénico e interpretación verbal, y no se hallaba entonces lejos de Artaud, quien interpreta el gesto subordinado al tratamiento musical, gracias a lo cual podía aparecer, sin mediación de la palabra (y en ese aspecto, podemos caracterizar la danza, como unidad cuerpo-mente-alma).

En cuanto a lo cubano en el cosmos poético y su interpretación danzaria, la doctora Fuentes de la Paz concluye: «si la tradición se resuelve en un paso de danza, si la poesía sabe decir que el movimiento sostiene los avatares del espíritu y que la sensual cadencia de un gesto o conversación es algo más que una imagen pasajera, es que la insularidad muestra su triunfo, y el baile deviene algo más que emoción».

Danza y poesía… es una obra de referencia para la cultura general y de obligada lectura para profesionales vinculados a las disciplinas artístico-literarias.

De acuerdo con un proverbio oriental, «un libro es un cerebro que piensa y un corazón que siente». A eso, precisamente, nos convoca la doctora Ivette Fuentes de la Paz: a pensar y sentir, simultáneamente, la danza y la poesía, las dos alas del colibrí martiano.